lunes, 20 de marzo de 2017

El cementerio de los libros olvidados

No es un secreto, mi escritor favorito es Gabriel García Márquez. He leído y releído toda su obra, Cien años de soledad y El amor en los tiempos del cólera tal vez unas cinco veces cada uno. Ni qué decir de los cuentos y las notas de prensa (libro que, insisto, debería ser el de cabecera en todas las facultades de periodismo).

Lloré su muerte. Me llené de rabia y dolor ante su partida, primero porque los grandes genios no deberían morir, segundo porque no logramos leer completa su autobiografía y tercero, al ver los comentarios ignorantes que salpicaron las redes sociales y los cuales ni vale la pena recordar.

No he vuelto a leerlo. No he tomado un libro suyo en mis manos desde aquel jueves santo en que murió en 2014. ¿Por qué? No lo sé. Caigo en cuenta de ello en este preciso momento. Tal vez ya no sea necesario. Quizás esté guardando ese reencuentro para un momento especial, para dentro de unos años en el que sea prioridad la relectura porque ya no hay nada nuevo que leer o mejor dicho que valga la pena. Ya veremos…

Y seguirá siendo mi favorito, aunque tenga claro que me falta conocer muchos autores porque no he leído ni la mitad de los que son obligados para hacerme a una idea completa de los que son bueno y los que no lo son tanto. Es mi favorito porque es el único que tiene la capacidad para atraparme desde el primer párrafo y de soltarme en el punto final. Ahí, nadie la gana…

Nunca he entendido el trabajo de “crítico” de alguna cosa. Cine, arte, literatura son tan subjetivos y dependen de la mirada de cada uno, que me sorprende que haya gente que pueda ganarse la vida diciendo si una película es buena, si una pintura es digna de exposición o un libro hay que leerlo sí o sí. Esto lo digo para dejar claro que lo que sigue no es un critica, es solo mi opinión sobre un autor y sus obras que me tienen atrapado desde 2004.

De entrada soy subjetivo porque ya dije que me tiene atrapado, es decir, es obvio que me gusta y eso me ha llevado a recomendarlo tanto como puedo y a regalar la primera obra que leí de él a bastantes personas. No a todas les ha gustado la lectura y precisamente ahí radica mi crítica a los críticos, porque a mí me llena leer cada frase, pero a otras personas no. Lo subjetivo de la opinión queda más que clara.

Llegué a este autor gracias a Juan Gossaín. En 2004, estaba desempleado pero me había puesto como meta no dejarme llevar por “el nada que hacer” y todos los días la alarma del radio reloj sonaba a las cinco de la mañana y la voz arrulladora de Gossaín, en Radio Sucesos RCN, era la encargada de sacarme de mi sueño poco a poco. Un día, me desperté precisamente en el momento en el que recomendaba un libro que giraba en torno al cementerio de los libros olvidados.

Ese mismo día, a las diez de la mañana, ya había comprado La sombra del viento de Carlos Ruiz Zafón y empezado la lectura. 48 horas después lo había terminado y hoy, que ya han pasado 13 años, sigo atrapado con la maravillosa prosa del escrito español.

A través de los años he leído su obra y toda me ha gustado. Con cada libro me he estremecido, he llorado, he reído, he sentido miedo. Tiene Ruiz Zafón una maravillosa forma de empezar los capítulos y una magistral de cerrarlos, por eso siempre se quiere leer más, quedarse con la duda de qué sigue no es una opción.

La saga del cementerio de los libros olvidados son cuatro libros y debieron pasar 13 años para tener en nuestras manos el último, el que cierra la historia. Hoy escribo esto porque me faltan 128 páginas para terminarlo y no quiero que eso pase. Siento que me quedaré vacío. Desde que leí La sombra del viento y supe que vendría El juego del ángel y luego El prisionero del cielo y después El laberinto de los espíritus, tenía claro que faltaba uno más por leer y la espera, aunque larga, se hacía justa. Sin embargo, hoy cuando llegue a la página 925 todo terminará. Sé que se acabará una historia maravillosa, original, única y siento tristeza.

Recomiendo la obra de Carlos Ruiz Zafón para quien desee empezar a explorar la lectura. Empiece por donde quiera pero empiece y prepárese a descubrir relatos que le producirán un sonrisa al tiempo en que lo hacen llorar. Se descubrirá sintiendo miedo, mirando a los lados y hasta debajo de la cama para verificar, por si acaso, que no hay nada allí y que todo es producto de unas líneas finamente escritas que son capaces de transportarte a otro mundo sin moverte de casa.


Se acaba la saga de el cementerio de los libros olvidados, pero todos los que la leímos seguiremos soñando en que en esta vida real, en este mundo en el que los humanos están empecinados en destruirse unos a otros, aquel maravilloso laberinto existe y nos esperan sus corredores abiertos con el único objetivo de ser encontrados por un libro.

Diego Mora
@DiegoMorita

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