jueves, 27 de noviembre de 2014

Luis Alfredo Ramos

COLUMNISTA

DIEGO MORA ARIZA


       PUBLICADO EL 19 DE NOVIEMBRE DE 2014 
http://www.elcolombiano.com/

A mediados del mes de julio se dio inicio al juicio contra el exgobernador de Antioquia Luis Alfredo Ramos. Esto, nueve meses después de que lo metieran preso por sus presuntos vínculos con grupos paramilitares que, de acuerdo a las investigaciones le permitieron inferir a la Corte Suprema de Justicia que grupos paramilitares le habrían financiado su campaña política. La captura se dio con base en el testimonio de Pablo Sierra, alias “Alberto Guerrero”, además de alias el “Tuso” y alias “Ernesto Báez”. Sí, otro juicio cimentado en las declaraciones de criminales.
Primera reflexión: ¿por qué se les cree solo a los criminales que acusan? Deberían ponerse de acuerdo, o les creen a todos o no le creen a ninguno, porque eso de ser selectivos cuando nos conviene está mal hecho y lo único que logra es que esta “justicia” sea cada vez peor.
El también exsenador Ramos aceptó haberse reunido con alias “Ernesto Báez”, en Bello – Antioquia, en el año 2004 cuando hacia parte del Congreso de la República. Una reunión en la que se limitó a escuchar al jefe paramilitar que le expresó su preocupación por el futuro de los desmovilizados con la Ley de Justicia y Paz.
Segunda reflexión: ¿por qué el testimonio de un hombre que ha dedicado su vida al servicio público, que ha desempeñado sus funciones con los mejores resultados, que en la Gobernación de Antioquia logró reducir la pobreza como ningún otro mandatario, no es creíble como sí lo es el de los criminales?
Tenemos claro que en Colombia un “canazo” no se le niega a nadie. Son innumerables los casos de personas que son privadas de su libertad antes de ser vencidas en juicio. ¿Es acaso nuestro país el único en donde se es culpable hasta que se demuestre lo contrario? ¿A quién le cabe en la cabeza que Ramos es un peligro para la sociedad y por eso debe estar preso?
Tercera reflexión: después de la fallida reforma a la justicia que fue devuelta al Congreso por el presidente Santos y su, aparentemente ilegal, hundimiento, seguimos en mora de una reestructuración en este sentido, que permita devolverle la credibilidad a una cada vez más desprestigiada rama que con sus actuaciones nos llena de desesperanza. ¿Será que la presentada y que se encuentra en curso, resolverá el problema?
Luis Alfredo Ramos es un buen ser humano. Noble, sencillo, inteligente y no merece ser víctima actual de la “justicia” politizada que impera en nuestro país. Hace poco más de un año, Ramos iba camino a convertirse en candidato presidencial del Centro Democrático, junto con Francisco Santos lideraban las intenciones de ganar esa postulación. Estaba en contra de la convención, que al final terminó dándole la candidatura a Zuluaga y optaba, al igual que el exvicepresidente, por una consulta popular. En caso de haber ganado hubiera sido un gran competidor, con luz propia y una amplia opción de ganar. Una orden de captura truncó su camino. ¿Casualidad o estrategia?
Dice el viejo y conocido refrán: “para la verdad el tiempo y para la justicia Dios”. Muchos colombianos esperamos que esta situación cambie. Otro refrán dice: “la esperanza es lo último que se pierde” y somos muchos también los que creemos en que aun hay cosas por hacer y cambiar.
Por último: es inconcebible que algunos que se autodenominan seguidores de Ramos hoy estén apoyando abiertamente a un posible candidato de Sergio Fajardo a la Alcaldía de Medellín. No entiendo las supuestas convicciones que algunos dicen defender y me inclino más por pensar en que son oportunistas del poder. Eso sí, cada uno aplica la coherencia como mejor le conviene.
@DiegoMorita

