jueves, 29 de enero de 2015

La campaña que queremos

COLUMNISTA

DIEGO MORA ARIZA


       PUBLICADO EL 28 DE ENERO DE 2015 
 http://www.elcolombiano.com/

Faltan 9 meses para las elecciones regionales y en el caso de Medellín ya son varias las personas que han hecho públicas sus intenciones de competir por la alcaldía, no sabe uno si porque creen que la campaña debe ser larga (algunos pensando en ganar reconocimiento) o porque sus deseos de poder son muchos y prefieren madrugarle a sus competidores, aplicando aquello de que quien pega primero pega dos veces.
La confrontación ya está al orden del día. Antiguos “amigos”, que gobernaron juntos, ya se sacan los trapitos al sol, lo que hace concluir el nivel de debate del cual seremos testigos, y no es otro que ese dedicado a resaltar más las debilidades del contrario que las propias fortalezas. Esto es, quizás, lógico si tomamos en cuenta y como ejemplo, la campaña presidencial reciente y que estuvo llena de agravios entre los candidatos enfrentados.
Al ver el escenario que desde ya nos plantean algunos de los que aspiran a gobernar Medellín en los próximos cuatro años, hice un pequeño proceso de reflexión y conversé con algunos amigos sobre el tema, y coincidimos en 15 puntos sobre lo que queremos de la competencia electoral que se avecina:
1. Una campaña de ideas y no de insultos.
2. Propuestas claras, cumplibles e incluyentes.
3. Candidatos de carne y hueso y no de los que se creen “divas” que muestran una imagen pero en realidad son de otra cosa.
4. Políticos que no crean tener la verdad absoluta, si no realistas que no tengan miedo a equivocarse.
5. Menos actos masivos de proselitismo y muchas micro reuniones, para que el ciudadano se pueda acercar y entender con claridad qué le están proponiendo.
6. Creatividad en sus estrategias de comunicación, nada de andar a la sombra de un “cacique” que le apalanque la imagen.
7. Cero compra de votos. (Soñar no cuesta nada, por eso incluimos este deseo).
8. Que no se repartan refrigerios a los asistentes a una reunión y mucho menos que se los invite con esa promesa. (Esto parece tonto, pero ha pasado, pasa, y como estamos en Colombia, pasará por los siglos de los siglos).
9. Mensajes claros en la publicidad y con un lenguaje para todos.
10. Que no se compren encuestas.
11. Que no se subestime la inteligencia de los votantes.
12. Más enfoque en la realidad, tanto de la ciudad y los candidatos, y no en la percepción que se pueda tener. (Que no crean que van a ganar por bonitos o porque ya gobernaron y mucho menos porque están cobijados en una gran sombra).
13. Que se respete la Ley, sobre todo en los topes de gastos.
14. Que haya una respuesta clara a la pregunta: ¿Por qué usted debe ser el próximo alcalde de Medellín?, y no una respuesta de reina: porque soy honesto, conozco la ciudad, la he recorrido, me he preparado y bla bla bla. Si van a salir con esa, mejor digan: “es una pregunta muy difícil”.
15. Que todos los que quieran gobernar la ciudad, lo deseen por convicción y no por ambición de poder y por supuesto, que sean honestos, conozcan Medellín, la hayan recorrido, sepan a qué sabe y cómo huele; mejor dicho, que se hayan untado de pueblo.
Por último: esta es una lista que quedará en permanente construcción, espero sus aportes ya sea en el foro de El Colombiano al finalizar la lectura, en mi correo dimora1977@gmail.com o en mi Twitter @DiegoMorita. Bienvenidos todos sus aportes.

jueves, 22 de enero de 2015

Convención, Zuluaga, "hacker"

