domingo, 29 de enero de 2017

Eternamente libre...

Tuve la fortuna, y el honor, de conocer a Elkin Ramírez. Estoy seguro de que miles de personas también lo hicieron, lo que no sé es el número que haya tenido el placer de conversar con el ser humano frente a frente, con una cerveza o un ron en la mesa, escucharlo confesarse e incluso verlo derramar una que otra lagrima en una celebración post concierto.

No será este el espacio para contar detalles de nuestras conversaciones, menos de sus confesiones y muchísimo menos el motivo de sus lágrimas. Solo quiero con este texto, que no sé si vea la luz ni si alguien lo lea, rendir un homenaje a ese gran artista y mejor persona que me enseñó a amar el Rock y que de alguna manera con su ejemplo de jamás rendirse, me dio una lección de vida que aplico cada día.

Mi carné provisional del Kraken Club tenía el número 07066. Lo guardo como un tesoro que me recuerda una época muy especial. Para inscribirse, por allá en 1993, había que pagar dos mil pesos. A vuelta de correo te llegaba el carné, una carta firmada por Elkin y una calcomanía. No se me olvidará jamás lo que sentí cuando llegó ese sobre a mi casa, por cierto y sino me equivoco, la primera correspondencia que recibía en mis 16 años de vida.

Desde ese momento empezó una relación con la banda no solo mediada por la música, sino por una cercanía que empecé a sentir con ellos, pues recibía periódicamente información, lo cual me permitía estar siempre al tanto, ya que internet aun no se había masificado.

Unos tres años después me fui a un concierto a Jardín – Antioquia. Allí, en el patio de una escuela y ante no más de 100 personas Elkin y la banda, dieron un show con todo el profesionalismo posible. No les importó el poco público, ni la falta de emoción de algunos de los asistentes, ellos cantaron y tocaron como si fuera el último concierto que fueran a dar. Al finalizar, esperé que salieran todos y me acerqué a alguien en la tarima, lo saludé, le dije que había viajado desde Medellín solo a ver el concierto y él me regaló una hoja grande en la que estaba el orden de las canciones que habían tocado. También me pidió mis datos y me agradeció por el apoyo. Mi memoria no me permite encontrar su nombre, sin embargo él sabe que le agradezco el detalle y mucho más, lo que vino después de aquella noche.

Meses después recibí un telegrama que en resumen me citaba a una reunión a la que asistí y de la cual salí como uno de los coordinadores del Kraken Club. Esto, era un premio a mi constancia y fidelidad con el grupo. Lo agradecí con el alma y en compañía de los otros compañeros invitados nos pusimos manos a la obra.

Infortunadamente, en mi memoria no tengo el momento exacto en el que conocí a Elkin, no estoy seguro si fue en la reunión ya mencionada o previo a un concierto, el hecho es que siento que aquellos años en los que compartimos, establecimos una amistad, esa de llamadas por teléfono (fijo porque los celulares apenas empezaban a llegar y el minuto era muy costoso), de pedir consejos o de simplemente darnos un saludo.

Con el Kraken Club hicimos muchas cosas. Viajar acompañando a la banda a conciertos, souvernirs para vender y financiar así nuestros viajes (gorras, manillas, camisetas, botones y la bandera de Colombia con la majestuosa K estampada, se vendían como arroz) e incluso montamos nuestro propio show como excusa para celebrar los 15 años de la banda.

Ese concierto lo hicimos en el Pequeño Teatro, llevamos más de mil personas y fue una noche mágica, porque cada persona que asistió, pagando solo diez mil pesos, quedaba automáticamente inscrita en el club. En medio del show, interrumpimos y subimos a la tarima con una torta, mientras la sala entera cantaba el cumpleaños feliz. ¡Fue un momento inolvidable!

La generosidad de Elkin conmigo fue muy grande, tanto así que mi nombre se encuentra en el cancionero del Kraken – Una leyenda del Rock – álbum que vivimos de cerca en su producción y en el que nuestro aporte desde el Kraken Club se vio recompensado.

Terminando mi carrera universitaria me fui unos meses a Bogotá y me alejé de la banda. Al regresar me sumergí en el trabajo y no pude dedicarle más tiempo y las conversaciones con Elkin desaparecieron. Sin embargo, jamás perdí el gusto que le tengo a esa música auténtica y hecha por un hombre sencillo y con un talento inigualable.

Escucho a Kraken con regularidad, siempre me sirve para descargar energía cantando a todo pulmón Todo hombre es una historia, Aves Negras, No me hables de amor, Vestido de cristal o Lenguaje de mi piel.

Y cada vez que lo hago, recuerdo al ser humano, al gestor del Rock en Colombia y al gran artista que nos enseñó a jamás desfallecer, a luchar siempre aunque la pelea parezca perdida.

Hoy, el cuerpo de Elkin Ramírez ya no está con nosotros pero todos los que amamos sus canciones y lloramos de la tristeza por su partida sabemos que su legado permanecerá por siempre. 

