jueves, 30 de abril de 2015

Los que quieren gobernar Medellín

COLUMNISTA

DIEGO MORA ARIZA


       PUBLICADO EL 29 
DE ABRIL DE 2015 
http://www.elcolombiano.com/

Están listos los candidatos que aspiran a ser el próximo Alcalde de Medellín y salvo el retiro de alguno de ellos, la ciudad enfrentaría una elección con cinco candidatos que coinciden en varias cosas: ninguno es nuevo, no hay independientes (dos que dicen ir por firmas pero tienen claro apoyo de partidos políticos y gobernantes de turno) y ninguno es mujer.
Veamos a los cinco candidatos en orden alfabético, por apellido, como debe ser:
Federico Gutiérrez: dos veces concejal de Medellín y candidato por la U a la Alcaldía en 2011 (obtuvo 120 mil votos en una campaña bien hecha de la mano del expresidente Álvaro Uribe). Lleva un par de años recorriendo la ciudad y en estos momentos adelanta la recolección de firmas para avalar su candidatura, aunque para nadie es un secreto que es el candidato del gobernador Sergio Fajardo, pues se la jugó por la alianza con Federico Restrepo. El año pasado se le vio en la última etapa de la campaña presidencial apoyando a Óscar Iván Zuluaga. A pesar de su trabajo no crece en las encuestas, ¿falta de estrategia o de definición ideológica?
Eugenio Prieto: político de hace muchos años. Reemplazó a Guillermo Gaviria como gobernador y fue Senador de la República (renunció en diciembre de 2014 para no inhabilitarse, algo que no ha sido bien visto, pues hacerse elegir para renunciar tres meses después de posesionarse no envía un buen mensaje). Acaba de ganar el aval de su partido, el Liberal, y su intención es ir hasta el final de la contienda, pero está por verse si es por la Unidad Nacional o se irá solo. Carga en sus hombros el lastre de Aníbal Gaviria, pues con seguridad en Medellín, nadie está pensando en votar por su sucesor. Le tocará hacer una campaña fuerte con una estrategia y mensaje bien definidos.
Gabriel Jaime Rico: fue concejal de Medellín, candidato a la Alcaldía y acaba de ser el gerente de Plaza Mayor, posición en la que logró traer para la ciudad importantes eventos internacionales y que aprovechó muy bien políticamente. Decidió avalar su candidatura por firmas pero hace unos días el partido de la U le dio el apoyo e intentará lograr el aval de la Unidad Nacional, por lo cual es bastante incoherente su idea del movimiento significativo de ciudadanos, aunque se puede interpretar como una forma de aprovechar el tiempo de esta (pre)campaña y poder mostrarse ante la cuidad como candidato. No es muy sólido en su discurso y algunos sectores también lo asocian con el alcalde Gaviria.
Alonso Salazar: desde que anunció su posible candidatura lidera las encuestas, algo muy lógico, pues ya fue alcalde de la ciudad y su nombre genera recordación, además el pleito que sostuvo con la Procuraduría le dio exposición mediática, oro puro para los políticos. Su actitud no es convencional, parece más que su aspiración es motivada por el orgullo al ver la alianza de “los Federicos” con la que no está de acuerdo y que lo llevó a distanciarse de Fajardo. De los cinco nombres, es quien más bajo perfil muestra hasta el momento, ¿exceso de confianza por lo que dicen las encuestas o falta de ganas?
Juan Carlos Vélez: es el candidato con más posibilidades de crecer en la contienda. No es un secreto la fuerza de su partido, Centro Democrático, en Medellín (aunque la consulta interna para elegir la lista al Concejo haya sido un rotundo fracaso). Ha sido un político coherente con sus posiciones pero tiene el gran reto de “desuribizar” su campaña, pues ya sabemos que el expresidente Uribe no endosa votos. Tiene claro su discurso en materia de seguridad pero le falta mucho trabajo en la calle y eso quizás lo tiene en porcentajes tan bajos de reconocimiento en la ciudad.
Por último: candidatos muchos, uno que se destaque y la ciudad necesite, está por verse. Todos tienen mucho trabajo por delante y ojalá en Medellín elijamos a aquel que nos proponga cosas que pueda cumplir, que conozca palmo a palmo el territorio y que haya demostrado que sus prácticas políticas no tienen tacha. ¡Qué difícil la tienen!
@DiegoMorita