COLUMNISTA

DIEGO MORA ARIZA


       PUBLICADO EL 21 DE ENERO DE 2015 
http://www.elcolombiano.com/

Dicen algunos férreos defensores de Óscar Iván Zuluaga, que soy un mal perdedor porque no lo apoyé cuando obtuvo el aval del Centro Democrático para ser candidato a la presidencia. Esto, claro, porque en esa época trabajaba para Francisco Santos, el derrotado en la convención celebrada en Bogotá el 25 y 26 de octubre de 2013.
Terminada la convención, nuestra campaña con el exvicepresidente terminó y cada uno de los que hacia parte del equipo tomó su camino. Decidí que, trabajar con Zuluaga por mucho que quisiera al expresidente Uribe, no era compatible con mis principios y creencias, por lo cual resolví apartarme de la campaña, a pesar de que me ofrecieron trabajo en ella.
A raíz de lo sucedido con el caso de Andrés Sepúlveda, el Fiscal Montealegre declaró en los medios que llamará a indagatoria a Zuluaga y a su hijo David, para aclarar el vínculo que tuvieron con el llamado “hacker”, pues desde que se conociera el video (inicialmente en la revista Semana, que ya sabemos fue editado, y luego en El Tiempo, ese sí completo) en el que Zuluaga y Sepúlveda hablan de varios temas –a mi modo de ver nada grave- han quedado en el ambiente muchas dudas sobre la relación del candidato con este personaje; además, las explicaciones contradictorias en plena campaña aumentan la incertidumbre de muchos que nos preguntamos ¿cuál es el gato encerrado?
Creo que esta es la mejor oportunidad que tiene Zuluaga (solo él, porque aquí nada tiene que ver su partido) para aclarar el tema de una vez por todas. No desconozco que las actuaciones del Fiscal tienen máxima prioridad cuando se trata de temas contrarios al presidente Juan Manuel Santos o a las Farc, pero tampoco podemos caer en la trampa de llamar a todo una “persecución política” o decir que “no hay garantías”, cuando se trata de casos que afectan al círculo cercano del hoy senador Uribe. Claro está, Montealegre (mal fiscal, eso no se puede negar) le debe al país muchas explicaciones e investigaciones en otros temas y no solo en los que esté involucrada la derecha colombiana.
Y regreso aquí a la convención. He repetido en muchas ocasiones que “lo que empieza mal, termina mal” y lo que se vivió, en la que debía ser la gran y primera manifestación democrática del naciente partido, fue un suceso oscuro y que dejó muchos interrogantes y además un mal sabor a muchos de sus participantes.
No es necesario entrar en detalles de lo que pasó allá adentro, al fin y al cabo, el afectado principal, Francisco Santos, pasó rápido la página y apoyó la candidatura de Zuluaga, sin embargo hoy quise traer este tema muy personal a colación (con el perdón de los lectores) pues sí quiero reconocer que soy un mal perdedor y les voy a decir por qué.
Perder o ganar son resultados naturales en cualquier competencia. Todos quizás estemos preparados para la victoria, pocos o quizás nadie piense en perder. A la convención fuimos con la certeza de poder ganar, aunque siempre supimos que no sería fácil y aceptar la derrota era un proceso obligatorio, no obstante, cuando se pierde con triquiñuelas, con jugadas oscuras, con cambio en las reglas y con la confabulación de ciertos elementos con poder, duele, da rabia y no se puede aceptar. Por eso, reconozco ser un mal perdedor.
Por último: me perdonan que sea tan general en la historia, pero hablar en detalle sobre lo que pasó no es necesario, ya que en el fondo los que “ganaron” saben cómo lo hicieron y los que “perdimos” tenemos claro qué ocurrió; y eso a la larga a los segundos nos permite dormir tranquilos, no puedo asegurar lo mismo de los primeros.
PS: por el bien del país, ojalá que este caso se solucione pronto y ojalá que no lleguen las elecciones locales con el tema todavía ocupando los titulares de prensa. Dios nos libre...
@DiegoMorita

domingo, 18 de enero de 2015

Sin memoria

A Gabriel García Márquez

Soñaba con ser escritor. Soñaba con la posibilidad, remota, de conmover a alguien con lo que escribía, así como le pasaba a él cuando leía a sus autores favoritos, soñaba con las palabras exactas y perfectas que crearan una frase llena de vida, épica. Soñaba con un mundo que girara alrededor de la literatura.

Una mañana, de lluvia, encontró en el periódico, siempre lleno de malas y repetidas noticias, una oportunidad. Un aviso clasificado, sencillo, corto y perfecto, decía: - se busca escritor que no sienta pena de soñar. Él escribía y soñaba con facilidad así que cumplía con los requisitos.

No fue difícil quedarse con el empleo; la competencia eran jóvenes recién graduados de la universidad que seguían pensando que la vida es de mentira y que lo malo pasa solo porque lo ven en televisión.

Era un buen trabajo, pensó al inicio. La empresa se dedicaba a producir textos con los que recreaban mundos perfectos, el ideal de la humanidad. Se sentía pleno, que le pagaran por hacer lo que le gustaba era el mejor premio que alguien podía recibir.

