jueves, 28 de mayo de 2015

¿Cese bilateral?

COLUMNISTA

DIEGO MORA ARIZA


       PUBLICADO EL 27 D
E MAYO DE 2015 
http://www.elcolombiano.com/

No hay duda, tanto para quienes apoyan ciegamente el proceso de “diálogo” que adelanta el gobierno de Juan Manuel Santos en La Habana con las Farc, como para quienes a través de estos años hemos expresado nuestras dudas, y seguiremos haciéndolo, es un error –grave error- pensar en un cese al fuego por parte del gobierno, lo cual, supuestamente, nos llevaría a un desescalamiento real del conflicto, pues no habría ataque de ninguna de las partes.
En los cinco meses que duró el cese unilateral de las Farc, estas perpetraron más de 150 ataques, lo cual indica que no hubo cumplimiento de su propia promesa, así como de ninguna, a eso ya nos tienen acostumbrados. No obstante, Santos decidió premiarlos y decretó una suspensión de los bombardeos, lo cual fue aprovechado por los terroristas, y por citar el caso más sonado, 10 militares fueron masacrados en Cauca. Allí se reiniciaron las operaciones aéreas y el balance para el Ejército es muy positivo, pues han dado de baja a un número significativo de criminales. La respuesta de las Farc era obvia, suspender el cese unilateral que nunca cumplieron. ¡Vaya cinismo!
Como lo expresara el exviceministro de Defensa en el gobierno de Álvaro Uribe, Alejandro Arbeláez, “Santos es un rehén del proceso con las Farc” y por eso, a pesar de que en ocasiones habla durito e intenta hacernos creer que tiene todo bajo control, es claro que el ritmo de las negociaciones lo llevan las Farc. En los últimos días, después de afirmar con vehemencia que hay que ponerles plazo a los “diálogos” porque hace un año que no tienen avances significativos, llegamos a pensar que había reaccionado y que su mensaje era “ahora o nunca”, sin embargo, un par de días después cambió el tono (ya estamos acostumbrados a eso también) y expresó, palabras más, palabras menos, que se debe hacer lo que sea necesario para llegar a un cese el fuego bilateral.
Pareciera entonces que la consigna es que no importa cómo pero hay que firmar algo, incluso pisoteando (más) la Constitución Nacional, ignorando los tratados internacionales, el clamor de las víctimas y el deseo de los colombianos de tener algún día una paz real, estable y que dure, no un acuerdo válido solo en el papel y que únicamente servirá para alimentar los libros de historia, eso sí, en el capítulo de los fracasos.
Y como si fuera poco, alias “Carlos Antonio Lozada”, que en días recientes estuvo en Colombia y fue transportado cómodamente en vuelo chárter desde Cuba, dijo que en la primera carta de Santos a las Farc, este les dejó saber que después de leer el Manifiesto Bolivariano no encontró ningún tema que pudiera ser vetado para negociar, lo cual fue bien aprovechado por este grupo, pues la oferta era imposible de rechazar. Esta situación puede tener dos lecturas, Santos les dijo lo que querían oír para llevarlos a la mesa o en realidad cree que las propuestas de las Farc son las que un país como Colombia necesita. Amanecerá y veremos, mientras tanto cada uno puede sacar sus propias conclusiones.
Por último: un cese el fuego por parte del gobierno es inaceptable además de inconstitucional, Santos no puede pretender ganar puntos en la negociación dándole una patada, donde sabemos, al Estado de Derecho. Si quiere negociar con las Farc sin que ellas muestren su voluntad real de paz, pues que lo haga (ya lo estamos soportando), y asuma las consecuencias que eso le traerá, pero no puede permitirse acabar con la solidez democrática que tenemos y terminar de derrumbar la institucionalidad que todavía nos queda y tanto nos ha costado mantener de pie.
@DiegoMorita

