jueves, 4 de septiembre de 2014

Reconciliación sobre la paz

Por DIEGO MORA | Publicado el  03 de septiembre de 2014 http://www.elcolombiano.com/


Ya no sé qué me preocupa más, si que los cabecillas de las Farc lleguen al Congreso sin pagar un día de cárcel, sin entregar las armas, sin pedir perdón y mil hechos de impunidad más o la fragmentación actual de nuestra sociedad que se agudizará, tanto si se firma un acuerdo (sea el que sea en La Habana) o si se rompe el proceso que adelanta el Gobierno con ese grupo terrorista.

Lo he escrito en varias columnas y lo repito una vez más: no estoy de acuerdo con los “diálogos” de Santos con las Farc. En primer lugar porque no le creo ni un padre nuestro rezado de rodillas sobre carbones calientes a los cabecillas negociadores de las Farc, y segundo, porque no comparto las concesiones hechas por el Gobierno, los silencios, que rayan con la complicidad, ante la barbarie que no ha cesado ni un solo día y que sigue dejando colombianos muertos, familias destrozadas, hijos sin padre y lágrimas por doquier.

No obstante, entendí que después de meter todos los huevos en la misma canasta no había como dar vuelta atrás sin repercusiones aun peores que las que nos llevaron a ese punto. Santos se convirtió en un esclavo de este proceso y hoy no tiene capacidad de maniobra para levantarse de la mesa por una razón elemental: 7.784.916 de personas votaron por él con la esperanza de la paz (también para que Zuluaga, por ende el expresidente Uribe, no ganara) y esa responsabilidad no es fácil dejarla de lado, por muy mal gobernante que sea, y por eso tiene que seguir jugándose sus cartas intentando que en Colombia podamos ver luz al final del túnel por el que atraviesan esas conversaciones desde el día cero.

Debemos aceptar que Colombia hoy tiene una realidad, que a muchos nos decepciona y que estamos seguros podría ser otra, y rezar, aunque parezca en vano, para que algo bueno resulte de los “diálogos” en Cuba. Sin embargo, es preocupante la división actual en la que vivimos como sociedad y que no solo fue producto de la contienda electoral pasada, sino que refleja el sentimiento que nos identifica como país, como ciudadanos. Hemos preferido alimentar nuestros propios egos, imponerle a los demás una línea de pensamiento y nos hemos olvidado de que el diálogo real es aquel que va más allá de sentarnos a hablar y se dedica a escuchar sin querer cambiarle la forma de pensar a nadie.

No nos respetamos unos a otros, nuestras creencias son pisoteadas si no están acordes con las de los demás, mucho más si ese otro ostenta una posición de poder, entonces ¿cómo nos vamos a reconciliar algún día? Y es que la paz no llegará cuando se firme un papel en La Habana y esa foto sea portada mundial en todos los medios de información, sino cuando cada uno asuma un compromiso social de respeto, solidaridad y acatamiento de la Ley, entre otras cosas. ¿Será que estamos preparados? Si acaso lo estamos, no tenemos que esperar a que pase nada en Cuba, podemos empezar desde ahora mismo.

Por último: la impunidad no es una opción. No me cansaré de repetir, así como muchas voces lo han hecho, que las Farc no pueden simplemente saltar del monte al Congreso como si nada hubiera pasado. ¿Quieren un espacio político? Pues ganenselo, después de por lo menos pedir perdón a sus millones de víctimas y de pagar cárcel, de lo contrario ese anhelo de paz, seguirá siendo simplemente eso, un anhelo, un sueño, una utopía.


@DiegoMorita

http://www.elcolombiano.com/BancoConocimiento/R/reconciliacion_sobre_la_paz/reconciliacion_sobre_la_paz.asp

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