jueves, 31 de julio de 2014

Acabar la reelección

Por DIEGO MORA | Publicado el 30 de julio de 2014 http://www.elcolombiano.com/


Los dirigentes colombianos son expertos en combatir los problemas con paliativos que solucionan por un tiempo los inconvenientes, pero que a la larga no sirven para nada. Actúan en las coyunturas, pero no piensan en lo estructural y por eso, aunque suene muy trillado, estamos como estamos.


En el discurso de instalación del “nuevo” Congreso, el presidente Santos anunció que buscaría eliminar la reelección, que el periodo presidencial fuera de cinco o seis años y equiparar el de alcaldes y gobernadores, unificando las fechas para elegirlos a todos (con lo segundo estoy totalmente de acuerdo). Precisó, que esto no lo cobijaría a él sino a sus sucesores. No hacía falta la claridad, pero igual gracias, muchas gracias.

¿Por qué acabar con la reelección? ¿Por qué echarle la culpa de las irregularidades que se presentan a su alrededor y no a quienes las generan? ¿Sin reelección se acaba la corrupción que vemos cada cuatro años en época electoral? Algunos dirán que no se acaba pero sí disminuye y eso es mejor que nada; lo que me recuerda a Hilario Ramírez, exalcalde de San Blas, Nayarit -México-, quien admitió haber robado al erario en su mandato. En un discurso en plaza pública dijo: “¿que le robé a la presidencia? sí le robé, sí le robé, sí le robé, poquito porque estaba bien pobre, poquito, le di una rasuradita, no más una rasuradita”.

La reelección no es el problema. El problema son los políticos que se aprovechan de ella para sacar un beneficio personal, y no me refiero solo a quienes aspiran a ser reelegidos, también a todos los que están a su alrededor. Es claro que el presidente de turno tiene las de ganar, y no solo en Colombia sino en cualquier país, porque en su calidad de candidato y mandatario, tendrá el doble de exposición ante la opinión pública, los recursos del Estado a su disposición, el favor de los medios y mil ventajas más, pero también puede perder al exponerse a una evaluación de su gobierno en la que solo el ciudadano que se levanta a votar tiene la última palabra. No olviden a Nicolás Sarkozy que en 2012 perdió su reelección en Francia, por citar un solo caso.

La reelección le permite al ciudadano premiar o castigar al gobierno. ¿Que tiene problemas? Claro que sí, es Colombia, pero busquemos soluciones, no es tan difícil. ¿O será que al eliminarla, quienes lo proponen, creen que todo será perfecto? ¿Se conforman con que las irregularidades se acaben un “poquito”? ¿Olvidan cómo eran las elecciones antes de 2006? 

Llegó el momento de que la clase dirigente en Colombia asuma los problemas de manera integral y no con remiendos. ¿Qué tal si se crea un escuadrón contra delitos electorales que pueda actuar de manera rápida, sin dilaciones y que en cuestión de días castigue a quien viole la ley? Existen muchas maneras de atacar el crimen, cualquiera que este sea, pero lo único que se requiere es la decisión de hacerlo y la firmeza para que no le tiemble la mano, y algo más, a quien deba tomarlas. Ojalá tuviéramos una casta de gobernantes con ganas de dar la pelea en beneficio del país y no en el suyo propio.

Por último: Santos, y su mayoría en el Congreso, tumbarán la reelección, no hay duda y entraremos a periodos de cinco o seis años, mucho tiempo para un mal gobernante, sobre todo cuando la revocatoria de un mandato es casi imposible en Colombia e incluso para presidente ni siquiera existe. No obstante, que alcaldes, gobernadores, concejales y diputados tengan el mismo periodo que el presidente y se elijan simultáneamente, es un gran paso de nuestra democracia. Por el bien de Colombia, esperemos que todo salga bien.