jueves, 20 de noviembre de 2014

Liberen al General Alzate

COLUMNISTA

DIEGO MORA ARIZA

       PUBLICADO EL 19 DE NOVIEMBRE DE 2014 
 http://www.elcolombiano.com/

Lo dijo el presidente Santos en Europa a principios de este año, sobre el proceso de “diálogo” en La Habana con las Farc: “¿Qué me preocupa? Pues que cometan un acto de irracionalidad que lo vuelva imposible de continuar, un atentado a una figura importante, algo que haga realmente explotar en mil pedazos el proceso”. Muchos le cuestionamos lo que entendía por irracionalidad, pues en medio del proceso, que en pocos días ajustará dos años de iniciado, la razón no ha sido precisamente amiga de este grupo.
Todos los días tenemos noticias de las Farc, siempre con un componente negativo y que generan dolor en Colombia. Atentados a poblaciones, voladura de carreteras, extorsiones, asesinatos de soldados, policías y población civil, narcotráfico y, por supuesto, secuestros.
Para Juan Manuel Santos nada de lo anterior fue irracional, hasta el domingo 16 de noviembre de 2014, día en que el frente 34 de las Farc secuestró al General Rubén Darío Alzate Mora, Comandante de la Fuerza de Tarea Conjunta Titán. Es difícil entender la escala de importancia que cada persona le da a ciertos acontecimientos, pero digamos que son entendibles las motivaciones del Presidente para continuar, a pesar de las nulas muestras de paz de las Farc, con el proceso y obviamente se entiende y además se apoya que haya decidido suspender la negociación, pues un General de la República secuestrado sí que es una figura importante. Claro está, para muchos de nosotros, un soldado raso o un policía con dos días en servicio también son relevantes. Pero bueno, cada cual con su escala de valores.
Hoy Colombia tiene un General secuestrado, el proceso de “diálogo” suspendido, el presidente manejando nuevamente mal una crisis, las Farc desde La Habana dejando florecer su cinismo, pero relajadas porque las órdenes de captura siguen suspendidas, y una sociedad cansada y desesperanzada al ver que la ilusión, remota, pero ilusión al fin y al cabo, de vivir en un país más tranquilo, se esfuma otra vez por la falta de voluntad de un grupo terrorista sin ninguna intención diferente a hacerles mal a los colombianos.
El respaldo a Santos, en este momento, es unánime. Eso debe alegrarle de alguna manera, pues hace mucho que no se siente cobijado por toda la sociedad, eso sí, más allá de apoyarlo en esta decisión, la más lógica que había que tomar, lo que le pedimos al Presidente es firmeza y coherencia. Llegó el momento de exigir a las Farc un cese completo de hostilidades. Basta ya de ese cuentico de que “accedimos a negociar en medio del conflicto” y querer que aceptemos que es normal decir una cosa en Cuba y hacer otra en el Cauca. No, este país merece tranquilidad y si hay una negociación, lo mínimo que deberían asegurar, mientras esta se desarrolla, es el silencio de los fusiles. Eso sería demostrar voluntad.
Ojalá de este episodio, a pesar de lo negativo que representa, salga algo bueno. Ojalá Santos comprenda que este proceso encierra algo más importante que alimentar un ego personal. Ojalá que las Farc entiendan (sé que es casi imposible) que si pretenden reincorporarse a la sociedad, esta no es la mejor manera de conseguirlo.
Por último: la culpa, absolutamente toda la culpa de este secuestro la tienen las Farc. No obstante, la forma en que este se dio genera muchas dudas. ¿Por qué estaba el General de civil, sin escolta, desarmado? ¿Por qué tomar esa lancha, dirigirse a ese lugar y no hacer caso a las recomendaciones del soldado que conducía la lancha? Y ojo, cuestionarse esto no significa estar echándole la culpa al General, simplemente no podemos seguir tragando entero. ¿Tendremos respuestas? Ya veremos...
@DiegoMorita

 

jueves, 13 de noviembre de 2014

El agua, un conflicto más

COLUMNISTA

DIEGO MORA ARIZA

       PUBLICADO EL 12 DE NOVIEMBRE DE 2014
 
http://www.elcolombiano.com/
A propósito de las fuertes lluvias que azotan al país, recordé la emergencia que se produjo en La Guajira en el pasado mes de agosto y que venía acumulándose por años, gracias al abandono estatal y por supuesto al deporte favorito de algunos políticos: invertir mal los recursos y/o quedarse con ellos.
Somos un país coyuntural por naturaleza. Por esos días se implementaron estrategias de choque para mitigar la crisis, se hicieron recolectas de agua para llevarle a los guajiros y ayudarles así a mejorar sus condiciones (organizadas sin planeación y que ocasionaron más inconvenientes de los que solucionaron), el Gobierno inauguró pozos y los funcionarios en sus discursos prometieron y recontraprometieron que las cosas cambiarían. Hoy siguen igual, con paliativos se ha cubierto el problema y además como ya no es noticia nacional en los medios, y estamos en Colombia, el tema pasó al olvido hasta que reviente otra vez.
Hoy, entre la crisis política, de la justicia, el proceso en La Habana, el viaje de Santos a Europa y el reinado de Cartagena, los colombianos pasamos los días y gracias a los aguaceros que han desbordado las capacidades de nuestra ciudades, la percepción por la escasez de agua a la que nos vemos abocados en los próximos años, es mínima y un problema de los demás, no de nosotros porque mientras estemos bien, los del frente que se las arreglen como puedan.
En 2001, Kofi Annan, en ese momento Secretario de Naciones Unidas, declaró: “la fuente principal de guerras y conflictos en el futuro es el agua”. Hoy tenemos este preciado líquido en una cantidad ilimitada y hacemos un pésimo uso de él. Es increíble ver todavía gente lavando sus carros en la calle y desperdiciando agua o ver como algunas personas (a pesar de las lluvias permanentes) conectan sus mangueras y riegan el jardín. Ojalá todos ellos y los demás, tuviéramos claro que se estiman para el año 2025 unos 2.300 millones de habitantes del planeta con problemas de agua. ¿Y si en ese número estamos nosotros qué?
En su informe sobre distribución y eliminación de agua de 2006, la OMS y Unicef hablaban de la existencia de 300 cuencas hidrográficas en el mundo que son compartidas por 157 países, no obstante solo 9 de ellos abarcan el 60 % del agua. China que tiene la cuarta parte de la población mundial solo cuenta con un 7 % de recursos hídricos. Por otro lado, más de 1.100 millones de personas no tienen acceso a agua potable, 2.400 millones no tienen instalaciones sanitarias adecuadas y 3.000 millones padecen enfermedades relacionadas a la falta de este recurso natural tan valioso y subvalorado.
Estas cifras tal vez sean irrelevantes para algunos, no dimensionadas por otros y desechadas por la mayoría, pero eso sí, no eliminan el problema ni nos salvan a los colombianos de padecerlo. La Guajira es nuestro mejor y triste ejemplo de que la escasez y los inconvenientes que genera un mal manejo del agua ya están presentes y son palpables, que nos queramos voltear a mirar para otro lado y fingir que nada pasa, en eso somos expertos, y esperar a que nos explote esa bomba en la cara cuando sea más difícil implementar soluciones, es distinto.
Por último: vivimos en un país en conflicto permanente, el agua será tarde o temprano escasa y por ende producto de disputas por su control. ¿Será que somos capaces de cuidarla y no incluirla en la lista de detonantes por los cuales aquí nos estamos matando hace 200 años? Dios quiera que así sea.

