domingo, 19 de febrero de 2017

No es cultura

Hace unos días, una amiga que empezó a estudiar una maestría, me pidió una opinión sobre la “cultura”. Espero que aun le siga cayendo bien, si acaso era así, al recibir mi rotundo no seguido de esta frase lapidaria: odio definir cultura en un país que carece de ella.

Y es real. Después de pasar por el pregrado, diplomados, cursos y una maestría (pendiente de la tesis por si las moscas) en los que el tema cultural siempre fue recurrente y en el que nunca nos pusimos de acuerdo, opté por reducir a cero mis esfuerzos de buscar una definición a un concepto tan ambiguo y prostituido (lo mismo que el de paz, guerra, amor e incluso la política).

Así que es más fácil evidenciar lo que no es cultura para que nos hagamos a una idea.  Que solo el 50% de la población habilitada para votar lo haga, no es cultura. Las agresiones a conductores de Uber no es cultura. La corrupción rampante en lo público no es cultura. La falta de solidaridad no es cultura. Y miles de ejemplos más que se le ocurran a quienes lean esta columna.

Y aunque escribir sobre esto me parece una perdida de tiempo, la pregunta que me hicieron y el video de la agresión a Carlos Carmona, un operario de grúa en Bogotá, me dan pie e ideas para hacerlo.

En este video (https://twitter.com/kienyke/status/833076198875992065) se resume parte de lo que es el ADN colombiano. Llámenme extremista pero basta con mirarlo con detenimiento (solo dura 37 segundos) para darse cuenta de la falta de solidaridad que circula por las venas de los colombianos. Lo sé, la eterna discusión es si uno debe meterse en los problemas “ajenos”. Siempre surge el “y si me sacan un arma por ser buen samaritano y termino siendo la víctima” (casos se han visto y, claro, eso cala y produce temor). Y aunque soy sincero y no tengo idea de cuál sería mi reacción, creo que en el caso de este video si se podía hacer algo, teniendo en cuenta que el agresor no estaba armado, pues usó su casco como objeto para intentar asesinar al operario que solo cumplía con su trabajo. Pero los testigos, tres adultos, observan la escena y ni se inmutan. No sé cuántas personas había fuera del video, el hecho es que un bandido hizo lo que quiso y escapó sin problema. ¿En qué país sucede eso? ¡La respuesta es Colombia!

Y mañana puede ser cualquiera de nosotros el agredido, sin importar la razón,  y duele saber que las probabilidades de que nos ayuden son mínimas. Sobran las razones para perder la fe ¿no?

No obstante, la esperanza es lo último que se pierde y aunque el día a día de nuestro país nos diga que no vale la pena esperar hasta lo último, algunos seguimos creyendo en que existe una posibilidad de que la indiferencia deje de ser nuestro pan de todos los días. En ese momento quizás nos pongamos de acuerdo en qué es cultura y sea más fácil definirla.


Diego Mora
@DiegoMorita

domingo, 12 de febrero de 2017

¿Quién podrá defendernos de los taxistas?

Sonará a cliché, pero los problemas de este país son producto, en su mayoría, de la falta de cultura.

Lo que está pasando con Uber, principalmente en Bogotá, es una vergüenza, una muestra de que hay mentes enfermas y que solo creen en la violencia como su primera opción (sí, se parece a lo que hemos padecido en los últimos 55 años).

No he utilizado Uber, familiares y amigos sí. Lo que todos destacan es el servicio, algo que en mi época de estudiante, y cuando vi Mercadeo, me enseñaron que era uno de los factores de compra más importantes. ¿Tienen buen servicio los taxistas de vehículos amarillos? Veamos:

¿Nos llevan a donde queremos y a la hora que sea?
¿Paran y nos recogen cuando está lloviendo?
¿Siempre tienen para devolvernos?

Generalizar es lo peor que podemos hacer (hay taxistas buenos y respetuosos) pero estoy seguro de que en el 98% de los casos, la respuesta a las preguntas es un rotundo no. Y seguro hay muchas más, solo me planteo estas porque siempre me han generado curiosidad. No entiendo qué pasa con los taxis cuando llueve, ¿será que no se pueden mojar porque se derriten? ¿Cómo esperan así los amarillos que la gente no opte por Uber que les brinda una experiencia diferente?

Lo dice todo el mundo (aunque suene exagerado) pero los taxistas no deben salir a agredir sino mejorar su actitud y servicio al cliente, con eso y teniendo en cuenta que por cada Uber hay 100 o más amarillos, la competencia se les vuelve muy fácil. ¿No creen?

Pero no, ellos prefieren quebrar vidrios, bloquear el paso, pintar los carros y culpar a los demás de su propia incapacidad y, en el fondo, de su corta inteligencia.