@DiegoMorita

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jueves, 24 de julio de 2014

Andrés Felipe Arias

Por DIEGO MORA | Publicado el 23 de julio de 2014 http://www.elcolombiano.com/


Es posible que Alberto Bernal, en su columna -La tragedia de Arias- publicada en La República, haya escrito todo lo que muchos pensamos sobre el caso del exministro y el juicio que le siguió la Corte Suprema de Justicia. Para la fecha, aun no se conocía la condena de 17 años y 4 meses de cárcel y la multa de 30 mil millones de pesos que le fue impuesta a Arias. (Lea la columna http://www.larepublica.co/la-tragedia-de-arias_145681)

Abogados, periodistas, uribistas, y quienes no lo son, ciudadanos del común concuerdan en dos cosas: Arias no se robó un solo peso (la misma CSJ lo reconoce) y la condena es absurda. Coincidencias que llaman la atención en un país polarizado y en el que se aprovecha para meter el dedo en la llaga cuando la situación afecta la figura y el círculo del expresidente y, ahora, senador Uribe.

Creo en la inocencia de Arias. Creo que la condena es extrema y exagerada. Creo que está politizada y busca mandar un mensaje claro y directo. Creo que con ella se le hace un gran daño a la institucionalidad y se hunde mucho más la credibilidad de la justicia colombiana. Basta solo con voltear la mirada a un caso reciente en Bogotá. Julio Gómez desfalcó al Estado en miles de millones de pesos y por sus delitos lo condenaron a 10 años de cárcel y a pagar un multa de 2.500 millones de pesos. Regresen al primer párrafo y saquen sus propias conclusiones.

No desconoceré que Arias pudo equivocarse. Tal vez le faltó más control y vigilar adónde se iban los recursos de Agro Ingreso Seguro, por lo cual le cabía responsabilidad siendo el titular de la cartera de Agricultura, y en el sector público si uno se equivoca pues tiene que responder, pero de ahí a condenarlo como el peor de los criminales hay mucho trecho y eso es una infamia que le debe dar pena a la Corte.

Arias ha sido condenado por peculado a favor de terceros y celebración de contrato sin cumplimiento de requisitos legales. El primer delito, supuestamente, porque era él quien decidía adónde se iban los recursos para que las familias que los recibieron le donaran a su campaña a la presidencia. No hay un solo testimonio que soporte tal acusación. El segundo delito es por haber firmado con el IICA –organismo de la OEA- un contrato sin previa licitación. Esta acusación da risa. Como dice Alberto Bernal: “Para la Fiscalía, y ahora para la CSJ, únicamente el contrato firmado por Arias con el IICA es criminal. El resto, todos NO licitados, pues esos sí están bien…”. Para entender las motivaciones de esta condena no hace falta creer en Arias o en Uribe, solo hace falta tener tres dedos de frente.

Ojalá no se desconozcan las irregularidades de este fallo, porque con él no solo se está afectando a Andrés Felipe, a su esposa y a sus hijos, también a la base institucional del país que cada día se resquebraja más y no sabemos cuánto tiempo pueda aguantar.

Por último: no soy quién para decirle a Andrés Felipe Arias qué hacer. ¿Regresar al país y pasar en la cárcel parte importante de su vida o acudir al asilo político en Estados Unidos? Lo ideal sería que responda ante la justicia y pelee con todas las fuerzas por su buen nombre, pero esa es una decisión personal y que respeto, porque como dice el viejo y conocido refrán: para la verdad el tiempo y para la justicia Dios.


@DiegoMorita

http://www.elcolombiano.com/BancoConocimiento/A/andres_felipe_arias-23072014/andres_felipe_arias-23072014.asp

jueves, 17 de julio de 2014

No es más que un hasta luego

Por DIEGO MORA | Publicado el 16 de julio de 2014 El Colombiano


Este "Re-creo" llega hoy a su final en la versión impresa del periódico. El comité editorial ha decidido brindarle la oportunidad a un nuevo talento, para que exponga sus opiniones a los miles de lectores de este importante diario, al igual que lo hizo conmigo hace cuatro años.

Aquí va una sencilla despedida. 