jueves, 23 de abril de 2015

Coyuntura indignante

COLUMNISTA

DIEGO MORA ARIZA


       PUBLICADO EL 22
 DE ABRIL DE 2015 
http://www.elcolombiano.com/

En Colombia nos pasamos los días de coyuntura en coyuntura, somos expertos en indignarnos por cada cosa que sucede en este país convulsionado y rápidamente convertimos en tema nacional los temas que nos parecen relevantes. De igual manera, a la velocidad de la luz, nos olvidamos de lo que ayer nos causó impacto y lo mandamos a la cola, dándole paso a algo nuevo.
Hace poco el escándalo en la Corte Constitucional ocupó las primeras páginas de los periódicos y los titulares de los noticieros de televisión. Hoy nadie habla de ello. La propuesta de dividir el departamento de Cauca, dividió, precisamente, al país entre los que estaban de acuerdo y los que no. Insulto vino y fue, pero hoy nadie dice una palabra al respecto. Lanzaron una campaña llamada “Soy capaz” y mucha gente (sobre todo en los medios de información) se unió y le dieron una difusión impresionante y quienes estaban en desacuerdo sentaron su voz de protesta. Hoy, unos y otros no dicen ni mu. La semana pasada fueron masacrados por las Farc diez militares y esto levantó al país en una sola voz de rechazo por un acto de barbarie inexplicable. Pero de inmediato, a pesar del dolor de la muerte, la indignación pasó a ser el anuncio de ponerles plazo a las negociaciones, el fracaso de las consultas internas y de esto saltamos a poner en la agenda que un senador llamó “gatos” a quienes abuchearon a Santos, el discurso de De la Calle y seguro, mientras escribo esto, una indignación nacional se está fraguando por el reciente anuncio del presidente de pedirles a las Farc mostrar su voluntad de paz o por la tal Ley habilitante.
El día a día nos está ganando la partida. Pasan tantas cosas en nuestro país (en su mayoría negativas) que vamos de una a otra a un ritmo desenfrenado sin hacer pausas para analizar por qué suceden. La agenda setting controla nuestra vida, controla nuestro tiempo y hasta nuestra forma de pensar. Nos dejamos llevar por los titulares y no le prestamos la suficiente atención al contenido y es que con seguridad, si el título de esta columna fuera “Santos traidor” o “Uribe héroe” tendría más lectores de los que acumulará (eso espero) con el nombre que lleva. ¿O no?
Caemos en esos errores por la necesidad de querer estar informados (algunos solo por parecerlo) y porque pensamos que nuestras posiciones le interesan a otras personas. ¡Quizás sí! En estos ejercicios y en redes sociales nos hacemos nuestro espacio y hasta logramos un nombre (bueno para algunos y malo para otros, situación que va cambiando según nuestras posiciones), que nos lleva a crear audiencias. Hasta ahí no hay problema, los inconvenientes surgen cuando pensamos que podemos influir en los demás a las malas y al no lograrlo, alimentamos nuestra lista de enemigos o como dirían unos y otros: enmermelados, traidores, vendidos, incoherentes o guerreristas; perros bravos, tiburones, enemigos de la paz, etc., y eso solo para centrarnos en los dos bandos que polarizaron al país, error que también cometemos, pues redujimos a Colombia a “uribistas” y “santistas” o “antiuribistas” y “antisantistas”. El país es más grande que la política, todos debemos tenerlo en cuenta.
Por último: debemos entender que Colombia va más allá, y debe ir más lejos, de una o mil coyunturas diarias. El país tiene problemas estructurales graves que se nos olvidan y se van aplazando sus soluciones, es hora de que los políticos los enfrenten sin pensar en el número de votos que les puedan dar. Por otro lado, nosotros los ciudadanos tenemos la responsabilidad de entender que nuestro aporte se debe basar en el respeto por las posiciones de los demás, el día que esto pase, quizás podamos empezar a hablar de una verdadera paz.
@DiegoMorita