Descansa en paz Titán y no olvides que se vive una vez para ser eternamente libre.


@DiegoMorita


Un año en Rionegro...

Hoy hace un año asumí el cargo de Subsecretario de Comunicaciones y Prensa de la Alcaldía de Rionegro, reto que desde la primera conversación con Andrés Julián Rendón Cardona, que no duró más de 10 minutos, se me hizo imposible rechazar, pues era perfecto para continuar este proceso de aprendizaje diario que requiere la comunicación.

Venía de estar trabajando un par de años en el Concejo de Medellín, con un gran amigo como Juan Felipe Campuzano. Antes de eso, en 2013, estuve con Francisco Santos recorriendo el país inmersos en la campaña pre presidencial. Menciono esto porque el trabajo con ambos fue determinante en mi formación profesional y les debo mucho de lo que soy como comunicador. Sigo siendo un aprendiz, pero cada día aprendo más a desaprender y a dejarme llevar por el instinto que no es más que una forma de serle fiel a tus principios.

Rionegro, sin duda, es el municipio con más posibilidades de crecimiento de la región y por qué no del país; y bajo el liderazgo del alcalde tiene perspectivas no imaginadas, hace unos años, para los rionegreros y, por supuesto, para las miles de personas que a diario transitan por su territorio.

Fue un año genial. Pasar de la comunicación política, esencia pura de las campañas electorales, a la comunicación pública permite que uno amplíe su visión y observe el panorama tan grande y apasionante que se despliega gracias a esta pasión.

Ser funcionario público no es fácil. Se trabaja mucho y el desgaste físico y mental es demasiado. En comunicaciones tenemos hora de entrada pero no de salida. Esta área está disponible 7 por 24, pues tenemos que ver con todos los procesos de la administración municipal y eso nos obliga a estar siempre conectados y atentos.

Pero lo disfruto. Amo mi trabajo y lo que hemos logrado después de arrancar una Subsecretaría desde cero, pues la administración anterior no nos dejó nada, ha sido espectacular, bonito y un proceso de construcción diario. (La verdad y después de hacer un balance, no necesitamos que nos dejaran nada, pues desde el primero de enero de 2016 el cambio llegó a Rionegro y eso implicó una transformación radical en las comunicaciones y en el cómo le íbamos a contar a la gente lo que estamos haciendo).

Doy gracias por este año, en primer lugar, a una gran amiga (ella sabe quién es) que pensó en mí como una opción para ocupar este cargo e hizo el puente con el alcalde. Una gran profesional, mejor ser humano y con una inteligencia desbordada. Ha sido mi apoyo en momentos claves y cada vez que hablamos me sorprende con su claridad mental y agilidad para darme opciones y salidas.

En segundo lugar, a mi equipo maravilloso. Ese que me entiende, que me sabe leer y que ya me sigue el ritmo, sin ellos no sería posible estar escribiendo esto con tanto orgullo.

En tercer lugar, al gabinete, Secretarios y Subsecretarios, quienes nos alimentan con su quehacer diario para que podamos hacer bien nuestro trabajo y, además, por creer en cómo hacemos las cosas, aunque a veces vaya en contravía con lo que ellos quisieran.

En cuarto lugar, al alcalde Andrés Julián, por su confianza y respeto a mi labor. Siento mucho orgullo de hacer parte de su equipo de gobierno, un gobierno transparente y realmente preocupado por solucionar tantas necesidades que tienen los ciudadanos. Un gobierno con visión y sin los vicios propios de la administración pública. Un gobierno que escucha y procede. Un gobierno que piensa lo que dice y dice lo que piensa. Pero sobre todo, un gobierno que siente en el alma lo que piensa, dice y hace.

Y por último, pero no por eso menos importante, a mi esposa y a mi hija por su apoyo, por aceptar mis ausencias y entender que solo esté con ellas los fines de semana. Sin su soporte emocional sería imposible lograr estar en calma para afrontar el día a día.

Voy paso a paso en la vida, tomando lo que ella me da con todo el agradecimiento y procuro no llenarme de expectativas, mucho menos en lo laboral, no obstante espero que esa vida me permita estar más tiempo en este cargo, en el que he hecho mucho pero en el que me falta todo por hacer.

Abrazo para quienes, después de más de un año, me leyeron y de nuevo gracias a todos los que de alguna manera aportaron para que este balance de 2016 sea tan positivo.  Dios los bendiga.


Diego Mora
Rionegro, enero 29 de 2017

PS: lo único que le reprocho a este trabajo es que no me da tiempo para escribir por lo que tuve que dejar, después de cinco años mi columna en El Colombiano, espacio que me había ganado a pulso. Dejé también en el olvido mis páginas www.en500palabras.com y www.comunicacionesestrategicas.com y eso me entristece un poco. Sin embargo, uno de los propósitos de 2017 será retomar este hábito, que por encima de cualquier cosa, me sirve de catarsis literaria.