Mi primera columna se tituló ¿Dónde está la esperanza de nuestros niños y niñas? y fue publicada el 11 de junio de 2010, en el marco del proyecto Jóvenes Pioneros, que nos abrió las puertas a muchos que queríamos expresarnos y que encontramos en El Colombiano, el mejor medio para hacerlo.

Al leerla nuevamente, la encuentro llena de errores, pero recuerdo, como si fuera este mismo instante, la sensación en el estómago por la emoción de publicar por primera vez. Sensación que no ha desaparecido y que sigo sintiendo cada lunes, cuando me siento a escribir, y cada miércoles cuando abro el periódico y veo allí una de mis 141 columnas publicadas. 

Aquí escribí algunas como: No más Farc, Soy un idiota útil, Eufemismos Santos, Con Uribe sí se charla, Las vallas de Pacho, y muchas más, con las que cada semana expuse mi opinión a los lectores, recibiendo como respuesta, de la gran mayoría, comentarios positivos, pero también ofensas y reproches; lo que por supuesto es normal y acepté con la responsabilidad que el medio te otorga.

Este "Re-creo" continuará desde la plataforma digital del periódico. Allí seguiremos exponiendo nuestros puntos de vista y los pondremos a consideración del público. Pero no puedo evitar sentir nostalgia de la versión impresa. Primero fue el uno que el dos, primero fue el papel que la internet, y aunque sé que la web ofrece un mayor espectro de lectura y que el impreso tiende a desaparecer, pienso en los lectores que solo lo hacen porque les llega el periódico a la casa o lo compran en el supermercado. Para la muestra un botón, Ana Elvira, fiel lectora cada miércoles, a quien desde la próxima semana le tendré que enseñar, a sus 86 años, a entrar aelcolombiano.com y buscar allí lo que escribí. ¡Nunca es tarde abuelita…

En fin, este recorrido de cuatro años y tantas palabras escritas solo me deja enseñanzas, que espero seguir cultivando desde la web. A los lectores de siempre, un millón de gracias y espero que sigan ahí, gozándose conmigo este "Re-creo".

Por último: bienvenido el joven columnista que ocuparáeste espacio, le deseo éxitos y que aproveche la gran oportunidad que esta importante marca, El Colombiano, le brinda. Lo leeré atentamente.

Todas mis columnas, opinión en otros espacios y cuentos se encuentran enwww.en500palabras.com.


@DiegoMorita

http://www.elcolombiano.com/BancoConocimiento/N/no_es_mas_que_un_hasta_luego/no_es_mas_que_un_hasta_luego.asp

jueves, 10 de julio de 2014

Fútbol y felicidad

Por DIEGO MORA | Publicado el 09 de julio de 2014 El Colombiano


El fútbol nos permite olvidar. Son noventa minutos en los que nada más importa, no pensamos en cosa distinta y permitimos que otros temas pasen de largo aun cuando sabemos que la vida continúa, que los problemas siguen creciendo, que en las calles la gente sigue muriendo, que los criminales siguen delinquiendo y los niños continúan siendo maltratados. El fútbol es nuestro mejor laxante, porque con él expulsamos de nuestro ser todo lo malo, y así sea por una hora y media, sin importar el resultado, vivimos en un mundo ideal.

Y es el mismo fútbol, que nos separa semana a semana con cada partido de la liga local, el que lleva a los hinchas (en muchos casos vándalos y criminales) a matarse entre sí por defender un color, por el equipo de sus amores, de su vida (y muerte), el que nos brinda la posibilidad de hacer catarsis y defender una misma camiseta, besar nuestra bandera, cantar el himno (ese mismo que se ignora en todos los estadios del país) con toda la fuerza de nuestra alma y gritar los goles como si no hubiera un mañana.