jueves, 16 de abril de 2015

Comunicación pública

COLUMNISTA

DIEGO MORA ARIZA


       PUBLICADO EL 15
 DE ABRIL DE 2015 
 http://www.elcolombiano.com/

Más que una necesidad, en los últimos años se ha convertido en una obligación para las administraciones públicas adelantar procesos de modernización que las ayuden a adaptarse a las necesidades y contextos actuales que son completamente diferentes a los que las vieron nacer.
La administración pública clásica racionalizaba las funciones que le eran inherentes, es decir, hacía lo que tenía que hacer sin ir más allá, sin preocuparse por generar valor agregado. En la actualidad, es impensable que esto se dé, pues la posmodernidad requiere eficacia, flexibilidad y agilidad del sector público, lo cual le permite satisfacer las demandas ciudadanas de la mejor manera, tratando a los ciudadanos como clientes (concepto traído del marketing) con atención preferente y fortaleciendo la relación comunicativa entre ambos. Se ha pasado de reaccionar ante las demandas ciudadanas de información a darle carácter estratégico al servicio público y en este giro, juega un papel predominante la comunicación pública, que no es más que la interacción entre la administración y sus clientes, es decir, los ciudadanos.
Los gobernantes pretenden acabar sus períodos y ser bien recordados. Cada administración pública politiza sus actuaciones de acuerdo al color de turno y se orienta en dejar en una buena posición a quien la lidera. La comunicación es generalmente utilizada como información (error común) sin embargo, el mismo mercado ha obligado a la administración pública a poner en marcha actividades encaminadas a escuchar lo que el ciudadano tiene que decir. Esto, claro está, no significa que sea tenido en cuenta al momento de tomar la decisión final.
Medellín es percibida en ciertos sectores como una administración que hace uso constante y adecuado de la comunicación pública. Quizás sea cierto, no obstante que lo haga dista mucho de que su aplicación sea correcta y la “megaobra que divide a los paisas”, como tituló la revista Semana, Parques del Río es el mejor ejemplo de el mal uso que le da la administración de Aníbal Gaviria a tan importante herramienta.
Hoy se cumplen ocho días de iniciados los trabajos en la Autopista Sur, el colapso de la ciudad en cuanto a movilidad es permanente, no hay vías por donde transitar (los puentes militares aun no están habilitados) y un sinsabor queda en los habitantes de Medellín. La pregunta que ronda el ambiente es: ¿esta obra para qué nos va a servir? Y a ella la siguen otras como: ¿cuánto se van a demorar? ¿Cuánto nos va a valer? ¿Cumplirán los tiempos y no habrá sobrecostos?
Semejantes inquietudes, incluso de personas que nos mantenemos (por desgracia) constantemente informadas, indican que el trabajo de comunicar este proyecto lo están haciendo mal. ¿Se imaginan el nivel de desinformación que pueden tener aquellas personas que, felizmente, no están pendientes de las noticias?
Dice la administración que ha realizado un trabajo permanente en el barrio Conquistadores, el más cercano al primer tramo iniciado. La pregunta es ¿dónde quedamos el resto de ciudadanos que directamente nos vemos afectados? Comunicación pública implica llegarles, en este caso por la magnitud de la obra, a todos los habitantes de Medellín, pues la vía que están interviniendo atraviesa la ciudad de norte a sur y cualquiera de nosotros la necesita en algún momento para movilizarse, por eso no hay nadie que deba ser excluido.
Por último: el problema radica en que la mala planeación y puesta en marcha de la obra ha generado rechazo en la ciudadanía y la administración más que dedicarse a comunicar ha decidido salir a defenderse, al igual que hizo, por citar dos ejemplos, con la aprobación del POT y el Acuerdo 300. Los medellinenses vemos entonces un gobierno reaccionario y desesperado, lo cual dista de lo estratégico que debería ser en esta época y con esa forma de proceder, por muy buena voluntad que se tenga, es imposible obtener buenos resultados. ¿Será que escucha el gobierno de Medellín?
@DiegoMorita