En su primer texto debía escribir 500 palabras sobre el amor. No fue difícil hacerlo, a veces para aquellos que nunca han amado es sencillo hablar de aquel sentimiento.

Su jefe no aceptó el enfoque. A pesar de ser algo esplendido, exquisito, digno de exposición, no estuvo de acuerdo en concluir que es mejor no amar para evitar sufrir, aunque fuera cierto. Le sugirieron leer el manual de estilo de la compañía y en ese momento todo cambió. Dicen, que algunos seres cercanos lograron escuchar cómo se rompía el corazón del escritor y vieron, por la expresión de su rostro, como se derrumbó su mundo ideal. Ni hablar de las lágrimas que lentamente, pero sin pausa, rodaron por su mejilla.

-¿Escribir con base en un manual? A quién se le ocurre, sí escribir sale del alma…

Necesitaba el empleo y por eso no renunció de inmediato. Tardó en terminar la nueva propuesta. Lo logró, cuando escribió sin sentir las palabras, cuando dejó de creer en lo que decía. Empezó a morir y su vida pasó de ser perfecta a la monotonía y la obligación de juntar coherentemente las palabras para que le gustara a su jefe y no para impactar a alguien, realmente, inteligente.

Poco a poco el trabajo se convirtió en una carga, en algo que no disfrutaba. A las seis en punto de la tarde salía rumbo a su casa y exorcizaba sus demonios escribiendo de verdad hasta entrada la madrugada. Dormía poco, pero no le hacía falta el sueño porque las letras eran su vida, su energía, su compañía, la única que se permitía, él sabía que jamás le mentirían, jamás lo abandonarían.

Pero no aguantó mucho tiempo y decidió acabar con todo. Cada texto obligado lo destruía por dentro, le quemaba las entrañas. Palabra a palabra agonizaba, estaba muerto en vida. Al sentarse a escribir aquella mañana de invierno, por sus venas ya corría aquel veneno para ratas que había desayunado y que bautizó “sin memoria”, según la nota que dejó en su casa, porque en la muerte nada existe. El texto de ese día era sobre la esperanza, pero antes de escribir la primera palabra su cabeza chocó contra el teclado.

Tal como lo esperaba, así lo dejó plasmado en su despedida, nadie lo extrañó, nadie lo lloró, nadie dijo “que falta hace”, quizás porque los escritores no mueren y se quedan a vivir para siempre en sus palabras.

Esa mañana lluviosa y gris un escritor despertó con miedo, no de la muerte, sino de la posibilidad de no volver a escribir. Tomó una decisión, salió de su casa y caminó sintiendo cada gota que golpeaba su cuerpo. Su vida cambió al leer en el periódico el aviso clasificado: se busca escritor que no sienta pena de soñar.