Es el fútbol nuestro deporte nacional. Ningún otro nos congrega con tanta regularidad. Cada tanto somos expertos en ciclismo, salto triple, tenis o automovilismo, pero siempre tendremos a un director técnico latente y hablaremos con propiedad de la táctica a seguir en el próximo partido, la nómina a utilizar y los cuidados a tener con el equipo contrario. Sufriremos como nadie desde la tribuna o frente al televisor y crucificaremos al arquero por ese error que nos costó un gol, al delantero por fallar en la definición y al árbitro por no expulsar al contrario que cometió una falta violenta. Siempre creeremos que nosotros pudimos hacerlo mejor.

Esta Selección Colombia que regresa de Brasil, y que es recibida con todos los honores, nos cambió el chip. Volvimos a creer, soñamos despiertos ante el buen juego y, a diferencia del pasado ante la derrota, sentimos la tristeza normal de quien pierde pero no la decepción a la que nos habíamos acostumbrado. Estos 23 jugadores y su cuerpo técnico no hicieron historia en Brasil, sino que empezaron a reescribir las páginas del fútbol colombiano, algo que 47 millones de habitantes no nos cansaremos de agradecer.

Por último: la Federación Colombiana de Fútbol debe asegurar la continuidad del proyecto Pékerman. Consigan el dinero y renuévenle el contrato, sino lo logran, hagan una vaca en todo el país y entre todos recogemos, con gusto, lo que haga falta, aunque sabemos que jamás tendremos con qué pagarle la felicidad que nos hizo sentir, porque ella no tiene precio.


@DiegoMorita

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jueves, 3 de julio de 2014

El mundo de afuera

Por DIEGO MORA | Publicado el 02 de julio de 2014 El Colombiano


Cuando usted se asusta, llora, ríe, se enternece y no puede parar de leer un libro hasta terminarlo (rezando a la vez para que nunca se acabe) es porque ese libro solo tiene una definición: es perfecto. Me acaba de pasar con El mundo de afuera de Jorge Franco, novela que tiene como eje central el secuestro y posterior asesinato de Diego Echavarría (no les cuento mucho más porque vale la pena que lo lean y que cada uno descubra la maravilla de esas 302 páginas).

Hace rato no me conectaba tanto con una historia. Soy un buen lector y procuro tener un libro nuevo en mi mesa de noche cada semana. Algunos pasan sin pena ni gloria por mis manos y al leer su última palabra van a parar de inmediato a la biblioteca y los olvido pronto. Con El mundo de afuera fue distinto, y no podía ser de otra manera, todavía está al alcance de mi vista, lo repaso a cada momento y siento unas ganas impresionantes de volverlo a leer (lo haré claro está), pero voy a darle una espera a mi emoción.

No acostumbro a comprar libros recién lanzados y tampoco leo las reseñas que se hacen de las grandes obras porque no me gusta hacerme una idea previa de lo que allí podré encontrar. Pero sí me enteré de la polémica de Franco con el Museo El Castillo (escenario natural de la historia) que a dos días de la presentación reversó la decisión de que se hiciera allí. Una medida incomprensible pero respetable aun cuando nos hagamos esta pregunta: ¿prestar el museo para grabar videos de reguetón y no para la presentación de una obra literaria ambientada en ese lugar y que viene de ganarse el Premio Alfaguara de novela 2014? Cada uno buscará su propia respuesta.

El mundo de afuera está lleno de diálogos espectaculares y que terminan de forma inesperada: tristes, divertidos, rabiosos, tiernos. Encontró Jorge Franco una narrativa sublime para regalarnos esta historia y llevarnos de viaje por la Medellín de los años 60, por Alemania y por una Santa Elena (fría como siempre) y resumida en una casa a punto de caerse y un bombillo siempre encendido. En esta novela se funden la realidad y la fantasía, al punto de que no se sabe cuál es cuál, pero lo mejor de todo es que no importa, ¿acaso quién no ha querido vivir un cuento de hadas?

Por último: no sé si está sea la obra maestra de Jorge Franco, lo que sí sé es que ya es una obra maestra de la literatura colombiana y una lectura obligada.


@DiegoMorita

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