Carolina Muñoz (@caromunozb), una tuitera muy aguda, publicó este fin de semana un video (https://twitter.com/Caromunozb/status/830209366187991046)  en el que se ve a un taxista bloqueándole el paso a un vehículo que según él era un Uber. El video lo grabó el conductor agredido. Lo más grave de todo es que el señor iba con su esposa e hija llegando a casa. Las imágenes que duran poco más de un minuto, son indignantes sobre todo por la niña que se asusta y empieza a llorar. Como padre, de inmediato pensé en mi hija que desde la primera vez que usó Uber, dijo que no quería volver a los taxis amarillos. ¿Cuál sería su reacción si un día va en uno y a ese carro lo agreden? ¿Y si le hacen daño?

Es muy triste ver todo lo que ha pasado con estas agresiones y darnos cuenta de la poca reacción de las autoridades y su falta de efectividad para evitar que continúen. ¿Necesitan un muerto para tomar cartas en el asunto? Lo denunciaba hace unos días Francisco Santos cuando lo entrevistaron por un caso en Bogotá y trajo al recuerdo lo que le pasó a su hija Carmen y la brutal agresión que recibió un Uber en el que iba con unas amigas. ¿Qué pasó con ese hecho? Nada, absolutamente nada y eso que fue un caso mediático y que tiene que ver con la hija de un personaje público, nada más y nada menos que un exvicepresidente.

¿Qué pasa entonces cuando no pasa nada? Pues perdemos la fe en la justicia y en las autoridades. En algún momento los Uber se van a cansar, dejarán de recibir agresiones como si fueran regalos y pasarán a la defensa que no es más que un buen ataque. En ese momento seremos testigos de lo de siempre y nos culparemos de nuestra falta de cultura, el eterno círculo vicioso en el que rodamos desde hace más de 200 años en Colombia.

Diego Mora
@DiegoMorita 

domingo, 5 de febrero de 2017

Un nuevo comienzo

En el país de las polémicas no podíamos esperar menos del “debate” que ha ocasionado el nuevo Código de Policía. Las voces son múltiples y, debo admitirlo, la gran mayoría que he escuchado están en contra y consideran que su implementación es un retroceso por lo coercitivo que se hace el cumplir sus disposiciones.

Para dejar clara mi posición y así darle la posibilidad al lector de seguir o irse (este último mientras levanta uno que otro improperio en mi contra), debo decir que estoy plenamente de acuerdo con el Código y con cualquier medida que nos permita salir del atraso en el que estamos.

Que llegáramos a este punto, en el que nos tienen que decir que hacer nuestras necesidades fisiológicas en espacio público representa una sanción económica de 736 mil pesos o comprar un celular robado de 160 mil, no es más que la confirmación de nuestro penoso estado. Y es que en la vida existen cosas que son de sentido común y que deberíamos cumplir por convicción no porque una Ley nos lo diga. ¡Pero no pudimos! Demostramos nuestra falta de cultura, nuestro rechazo por la sana convivencia, nuestro desagrado al respeto por el otro.

¿Agredir a un Policía, a alguien de la comunidad LGTBI o no recoger los excrementos de las mascotas tienen que decirnos que está mal para que nos demos cuenta de que está mal?

¿Colarse en el transporte público o exceder el ruido en una fiesta acaso no es lógico que está mal hecho?

Por ejemplo, el ruido excesivo en las rumbas es algo que en lo personal padezco desde hace tres años en el barrio que vivo en Medellín. Uno entiende que la gente celebre y disfrute, todos lo hacemos en algún momento, lo malo es cuando se vuelve permanente (cada ocho días) y hasta entrada la madrugada con la música a todo volumen. Al principio lo aguanté, pero llegó un momento en el que empecé a llamar al 123 a denunciar la situación. De 10 llamadas, dos eran exitosas, es decir, llegaba la Policía y hacía bajar la música, sin embargo cuando se iba, el sonido volvía a subir y el sueño se esfumaba.

¿Qué indica esta forma de actuar de los vecinos? Sencillamente que son solapados, que no respetan la autoridad y que les importa cinco centavos la convivencia, pues la incomodidad que le producen a quienes no estamos de rumba los tiene sin cuidado.

Algún facilista dirá que para solucionar esta situación debería cambiarme de casa pero ahora digo que  con el nuevo Código de Policía ya existe la herramienta para obligar a los vecinos a moderar sus rumbas pues si no le bajan al volumen, la Ley permitirá que se les corte la energía. Santo remedio, porque seguro les pasa una vez y con ella aprenden. El voz a voz será la mejor estrategia para que el Código se respete, porque cada sancionado le contará mínimo a dos personas lo sucedido y así la bola se regará y los desprevenidos entenderán que no es charlando.

Duele que nos inculquen cultura a las malas pero no quisimos a las buenas y ahí están los resultados. Tenemos una oportunidad de mejorar, de avanzar y mejorar hábitos. El Nuevo Código de Policía hoy representa un Nuevo Comienzo del País con el cual dejar atrás nuestro fracaso como sociedad.


Diego Mora
@DiegoMorita


PS: truco para burlar el Código de Policía