jueves, 9 de abril de 2015

Colapsa Medellín

COLUMNISTA

DIEGO MORA ARIZA


       PUBLICADO EL 08
 DE ABRIL DE 2015 
http://www.elcolombiano.com/

No, la construcción del parque vial del río no colapsará la movilidad de Medellín, solo profundizará el terrible caos en el que vivimos desde hace mucho tiempo gracias a la falta de planeación y de visión de los gobernantes que hemos tenido.
Hoy se da inicio al cierre de la autopista sur, entre La Macarena y la Av. 33, con el fin de empezar con la construcción del soterrado planeado para esta primera etapa. Muchos ciudadanos desprevenidos y que no conozcan del tema, pues las estrategias de comunicación pública de la Alcaldía de Medellín están mal enfocadas (por no decir que son inexistentes), tomarán esta vía para ir a su trabajo o a estudiar y la encontrarán cerrada, lo cual los obligará a cambiar su ruta y a perder tiempo en su desplazamiento. Cabe aclarar que inicialmente el cierre sería total, pero la falta de planeación llevó a que se cierren, por ahora, dos carriles y todo porque los puentes provisionales que se instalarían para desviar los vehículos no han llegado. Lo que empieza mal, termina peor, y aquí en Medellín ya nos tienen acostumbrados a eso, solo falta recordar lo sucedido con el puente de la 4 sur y sus sobrecostos, al igual que con el Metroplús, y ni hablar del Parque Biblioteca España.
Estamos en año electoral, el año en que los gobernantes salientes aprovechan para mostrarle a la ciudadanía lo que hicieron y por lo general se enfocan en las obras que dejarán. El parque vial del río fue la gran apuesta de Aníbal Gaviria y contra viento y marea, haciéndose el sordo ante miles de voces que le pedían reevaluar el proyecto al igual que ignoró las miles de voces que se pronunciaron en contra del Acuerdo 300, siguió adelante y en los próximos once meses sabemos por la experiencia que serán muchos más, la ciudad será intransitable.
Es obvio que Gaviria tiene urgencia de mostrar obras y eso le nubla el sentido común. Tal y como está previsto, Parques del Río le traerá a Medellín más problemas que soluciones. Aun no empieza y ya presenta retrasos, los costos, con seguridad, serán superiores a los inicialmente presupuestados y el impacto negativo en la calidad de vida de los ciudadanos no se podrá medir, así les hagan encuestas. ¿Cree realmente el alcalde que esta es la obra que necesita Medellín en el momento actual que vive? ¿Piensa más en su beneficio político que en las prioridades de la ciudad?
Es preocupante que en plena posmodernidad sigamos a merced de gobernantes que se quedaron con las ideas atrasadas, una de ellas, esa de que un buen político y elegido en un cargo de elección popular tiene que mostrar cemento para que lo recuerden. Claro que hay que hacer obras, todas las que sean necesarias, y si para ello hay que cortar árboles, que se corten, sin embargo como el Parque del Río no es lo que la ciudad requiere, duele la masacre ambiental, de la cual fuimos testigos, que nos dijeron era indispensable para poder iniciar la obra.
La administración pide paciencia y comprensión por lo que se viene, pero no merecen ninguna de las dos, pues los gobernantes se eligen para entregar soluciones y no para ser los causantes de los problemas. Amanecerá y veremos (no nos queda de otra) qué le ofrece esta obra a Medellín y por el bien de la ciudad, ojalá que sus miles de detractores seamos los equivocados.
Por último: Aníbal Gaviria logrará ser conocido como el alcalde que burocratizó, para mal, la administración de Medellín, el que vendió a UNE, el que presentó un POT que no visualiza a la ciudad que necesitamos ser en 12 años, el que pidió superpoderes (acuerdo 300) para hacer lo que desee sin pedirle permiso a nadie y como aquel que terminó de colapsar la movilidad solo por cumplir un capricho. ¿Así era como quería que lo recordáramos?
@DiegoMorita

