jueves, 25 de septiembre de 2014

La eterna tapadera

Por DIEGO MORA | Publicado el 24 de septiembre de 2014 http://www.elcolombiano.com/


Un funcionario muy cercano al actual alcalde de Medellín, Aníbal Gaviria, me dijo hace un tiempo que la única y exclusiva prioridad del mandatario era sacar adelante el Cinturón Verde para la ciudad; que si lo lograba calificaría como exitosa su gestión al frente de la segunda ciudad más importante de Colombia. Así es, a eso nos hemos estado enfrentando los medellinenses.

Es aceptable que esa sea la apuesta de Gaviria y su obra para mostrar, pues cada gobernante tiene un proyecto bandera, no obstante, es absurdo concentrarse en evitar que Medellín se siga expandiendo en sus laderas y olvidarse de los problemas realmente graves que afronta, a duras penas, como la creciente inseguridad, la movilidad (cada día más inmóvil) y la inequidad social latente en cada esquina.

Medellín todos los días es noticia. Unas veces porque se ganó un premio, otras por más premios y la mayoría por lo malo que sucede en ella. En las últimas semanas hemos sido testigos de tres noticias: 1. Los combos que controlan los barrios de la ciudad, ahora también controlan, a través de empresas legales, la venta de huevos en las tiendas (obligan a los tenderos a comprarles su producto). 2. El reportaje de Guillermo Galdós emitido en el Canal 4 del Reino Unido, en el que se dijo que Medellín es el “burdel” más grande del mundo. 3. Según Corpades, el interés del cartel de Sinaloa en los combos de Medellín.

Algún desprevenido leerá esto y dirá que es absurdo creer en que esto pase en la ciudad más feliz de Colombia y la más innovadora del mundo. Sin embargo es una realidad, que a pesar de esconderse e intentar mitigar su impacto con reconocimientos y eventos internacionales, no se puede negar y se ha convertido en una bomba de tiempo que en cualquier momento explota sin que haya lugar para evitarlo.

En la capital antioqueña pasan cosas, muchas, que no son noticia en los medios, vaya a saber uno si por falta de espacio o como estrategia para bajarles el tono a tantas situaciones a las que se enfrenta la ciudad minuto a minuto. La administración municipal “todo” lo niega o lo minimiza porque sabe que tenemos mala memoria y que lo ocurrido hoy se olvida y se cubre con lo que pasa mañana. No hay decisión para afrontar los problemas, no hay interés en ponerle el pecho al microtráfico, a la extorsión a todos los locales comerciales del centro de la ciudad, al fleteo, al sicariato. Aquí la única decisión en sembrar árboles y buscar premios internacionales que copen los titulares de prensa. Esa es nuestra Medellín, la eterna tapadera.

Y eso tiene que acabar, es preferible una ciudad que reconoce sus problemas y busca soluciones a una en la que todo es un espejismo, una utopía, un sueño que se convierte en pesadilla y nos despierta llenos de miedo y desesperanza.

Por último: el próximo año elegiremos un nuevo alcalde, desde ya tenemos que ir pensando qué queremos para la Tacita de Plata. Necesitamos a alguien sin miedo a ser impopular y con el carácter necesario para afrontar y brindar soluciones a la problemática actual. Necesitamos un mandatario con el que por fin podamos volver a decir que vivimos en la eterna primavera.


@DiegoMorita

http://www.elcolombiano.com/BancoConocimiento/L/la_eterna_tapadera/la_eterna_tapadera.asp

jueves, 18 de septiembre de 2014

#SoyIncapaz (comentarios de los lectores)

Por DIEGO MORA | Publicado el 17 de septiembre de 2014 http://www.elcolombiano.com/


La semana pasada, en este “Re-creo”, expuse seis puntos que #SoyIncapaz de aceptar como posible resultado del proceso de “diálogo" que adelanta el gobierno de Juan Manuel Santos con el grupo terrorista de las Farc desde hace dos años en La Habana. Amablemente algunos lectores comentaron en el foro habilitado por El Colombiano para opinar sobre las columnas y hoy quiero, como agradecimiento a esta interacción, citar algunos de esos comentarios que nos pueden ayudar a seguir enriqueciendo el debate, sano, que cada ocho días proponemos. 

Veamos:

Usuario: José-Franco

Esta campaña del Soy capaz, me hizo recordar otra parecida que hizo furia en el siglo pasado, en ese entonces convencieron a muchos con el cuento de que pintando la paloma de la paz, conseguiríamos la paz. Ojalá esta vez tengan mejor suerte, aunque soy pesimista-realista.

Usuario: LCL

Yo también soy incapaz de creer que haya una sola persona inteligente y bienintencionada en Colombia que le abra las puertas a la guerra y se las cierre a la paz.

