lunes, 20 de abril de 2020

Podcast - capítulo 3 Transformación digital ¿mito o realidad en época de crisis?

Conversamos con el PhD en Ingeniería Electrónica Javier Fernández sobre un tema que por la crisis del COVID-19 se aceleró. Industria 4.0, internet de las cosas, cuarta revolución industrial, educación y un poco más. 

¡Bienvenidos!

Transformación digital ¿mito o realidad en época de crisis?



Diego Mora

@DiegoMorita

miércoles, 15 de abril de 2020

Apostarle a perder


¡Es decepcionante! Colombia en plena crisis por el COVID-19, tiene a cierto sector de la sociedad, muy atado al lado izquierdo, a algunos de la derecha y a uno que otro periodista, apostándole a que se pierda.

Es muy claro que todos, ahí no existe distinción, queremos que el virus contagie y mate a la menor cantidad de gente posible. Ese deseo general, y normal si se tiene un mínimo de humanidad, contrasta con la expectativa de que las medidas adoptadas por el gobierno fracasen.

Y es que se hace más fácil apostarle a perder. Conocemos los números de todas las encuestas que ubican al Presidente Duque casi en rojo y hay múltiples explicaciones, subjetivas claro está, para esas cifras: falta de experiencia, la elección de un gabinete muy técnico y cortarle el chorro de “mermelada” a los congresistas. Por otro lado, la estrategia de desestabilización puesta en marcha por Petro es innegable, esto sí tiene pruebas fácticas, y ha calado en ciertos sectores que encontraron la excusa perfecta para salir a las calles e incendiar el país. Con base en lo anterior no cabe la posibilidad de que la aceptación del Presidente sea buena y ahí sí ni modo.

En lo personal decidí apostarle por acompañar al gobierno. No soy nadie, no tengo votos y aunque tenga una marcada tendencia a la derecha jamás he militado en partido alguno. Mi voz la pongo en esta columna, en Twitter, ahora en un podcast y de vez en cuando en videos recomendando libros. No me preocupa tener seguidores, mi vida está en otro lado y no en las redes sociales. Con esto claro, repito que desde el primer día he acompañado al Presidente Duque, he resaltado lo que considero ha hecho bien (aunque el resto del mundo dijera lo contrario, incluso mis amigos más cercanos) y he criticado lo que no me parece acertado (licencia que nos tomamos la mayoría de los colombianos y mucho más si tenemos Twitter).

¿Duque se ha equivocado? Sí. ¿Pudo hacer las cosas de otra forma? Sí. ¿Debió elegir al principio algunos ministros más políticos? Sí. ¿Y mil cosas más? Sí. Pero es él quien toma las decisiones, tiene en cuenta a sus asesores y al final, con base en su criterio, da la línea. Y en medio de esta pandemia hemos podido evidenciar que algunas cosas que pudimos pensar eran errores resultaron ser aciertos. Vemos a los ministros conectados, trabajando duro, dando soluciones y respondiendo con oportunidad y eficiencia (en la medida de las posibilidades) a las necesidades. Todos empujando y buscando el menor impacto del virus y salvar vidas. Sí, este postulado puede que sea muy sesgado pero qué le vamos a hacer, la columna la escribo yo.

Puede que ya suene a paisaje, pero de esta salimos juntos y si tiramos para el mismo lado. Las diferencias siempre existirán, al final así hemos fortalecido nuestra democracia, y no es que deban quedarse callados si no están de acuerdo, pero hay un tiempo para todo y este es el de remar juntos y aportar para construir. De nada sirven los dardos envenenados, las propuestas sin fundamento, resaltar solo lo que no funciona y querer imponer en la opinión pública, fácilmente manipulable, que todo va mal. No, no, no, así no es.

Esta pandemia ha permitido que el Presidente Duque demuestre un liderazgo adecuado, calmado, prudente, abierto. La realidad indica que sus decisiones están dando resultado. Que falta mucho, sí, porque en Colombia nunca será suficiente, pero por lo menos se han implementado medidas que en el panorama que tendremos después del virus, al parecer, evitarán que el golpe sea más duro. Gobernar en este momento no debe ser fácil, pero para eso se hizo elegir, para timonear a un país que el 99% del tiempo navega sobre aguas turbulentas.

El gobierno tiene una responsabilidad enorme y llegará el momento de calificar su actuación. La oposición y quienes le apuestan a perder también serán evaluados, aunque al final por su mala leche, poco importe esa nota.


Diego Mora
@DiegoMorita



domingo, 12 de abril de 2020

De Twitter y sus denuncias


Me gusta Twitter, no lo puedo negar. Paso allí varios minutos, seguro horas, al día leyendo opiniones, viendo memes, videos y últimamente a los negros del ataúd. En Twitter uno ríe, llora, muere de rabia e impotencia, discute, debate, insulta (en mi caso mentalmente) y se decepciona a 100 km por hora. El próximo julio, si acaso el COVID-19 deja, cumpliré 11 años con mi perfil y no, no es para celebrar, es solo por decirlo y ya.