jueves, 21 de mayo de 2015

Fuerza Salgar

COLUMNISTA

DIEGO MORA ARIZA


       PUBLICADO EL 20 D
E MAYO DE 2015 
http://www.elcolombiano.com/

Que la tragedia se pudo evitar, que Uribe fue a visitar el pueblo en el que nació su madre y él se crió y por eso es un oportunista, que Santos tardó en llegar y Fajardo envió un comunicado diciendo que no se necesitaban ayudas, que las donaciones solo a la Cruz Roja porque nada tienen que hacer los partidos políticos recogiéndolas y mil cosas más, con las que se desvió la atención a lo realmente importante: hasta el momento 64 personas muertas, más de 300 heridas, familias que lo perdieron todo y Salgar, un lindo municipio del Suroeste antioqueño, de luto.
Y buscarle el pero a todo es nuestra constante. Que a esa mujer la violaron porque se vestía muy provocativo, que al muchacho lo apuñalaron por llevar la camiseta del equipo contrario y quién lo manda, que le robaron el celular por sacarlo en la calle aun sabiendo lo peligroso que es. Ponemos problema y desviamos el debate de lo realmente importante.
En Salgar ya no se puede llorar sobre la leche derramada (llorarán los vivos, los que se salvaron, a sus muertos, harán el duelo y ojalá, seguirán adelante), lo que hay que hacer ahora es solucionar los problemas que se vienen para los damnificados y acelerar las ayudas para que el trauma sea el menor posible.
El gobierno Santos tiene una gran deuda en muchas regiones del país en la atención de desastres, solo basta traer a colación el caso Gramalote para darse cuenta de que la supuesta solución ha causado más “daño” que el origen del problema ¿cómo es posible que se tardaran tanto en reconstruirlo? Entre trámite y trámite, incompetencia de quienes toman las decisiones y un gobernante desconectado de las regiones, quizás esté la respuesta.
Es por lo anterior que los errores ya cometidos deben servir de ejemplo para mejorar. La reubicación de las familias afectadas, los subsidios prometidos y todo lo que se tenga que hacer en Salgar hay que hacerlo de inmediato. Aquí no se pueden dar el lujo de empezar a dejar a los afectados esperando soluciones, demorarlas por un requisito o porque quien firma no está.
El debate es ese y nuestra atención debe estar dirigida a vigilar que se cumpla con la atención integral a las víctimas de la tragedia que hoy enluta no solo a Antioquia sino a todo el país.
Por otro lado, también es imperativo que el gobierno nacional, los departamentales y locales presten especial atención al tema de la minería ilegal. En Riosucio (Caldas) varias familias lloran a sus muertos, los cuerpos de algunos aun no han podido ser recuperados. ¿Cuántas tragedias más necesitamos para tomar medidas efectivas que eviten estos desastres?
Por último: de prevención en Colombia pocón, pocón. Aquí las medidas se toman cuando el agua ya está al cuello, cuando ya los muertos están siendo enterrados. Será que es muy difícil evaluar los diferentes tipos de riesgos, las zonas más propensas y actuar antes de. O será que los funcionarios que en los diferentes gobiernos han tenido que hacerlo, llegaron a ese puesto solo por recomendación política y no por sus capacidades profesionales. Quizás la respuesta sea más fácil de lo que imaginamos.
PS: saludo especial a todos los que fueron mis alumnos en Salgar, los mejores deseos y mi solidaridad absoluta.
@DiegoMorita

jueves, 14 de mayo de 2015

¿Y la ciudadanía, qué?

COLUMNISTA

DIEGO MORA ARIZA


       PUBLICADO EL 13 
DE MAYO DE 2015 
http://www.elcolombiano.com/

Es posible que todos los días escuchemos mencionar las palabras “ciudadanía” o “ciudadano”, en las noticias, comerciales de televisión, campañas educativas, entre otros, pero ¿alguna vez nos hemos preguntado por su significado?
El diccionario de la RAE define ciudadanía con tres acepciones: 1. Cualidad y derecho de ciudadano. 2. Conjunto de los ciudadanos de un pueblo o nación. 3. Comportamiento propio de un buen ciudadano. Podríamos decir que la cualidad y el derecho, en el contexto colombiano, se hace explícita cuando cumplimos los 18 años. El comportamiento, nos lleva a seguir las normas y leyes que nos impone la sociedad; y el conjunto, es la sumatoria de personas con la mayoría de edad.
Nicolás Pineda Pablos, en un sencillo ensayo titulado “Tres conceptos de ciudadanía para el desarrollo de México”, se enfoca en definirla como: “el papel que juegan los individuos en su entorno como sujetos de obligaciones y derechos, haciendo al ciudadano la razón principal y el motor del desarrollo local”.
El autor caracteriza a tres tipos de ciudadanos, el primero de ellos es el súbdito/beneficiario. Este sería un súbdito del poder supremo, cuya función es someterse y adherir su voluntad a la del poder político. El papel del ciudadano en esta visión es por lo tanto no interferir en la toma de decisiones de las autoridades y sujetarse a las obligaciones y deberes que le son asignadas. Aunque parezca difícil de creer, en la actualidad encontramos ciudadanos no pensantes y a quienes no les interesa hacer uso de su derecho a opinar. En gobiernos autoritarios este tipo de ciudadano se ve, pero obligado por el contexto político que rige a su país.
El segundo ciudadano sería el participativo. En este caso el gobierno está sujeto al control, escrutinio y juicio de los ciudadanos y sus decisiones, y los proyectos políticos deben de ser sometidos al consenso y aprobación de la población. Esto genera un estrecho vínculo al sistema electoral como mecanismo de consulta. Es una buena opción de ciudadano, participativo, propositivo, sin embargo y como lo dice Pineda, se da por sentado la existencia de ciudadanos formados, con conciencia. En el caso de Colombia, si miramos los niveles de abstención, superiores al 50 por ciento y personas que votan solo si reciben beneficio económico a cambio, nos damos cuenta de que le falta mucho a nuestra sociedad para superar la politiquería que se introdujo en el imaginario colectivo.
En tercer lugar, tenemos al ciudadano empoderado. Incluye el requisito de la participación cívica, pero además comprende los elementos de educación, organización y desarrollo político de la población, orientados principalmente a los pobres, analfabetas y a los marginados. En general, esta visión incorpora la idea de que el cambio social no puede ser planeado, dirigido y producido a voluntad, “desde arriba”, sino que requiere de consenso. Cada sociedad, no importa el país, tiene una deuda con su población menos favorecida. Este modelo de ciudadano sería el ideal, pero pensar en él, en nuestro contexto, es una utopía.
Po último: la cultura política ubica a cada sociedad en alguna de estas categorías y moldea la personalidad de sus ciudadanos. No obstante, mientras cada uno siga pensando en que el bien particular está por encima del bien general, mientras los grandes empresarios financien las campañas políticas a cambio de beneficios personales, mientras un candidato para llegar al poder acuda al populismo y diga lo que el pueblo quiere escuchar y no plantee soluciones reales y palpables, nuestro ejercicio de ciudadanía continuará oscilando entre la primera y segunda categoría.
Y usted ¿en qué categoría está?
@DiegoMorita