jueves, 2 de abril de 2015

País polarizado

COLUMNISTA

DIEGO MORA ARIZA


       PUBLICADO EL 01
 DE ABRIL DE 2015 
http://www.elcolombiano.com/

Se conocieron recientemente los resultados de un estudio de percepción sobre el proceso de paz, el acuerdo de desminado y la relación entre el expresidente Uribe y el presidente Santos realizado por el Observatorio de Datos y Análisis en la ciudad de Medellín. Las cifras dadas a conocer a la opinión pública son claras, contundentes y ratifican algo que desde hace un tiempo muchos sabemos: vivimos en un país dividido, polarizado.
Un 63% de los encuestados dijo no estar de acuerdo con el proceso de paz y el 37% dijo apoyarlo. Aquí no hay mucha sorpresa, sabemos que las “negociaciones” generan dudas en el país, recelos por el hermetismo de lo que pasa en La Habana, pues además los avances son prácticamente nulos (a excepción del acuerdo de desminado, esas cifras las veremos más abajo), así que es normal que el país dude y en su mayoría no apoye lo que allí está pasando.
Sin embargo es extraño que cuando se les preguntó a los encuestados si creen que el proceso de paz va por buen o mal camino (en una escala de 1 a 5), el 37% dijo que va por mal o muy mal camino, pero el 49% expresó que este va por buen o muy buen camino. Así que, gran parte de los encuestados no está de acuerdo con el proceso, pero eso no les impide abstraerse de sus emociones y, como lo expresan en los resultados del estudio, soportados en las coyunturas, como el desminado, el cese unilateral de las Farc, la respuesta de Santos con el cese de bombardeos, concluyen que de alguna manera las cosas van bien. Si esa conclusión es cercana a la realidad, estaríamos ante un importante cambio en la mentalidad de los colombianos.
También se les preguntó a los medellinenses sobre el acuerdo de desminado entre el gobierno y las Farc. La división es clara en este punto: para un 46% esto es entre conveniente y muy conveniente para el país, mientras que para el 43% es inconveniente y muy inconveniente. Además, un 57% de los encuestados dice no estar de acuerdo con que el gobierno y las Farc trabajen conjuntamente en el desminado y el 43% considera que sí deben hacerlo. Dos preguntas y se repite la conclusión: el país está polarizado.
También se les preguntó a los encuestados si creían que el desminado se completaría. El 49% dijo que no, el 43% dijo que parcialmente y solo un 7.5% es optimista y dice que este proceso se dará satisfactoriamente. Y no es extraño que haya dudas, este acuerdo, a pesar de que en los próximos días empezará el plan piloto en Antioquia y Meta, no es algo fácil, pues son muchas las minas sembradas a través de los años por las Farc en extensos territorios, por lo cual pensar en el día en que Colombia sea un país libre de minas, no es cercano y los colombianos aun no lo visualizamos.
El 50% de los encuestados expresó que la decisión de Santos de suspender bombardeos es desacertada y muy desacertada y solo el 38% la apoya. Y es que muchos percibimos esta decisión como una gabela más a las Farc y el camino al cese bilateral (el 60% cree que esta decisión va en ese sentido), tan solicitado por el grupo terrorista y el cual no debería darse, mientras no entreguen sus armas, se desmovilicen, digan la verdad y pidan perdón a sus víctimas.
Por último: en general este estudio es bastante interesante, presenta preguntas sencillas y de fácil interpretación. Hacen falta en la ciudad empresas que se dediquen a arrojar datos y que lo hagan de manera seria e independiente.
Los resultados completos pueden ser consultados en: http://goo.gl/qRJQ05
@DiegoMorita