Usuario: CJFernando154

Soy incapaz de creer que algunos periodistas y empresarios nos crean tan pendejos de seguirles esta payasada orquestada por mañosos.

Usuario: Yussuf

En este país el odio nos tiene tan jodidos, que nos hablan de perdón y reconciliación y reaccionamos a la defensiva. Qué triste sociedad esta, en la que la venganza y el desquite se volvieron más populares que la honestidad.

Usuario: Luzmavipo

Soy incapaz de creer en esta campaña que nos hace ver a las personas que estamos de acuerdo con la paz pero no con la forma en que se lleva el proceso en La Habana, ni creemos en las "buenas intenciones" de la Guerrilla, como que estuviéramos en contra de la PAZ en el país.

Usuario: Daiv

Lo más triste y preocupante es que esas campañas son para hacer una cortina de humo a los actos violentos que las Farc nunca han dejado de cometer. La diferencia es que Santos nos ha enseñado que la paz puede tener dobles propósitos políticos y ahora económicos. Insisto, Farc y Santos están igualaditos.

Usuario: Agom

Soy incapaz de creer que en este país del Sagrado Corazón de Jesús el delito sí paga, que para que el Gobierno nos atienda tenemos que ser delincuentes para negociar. ¿Y los buenos con quién negociamos?

Usuario: Karla24

Soy incapaz de creer que los colombianos no salgamos a protestar y esperemos a estar como Venezuela para hacerlo.

Usuario: JAlzajara

Soy incapaz de entender por qué se va a premiar a un grupo de delincuentes que lleva 50 años destruyendo los sueños de los colombianos, incluidos los guerrilleros reclutados a la fuerza, y no se hace nada para ayudar a los jóvenes que se han portado bien y quieren salir adelante.

Usuario: Clouth

#Soyincapaz de creer que el que escribe con su carita de monaguillo afligido, prefiera que se siga voleando chumbimba.

Usuario: Carlvi

Como usted, soy incapaz de perdonarles a las Farc, las bombas de El Nogal, Bojayá, sus atentados y voladuras de torres petroleras y los aterradores asesinatos y crueldades hacia nuestros soldados y policías.

Por último: muchas gracias a los más de 65 lectores que se animaron a comentar (la mayoría con respeto) y a expresar sus posiciones. También a las más de 800 personas que compartieron la columna en Facebook. Nos seguimos leyendo.


@DiegoMorita

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jueves, 11 de septiembre de 2014

#SoyIncapaz

Por DIEGO MORA | Publicado el  10 de septiembre de 2014 http://www.elcolombiano.com/


Si Twitter y otras redes sociales cuantifican las etiquetas o hashtag usados a diario en Colombia y cualquier otro organismo evalúa la cantidad de campañas que se lanzan en nuestro país para que tomemos conciencia de algo o apoyemos a los más necesitados o donemos dinero para alguna obra de caridad, entre muchas cosas más, con seguridad ocuparíamos el primer lugar, lejos del segundo, en estos dos ítems. También seríamos los número uno en perder tiempo en causas inútiles.

La última campaña + etiqueta que se inventaron es #SoyCapaz. La iniciativa surgió supuestamente de la empresa privada y a ella se unieron la mayoría de medios de información y sus directores y periodistas más reconocidos. Cada uno tiene libertad en Colombia (aun) de perder su tiempo en lo que desee y usar su tiempo en apoyar lo que considera importante. La mayoría lo hace por cumplir y para la foto, con eso seguro se sienten bien y creen cumplirle a la sociedad. Allá cada uno con su conciencia, por muy negra que la tenga.

No es mi objetivo llevarle la contraria a nadie, pero hoy este espacio lo dedicaré a confesar la verdad, aunque duela, de que soy incapaz (para seguir la moda #SoyIncapaz), veamos:

1.  #SoyIncapaz de perdonar a las Farc y mucho menos si ellas no le piden perdón al país.

2.  #SoyIncapaz de reconocerle una mínima posibilidad política al terrorismo descarnado del grupo criminal más antiguo del mundo, si ellos no reconocen una a una a sus víctimas y les piden perdón.

3.  #SoyIncapaz de aceptar que los cabecillas cínicos que están en La Habana, lleguen al Congreso de la República sin pagar por sus crímenes en la cárcel.

4.  #SoyIncapaz de permitir que ante una posible desmovilización de las Farc, sus armas, manchadas de sangre, no sean entregadas al Estado.

5.  #SoyIncapaz de creer en la voluntad de paz de aquellos a quienes no les tiembla la mano para asesinar colombianos indefensos, secuestrar, extorsionar, reclutar niños para la guerra, violar mujeres, acabar con poblaciones enteras.