Autor: Diego Mora Ariza 
dimora1977@gmail.com
@DiegoMorita

jueves, 15 de enero de 2015

Libertad de expresión y terrorismo

COLUMNISTA

DIEGO MORA ARIZA


       PUBLICADO EL 14 DE ENERO DE 2015 
  http://www.elcolombiano.com/

Con lo sucedido la semana pasada en Francia, se ha desatado una discusión sobre la libertad de expresión, pues el asesinato en el semanario satírico Charlie Hebdo fue considerado como un ataque a esa libertad de la que gozamos, por derecho, todos los seres humanos, sin importar nuestro credo, raza, nacionalidad o lo que sea. Obviamente, en algunos países controlados por regímenes esto no se cumple a cabalidad, pero digamos que en el planeta es algo de lo que la mayoría puede hacer uso, incluso a través de caricaturas que puedan resultar ofensivas para ciertas personas.
Tengo claro algo que desde muy pequeño me enseñaron, que mis derechos terminan donde empiezan los de las otras personas. Es una regla básica que se debe cumplir, porque todo en la vida tiene un límite, incluso los derechos consagrados en las constituciones o en la Declaración Universal, así que no se debe transgredir esa frontera, por mucha libertad que tengamos.
Y el derecho a expresarnos no está exento de esta regla. Podemos hacerlo en cualquier momento y a través de los canales que tengamos disponibles para ello, pero siempre se debe mantener el respeto por los posibles receptores de nuestro mensaje. ¿Se imaginan ustedes cómo estaría este mundo si no existieran ciertos límites? Si con ellos vigentes estamos como estamos, es inimaginable lo que estaríamos viviendo de no tenerlos.
El mundo, coyuntural como le gusta, se volcó a apoyar al pueblo francés, a resaltar la libertad de expresión y a apoyar su persecución al terrorismo. Fuimos testigos, de nuevo en vivo y en directo (al mejor estilo de la guerra en Irak), del cerco a los dos criminales que asesinaron trece personas, sabíamos cómo acabaría la entrada de la policía a la imprenta en la que se refugiaron pero igual seguimos atentos el desarrollo de la operación, que fue todo un éxito. Y es que al terrorismo se le combate de frente y sin titubeos, Francia y la comunidad internacional lo dejaron claro, porque la amenaza que representan los grupos extremistas, cualquiera de ellos, es real y no permite un pestañeo.
Y quedó claro el compromiso mundial para enfrentar al terrorismo (seguridad colectiva), pero ¿y la discusión sobre la libertad de expresión? ¿Dónde y para dónde va? ¿Puede una revista o un periódico publicar contenido que resulte ofensivo para un sector de la sociedad haciendo uso del derecho a expresarse libremente? Sé que es un debate complejo e infinito, pero hay que seguirlo dando para que no olvidemos que cualquier ámbito de la vida, como ya mencionamos, tiene un límite, incluso la libertad.
Por último: derechos y deberes, tan sencillos de entender y aplicar, están ahí pero muchos los recuerdan solo cuando les conviene, sobre todo los primeros. Esta coyuntura en Francia, y que es mundial al fin y al cabo, los pone sobre el papel para que el ser humano entienda (ojalá lo haga de una vez por todas) que no existen los unos sin los otros y que ambos son obligatorios, no opcionales.
@DiegoMorita

jueves, 8 de enero de 2015

Realidad irreversible

COLUMNISTA

DIEGO MORA ARIZA


       PUBLICADO EL 07 DE ENERO DE 2015 
 http://www.elcolombiano.com/

Estemos o no de acuerdo (no lo estoy) con el proceso de “diálogo” que adelanta Juan Manuel Santos con las Farc, en el punto en que este se encuentra –así no tengamos claro por cuál camino ni para dónde va- es imposible desconocer que ya no tiene vuelta atrás, pues las consecuencias de terminarlo serían más dañinas para el país que esas por las que atravesamos, no solo desde hace dos años que empezó, sino desde hace cinco décadas que lleva este grupo terrorista desangrando al país.
Desde este espacio, y en redes sociales, he expresado mi opinión en muchas ocasiones sobre los acontecimientos de La Habana y lo que pasa en el país, estuve de acuerdo, siempre, en que el proceso debía terminar, no solo porque las Farc secuestraran a un General de la República, sino desde el primer asesinato de un soldado raso, la destrucción de poblaciones o la voladura de torres eléctricas cuando los “diálogos” ya habían empezado. Sin embargo, las circunstancias hoy me indican, que esa posibilidad no es viable y muchos menos cuando las Farc ya hablan de cese al fuego unilateral (sabemos eso sí, que tenía gato encerrado y se convirtió en bilateral) y el gobierno llena los titulares de prensa hablando de desescalar del conflicto.
Sigo teniendo claro que con criminales no se negocia (tal vez solo para decidir de qué color quieren el uniforme que lucirán en la cárcel pagando por sus crímenes), no obstante el presidente Santos, a quien muchos elegimos para su primer mandato y otro tanto le dio la oportunidad de reelegirse, decidió jugarse su prestigio y mandato buscando la “paz”, y aunque ambos no muestran las mejores cifras, el proceso, así no nos guste, es una realidad irreversible.
¿Qué nos queda a quienes no apoyamos al gobierno ni las negociaciones con criminales? No es un camino sencillo, pero lo más responsable es continuar atentos y vigilantes ante lo que pasa, sin callarnos nada, pero ha llegado el momento de dar el salto y empezar a ser propositivos. La oposición porque sí, porque es Santos y son las Farc, porque se eligió con unas políticas y gobernó con otras, no sirve para nada (está más que demostrado) y lo único que aporta es resentimiento e incrementar la polarización en la que se encuentra el país, polarización que genera odios, odios que producen violencia, violencia que nos llena el alma de tristeza, tristeza que produce resentimiento...y empieza el ciclo de nuevo, el circulo vicioso en el que estamos metidos desde siempre.
A quienes elegimos para que nos representaran en el Congreso de la República tienen la responsabilidad de hacerlo bien y sobre todo aquellos llamados a ser la oposición. Seguimos esperando que se destaquen, que nos demuestren su capacidad de hacer crítica constructiva y que le aporte al país (más allá de los desacuerdos por todo) disenso, debate y capacidad de análisis.
Por último: no sabemos qué saldrá del acuerdo entre el gobierno y las Farc (está claro que algo firmarán y apunta a que sea en el primer semestre de 2015), pero deberá ser refrendado por los colombianos. Santos tiene la responsabilidad, no solo política, de evitar la impunidad y el olvido, las Farc la opción de detener su barbarie y el país entero el derecho a cambiar de rumbo, tomando un camino que lo lleve a transformarse definitivamente en su estructura social. Tenemos con qué, es hora de usarlo.
@DiegoMorita