En Twitter encontramos de todo. Posiciones sensatas, opiniones estructuradas, noticias, fotos, historia e imbéciles, muchos imbéciles. Esta red social le ha dado la licencia a quienes no se toman el tiempo de pensar o no tienen la capacidad de hacerlo, para que escriban cualquier estupidez que se les ocurra y en muchos casos, bajo el anonimato, poder evadir las consecuencias de lo que dicen.

Convertimos a Twitter en una cloaca, no lo podemos negar. Allí, navega sin pudor alguno, información falsa a diestra y siniestra. Las mejor conocidas como fake news, son el estiércol que en un alto porcentaje la alimenta. Lo sabemos, de algún modo lo combatimos, pero al final nos toca aceptarlo porque es imposible de evitar. Es el pan de cada día.

Esa información falsa tiene múltiples disfraces y uno de ellos, que se ha vuelto muy común y famoso, es el de las denuncias (no todas son mentiras, que quede claro). Twitter, que no sepamos usarlo y además que nos creamos dioses y los salvadores del mundo nos hace creer que tenemos el derecho a denunciarlo todo, sin pausas para el análisis y sin pensar en qué puede pasar si nos equivocamos. Eso sí, es nuestra obligación como integrantes de una sociedad señalar lo que está mal, y si Twitter es el canal, es válido, pero esto siempre debe ir de la mano de la verdad. La plena verdad y no únicamente la interpretación del denunciante.

Vemos miles de fotos y videos en los que alguien denuncia a equis persona y nos alarmamos con el supuesto delito que está cometiendo. Nos dejamos llevar por las emociones y crucificamos al señalado. Puede ser cierta la conducta delictiva pero también podría resultar falsa. Para aceptar una denuncia, las autoridades y a la vez nosotros, la policía de Twitter, debemos tener en cuenta las pruebas.

Señalar y denunciar es muy fácil. Recuperar la imagen y la reputación es imposible. No puede ser que hoy, con el acceso que hay a los contratos públicos, algunos se crean con el derecho de buscar lo que les conviene y ponerlo en la palestra pública como si de entrada fuera un delito. Claro, en este país lleno de bandidos y corruptos abundan los casos de mala contratación, eso no lo niega nadie, pero de ahí a utilizar exclusivamente el sesgo político para denunciar a quien no nos gusta hay mucho trecho (sí, tiendo a ser un poco soñador).

Los grandes pensadores de nuestro tiempo coinciden en sus reflexiones sobre el uso de las redes sociales en que debe hacerse con responsabilidad. Ese llamado ya es paisaje pues a algunos no les interesa, solo buscan sobresalir a expensas de los demás sin importarles por encima de quién tengan que pasar para ganar un like o el reconocimiento.

En Colombia, blancos, negros, rojos o amarillos, de derecha o izquierda, gobierno u oposición deberían hacer una pausa en su turbulento proceder y entender que hay límites que no deben traspasarse. Que deben denunciar, sí, no hay duda, pero háganlo con sustento, con pruebas. Dejen ese jueguito estúpido de tirar la piedra en Twitter, alborotar el avispero y esperar a ver qué pasa. Y aquí rescato una propuesta que le escuché cuando era concejal de Medellín a Juan Felipe Campuzano: la injuria y la calumnia deberían tener condenas altas y ejemplares para que dejen de usarse sin escrúpulos porque una simple retractación basta para “borrar” la falta.

La información falsa viaja 700 veces más rápida en las redes sociales que la real. Después de una injuria si 10 personas la leyeron y quizás la creyeron, ¿cuántas de ellas recibirán y cambiaran de posición con la retractación? Si la mentira que destruye se convierte en un delito serio, muchos se la pensarían dos veces antes de difundirla. Y si aun así lo hacen pues a la cárcel, a ver si allí reflexionan sobre su mal proceder. Mejor dicho, pao pao pero encanao.

Responsabilidad, seriedad y mesura en nuestro comportamiento en las redes. Sé, cómo decía al principio que son, en especial Twitter, una montaña rusa de emociones y en un segundo podemos pasar de la alegría por que ganó nuestro equipo favorito a la rabia por el video de un robo y a la tristeza por un asesinato. Pasamos de ser expertos en belleza viendo Miss Universo, a unos genios en epidemiología para luego darle paso a nuestros análisis del Super Bowl. Importante saber hacer pausas antes de trinar, ayuda a la salud mental.

Creemos saber de todo y nos tomamos esa licencia para opinar. Al final tendemos a ser como aquel que sabe tanto que sabe a m…..


Diego Mora
@DiegoMorita







viernes, 3 de abril de 2020

Podcast - Capítulo 2: Información falsa (fake news) y sentido común

Hoy hablaremos de un tema que me apasiona pero no será un diálogo sino una corta reflexión que quiero dejar a propósito de un flagelo, que no es nuevo pero en medio de la crisis actual, por la pandemia, toma mucha fuerza en las redes sociales: la información falsa o como se le llama comúnmente, noticias falsas o fake news.


Escucha:


Información falsa (fake news) y sentido común