jueves, 7 de mayo de 2015

Sobre Abad, profes y ortografía

COLUMNISTA

DIEGO MORA ARIZA


       PUBLICADO EL 06 
DE MAYO DE 2015 
http://www.elcolombiano.com/

El tema de esta columna iba a ser la reforma del equilibrio de poderes, un tema interesante, mucho más para quienes poco entendemos tantas cosas que se están discutiendo en el Congreso por estos días. Sobre ella diré hoy que está muy claro que su objetivo era acabar con la reelección presidencial, algo que ya sucedió, el resto de cosas que salgan será ganancia para el gobierno y los legisladores, aunque no representen realmente los cambios estructurales que necesita el país.
No obstante, el lunes en la noche sucedió algo en Twitter que me ha llevado a cambiar el tema y decidí escribir sobre algo más “liviano”. Héctor Abad Faciolince trinó lo siguiente: “@hectorabadf: No les basta el 12% de aumento; no quieren ser examinados; quieren trabajar menos; los niños sin escuela. Y se dicen maestros”. Por supuesto, se armó la pelotera.
El mensaje, que tiene mucha validez, produjo una seguidilla de respuestas de, al parecer, profesores que se encuentran en paro de actividades desde hace 15 días. La característica de las réplicas hechas fue que estaban mal escritas, algunas por falta de tildes y otras en lo gramatical. Muchas más por ambas cosas.
No hay dudas de que el idioma español es complejo, tiene demasiadas reglas que son difíciles de conocer en su totalidad. Siempre surgirán dudas sobre la forma de escribir una palabra o de componer una frase y ninguno de nosotros está libre de cometer un error al escribir una carta, un trabajo de la universidad, un informe en la oficina, una columna o un simple mensaje en 140 caracteres.
Pero tener esa posibilidad de equivocarnos no es un excusa para hacerlo y para que no importe la forma de construir microtextos en nuestras redes sociales. Escribir bien dice mucho de una persona y quien reiteradamente cae en errores ortográficos deja en evidencia solo una cosa, que es un mal lector. Más allá de que el ejercicio de Abad Faciolince pueda ser interpretado como un acto de soberbia, creo que lo sucedido puede ayudar a que nos autoevaluemos y entendamos de una vez por todas la importancia que tiene la lectura, es el momento de dejar atrás ese vergonzoso promedio de menos de dos libros leídos al año.
Nunca es tarde para empezar a leer y para aprender a poner tildes. En lo personal, ese proceso lo inicié a los 17 años, edad en la que me adentré en los caminos de la literatura y que han sido la clave para tener una buena ortografía. No me las sé todas, recurro frecuentemente a la RAE para consultar dudas que me surgen y así he podido afianzar conocimientos y cumplir con la mínima norma de cortesía que se debe tener al escribir, hacerlo bien por respeto con quien te lee; eso aplica tanto en esta columna como en Twitter. Tener buena ortografía no es cuestión del lugar en el que se escribe sino una obligación.
Preocupa que haya tantos profesores que no sepan escribir, ellos que hoy le cierran la puerta a la posibilidad de ser evaluados pero exigen, justamente, una nivelación salarial y han dejado a más de 8 millones de niños sin clase. Saber en qué nivel de calidad está la educación de nuestros menores es necesario y en eso hay que apoyar a la Ministra de Educación, porque no es negociable.
Por último: que sea la polémica desatada por el trino de Héctor Abad un motivo para tomar conciencia de lo necesario que resulta escribir bien, algo que solo se consigue leyendo. También, ojalá sirva, para que los profesores se miren a sí mismos y se cuestionen sobre el tipo de educación que le están entregando a nuestros niños.
@DiegoMorita