jueves, 1 de enero de 2015

El año viejo

COLUMNISTA

DIEGO MORA ARIZA


       PUBLICADO EL 31 DE DICIEMBRE DE 2014 
http://www.elcolombiano.com/

Dice la canción: “yo no olvido el año viejo porque me ha dejado cosas muy buenas: me dejó una chiva, una burra negra, una yegua blanca y una buena suegra”. Entre tonadas pegajosas y que no pueden faltar en ningún diciembre, menos el 31, en cada emisora y hogar de Colombia, se repite la letra tres minutos. Ojalá hacer un balance del año que termina fuera tan sencillo como lo hace el autor de esta célebre composición.
Veamos qué nos deja el 2014...
La más sucia, desagradable y deplorable campaña presidencial en muchos años. Primó, entre Juan Manuel Santos y Óscar Iván Zuluaga, la defensa de su orgullo sobre el bienestar general. Hicieron de la actividad proselitista, una seguidilla de ataques cochinos que solo logró polarizar al país, dividirlo en bandos, lo cual implica violencia. El respeto por el otro y sus posturas, parece, está mandado a recoger en Colombia.
Unas Farc más fuertes que nunca. Ni siquiera con el despeje que les hizo Andrés Pastrana en el Caguán, tuvieron tanto a su favor. Ganaron protagonismo político a nivel global y su discurso se difundió por todas partes gracias a los medios de información apostados en La Habana y que replican, sobre todo los colombianos, hasta el estornudo de los negociadores. Hoy en día, el grupo terrorista más antiguo del planeta, aprovecha las gabelas que Santos les da, y hace lo que le viene en gana con la esperanza de paz que ha sembrado el país desde hace años. Siguen asesinando mientras aquí se les suspenden las órdenes de captura por los centenares de crímenes que han cometido en más de 50 años de guerra absurda.
La institucionalidad del país en entredicho. Solo basta con mirar el caso de la destitución de Gustavo Petro y el salto a la Ley que le dio la Registraduría a la revocatoria de este mandato. Pero también fuimos testigos de la puerta giratoria en las altas cortes y las prebendas del Gobierno al Congreso de la República para que aprobara la reforma tributaria. En Colombia pasa de todo pero al final todo pasa y a nadie parece importarle el legado que estamos dejando.
Y la lista, negativa, de lo que nos deja el 2014 es larguísima y cada cual tendrá la propia, así que pararé en estos tres puntos y dedicaré la parte final, de esta la última columna del año, a lo positivo de estos 365 días, algo en lo que creo, todos, estarán de acuerdo.
El deporte, nuestros deportistas, están en el punto más alto de lo que nos queda de este año que termina. El fútbol y la gran actuación de la Selección en el Mundial de Brasil, tener al goleador del torneo y el mejor gol, nos hacen sacar pecho y sonreír cada vez que recordamos esos momentos a mitad del año en el que el país se paralizaba. El triunfo de Ibargüen en la Liga de Diamante, los de Mariana Pajón en todas las pistas en las que corrió, los patinadores y su titulo en el mundial y un destacado papel en casi todos los deportes, nos hacen sentir orgullosos de esta tierra en la que nacimos y nos devuelve la esperanza, esa que intenta irse al ver la otra cara de la moneda, en un país bello pero que al parecer quiere autodestruirse.
Por último: Feliz año para todos.
PS: donde quiera que se encuentre Gabriel García Márquez, gracias por tanto, el 2015 no será igual sabiendo que ya no vive en esta tierra.
@DiegoMorita