6.  #SoyIncapaz de entender cómo el gobierno actual puede decir que el proceso en La Habana va por buen camino, mientras Colombia vive el día a día llena de miedo.

Y #SoyIncapaz de mucho más pero quiero invitarlos a ustedes, los pocos o muchos que lean este “Re-creo”, a que me digan de qué son incapaces. Pero no es rechazar por rechazar una iniciativa, que parece pensada desde la Casa de Nariño para ir allanando el camino a un posible acuerdo, es expresar desde el alma sus posiciones y construir así entre todos una cadena de rechazo a tantos hechos que son nuestro pan de cada día pero que al repetirse, ya parecen paisaje y parte de nuestra vida.

Por último: Dios quiera que los equivocados seamos los miles de colombianos que rechazamos a las Farc y el proceso de La Habana, los hechos indican que no es así pero Dios quiera que seamos nosotros.


@DiegoMorita

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jueves, 4 de septiembre de 2014

Reconciliación sobre la paz

Por DIEGO MORA | Publicado el  03 de septiembre de 2014 http://www.elcolombiano.com/


Ya no sé qué me preocupa más, si que los cabecillas de las Farc lleguen al Congreso sin pagar un día de cárcel, sin entregar las armas, sin pedir perdón y mil hechos de impunidad más o la fragmentación actual de nuestra sociedad que se agudizará, tanto si se firma un acuerdo (sea el que sea en La Habana) o si se rompe el proceso que adelanta el Gobierno con ese grupo terrorista.

Lo he escrito en varias columnas y lo repito una vez más: no estoy de acuerdo con los “diálogos” de Santos con las Farc. En primer lugar porque no le creo ni un padre nuestro rezado de rodillas sobre carbones calientes a los cabecillas negociadores de las Farc, y segundo, porque no comparto las concesiones hechas por el Gobierno, los silencios, que rayan con la complicidad, ante la barbarie que no ha cesado ni un solo día y que sigue dejando colombianos muertos, familias destrozadas, hijos sin padre y lágrimas por doquier.

No obstante, entendí que después de meter todos los huevos en la misma canasta no había como dar vuelta atrás sin repercusiones aun peores que las que nos llevaron a ese punto. Santos se convirtió en un esclavo de este proceso y hoy no tiene capacidad de maniobra para levantarse de la mesa por una razón elemental: 7.784.916 de personas votaron por él con la esperanza de la paz (también para que Zuluaga, por ende el expresidente Uribe, no ganara) y esa responsabilidad no es fácil dejarla de lado, por muy mal gobernante que sea, y por eso tiene que seguir jugándose sus cartas intentando que en Colombia podamos ver luz al final del túnel por el que atraviesan esas conversaciones desde el día cero.

Debemos aceptar que Colombia hoy tiene una realidad, que a muchos nos decepciona y que estamos seguros podría ser otra, y rezar, aunque parezca en vano, para que algo bueno resulte de los “diálogos” en Cuba. Sin embargo, es preocupante la división actual en la que vivimos como sociedad y que no solo fue producto de la contienda electoral pasada, sino que refleja el sentimiento que nos identifica como país, como ciudadanos. Hemos preferido alimentar nuestros propios egos, imponerle a los demás una línea de pensamiento y nos hemos olvidado de que el diálogo real es aquel que va más allá de sentarnos a hablar y se dedica a escuchar sin querer cambiarle la forma de pensar a nadie.

No nos respetamos unos a otros, nuestras creencias son pisoteadas si no están acordes con las de los demás, mucho más si ese otro ostenta una posición de poder, entonces ¿cómo nos vamos a reconciliar algún día? Y es que la paz no llegará cuando se firme un papel en La Habana y esa foto sea portada mundial en todos los medios de información, sino cuando cada uno asuma un compromiso social de respeto, solidaridad y acatamiento de la Ley, entre otras cosas. ¿Será que estamos preparados? Si acaso lo estamos, no tenemos que esperar a que pase nada en Cuba, podemos empezar desde ahora mismo.

Por último: la impunidad no es una opción. No me cansaré de repetir, así como muchas voces lo han hecho, que las Farc no pueden simplemente saltar del monte al Congreso como si nada hubiera pasado. ¿Quieren un espacio político? Pues ganenselo, después de por lo menos pedir perdón a sus millones de víctimas y de pagar cárcel, de lo contrario ese anhelo de paz, seguirá siendo simplemente eso, un anhelo, un sueño, una utopía.


@DiegoMorita

http://www.elcolombiano.com/BancoConocimiento/R/reconciliacion_sobre_la_paz/reconciliacion_sobre_la_paz.asp