@DiegoMorita

jueves, 6 de noviembre de 2014

El próximo Alcalde de Medellín

Por DIEGO MORA | Publicado el 05 de noviembre de 2014 http://www.elcolombiano.com/


En un año los colombianos, no abstencionistas, acudiremos a las urnas a elegir a los próximos gobernantes locales. La baraja de figuras que se empieza a mover en las ciudades no tiene fin, pues este ejercicio previo de renuncias para no inhabilitarse y poner su nombre a consideración les sirve a muchos para medirse y no perder vigencia.

Ciudades como Bogotá, Cali, Barranquilla son muy apetecidas por los políticos, ya que llegar a ser alcalde de una de ellas, representa un paso importante en las aspiraciones futuras que pudieran tener.

Por supuesto, Medellín no es la excepción y el juego político que traerá implícita la contienda electoral se vislumbra como emocionante, aunque a la vez lleno de estrategias aprendidas en la vieja escuela política y que se concentran más en resaltar las debilidades (o inventárselas) de los rivales que en mostrar las fortalezas propias. Incluso, hoy sin que ningún candidato cuente con el aval de un partido o las firmas que respalden una aspiración independiente (aun no es tiempo de presentarlas), ya son evidentes los movimientos que hacen algunos intentando invisibilizar a otros, que ni siquiera han oficializado sus intenciones. ¿Y así pretenden gobernar?

Independiente de los candidatos que se presenten, considero que el próximo Alcalde de Medellín debe:

1.  Ser un líder: la ciudad requiere un gobernante presente en todos los ámbitos que lo necesiten y no uno, como el actual, que solo aparezca a anunciar premios obtenidos y conciertos. 

2.  Tener carácter: una ciudad convulsionada, como en la que actualmente vivimos, tiene que ser gobernada por alguien a quien no le tiemble el pulso para tomar decisiones, así muchas de ellas sean impopulares. Necesitamos un alcalde que no haga cálculos que se basen en el desarrollo diario de sus funciones.

3.  Conocer la ciudad: Medellín no empieza en la Aguacatala y se acaba en la Alpujarra. Es un territorio amplio y diverso, con problemas focalizados y diferentes en cada comuna, en cada barrio. Un gobierno para todos sería el mejor impulso para la capital antioqueña.

4.  Ser coherente: lo que se piensa, se dice y se hace. Lo que se promete en campaña se cumple porque es sagrado. Esa regla pocos candidatos la cumplen. En pleno proselitismo se disfrazan de algo que después nos demuestran no ser. Los paisas no se pueden volver a equivocar en su decisión.

Y son muchas más las características que deberá tener el próximo alcalde de Medellín, traigo a colación estas cuatro que me parecen obligatorias y que, en lo personal, regirán mi proceso de análisis para escoger un nombre entre los que se presenten. 
Como he dicho ya en varias ocasiones en este mismo espacio, cada elección nos trae los mismos retos: votar por convicción, no negociar nuestra decisión y, el más difícil de cumplir en Colombia, acudir libre y voluntariamente a las urnas. 

¿Será que los colombianos seguiremos siendo inferiores a estos tres y tan sencillos retos?
Por último: Medellín necesita un líder, con carácter, que conozca la ciudad y que sea coherente. No hay duda de que esa persona existe y ojalá que tengamos la oportunidad de elegirlo para que nos gobierne. ¡La ciudad lo merece!.


@DiegoMorita

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