jueves, 20 de marzo de 2014

Póquer de Juan Manuel

De verdad pensé que Juan Manuel Santos se tomaría más tiempo para emitir su decisión con respecto a la destitución de Gustavo Petro. Pensé que haría más cálculos, que indagaría más las implicaciones en uno u otro sentido. Sin embargo, anoche me sorprendió por lo rápido de su accionar y sobre todo porque aceptó la solicitud del Procurador de destituir al Alcalde de Bogotá.

Pero hoy con cabeza fría me puse a pensar que quienes no compartimos las políticas de Santos podremos tildarlo de lo que sea menos de bruto. Él, un jugador de póquer experimentado, no muestra sus cartas sin estar seguro de que la mano le es favorable, o en nuestro lenguaje coloquial, no da puntada sin dedal.

Tal vez el alto gobierno conocía el sentido del fallo que emitiría el Consejo de Estado con anterioridad y tuvo tiempo para evaluar todas las opciones. Quizás no se esperaban las medidas cautelares de la CIDH (quizás sí) pero al no ser vinculantes ni de obligatorio cumplimiento, eran fáciles de ignorar. Entonces, simplemente tenían que esperar a que el Procurador radicara la carta, recibirla, unas reuniones, café, escribir el comunicado, citar a Rafael Pardo, a la Canciller y listo, salen del tema de manera decorosa.

La pregunta es ¿le conviene a Juan Manuel la decisión que tomó? Cada uno la responderá de acuerdo a la interpretación política que haga. En lo personal creo que sí le conviene.

¿Por qué?

En primer lugar porque de alguna manera desvía la atención y el debate. Por los tiempos en los cuales se tiene que hacer la elección del nuevo Alcalde (finales de mayo), tendremos dos campañas simultáneas (lo cual me parece peligroso. Creo que la elección en Bogotá se debe hacer en junio), así que el país dividirá su atención y claro, Bogotá, que pone la votación más alta para la Presidencia.

En segundo lugar, Petro ganó en 2011 con el 32% de los votos y lo logró porque los candidatos sin opción (Parody, Galán y Luna) fueron incapaces de hacer una alianza con Peñalosa y dividieron a los votantes. Ganó legítimamente, nadie lo niega, pero su triunfo no fue arrollador. Eso lo sabe Santos, sabe que quienes no votaron por Petro suman más del 50% en Bogotá y a ellos les envió un mensaje: estoy con ustedes y quiero un nuevo rumbo para nuestra ciudad. Si logra captar esos votos estaríamos hablando de más de un millón. Claro, siempre hay que darse la pela, bajémosle el 50% y tenemos 500 mil votos, una cifra nada despreciable para arrancar.

Tercero, tendrá como Alcalde encargado, en plena campaña reeleccionista, a uno de sus ministros. Esto le otorga un poder adicional en la capital del país, en donde, sin duda, buscarán sacar una gran cantidad de votos, debido a que en las regiones no será fácil. Obviamente no será fácil, porque en su gobierno se olvidó de ellas.

Cuarto (y para terminar el póquer) esto, ante los ojos de los incautos, lo muestra (a Santos) como un gobernante con capacidad para tomar decisiones contundentes, de carácter y que quizás se pueden catalogar como impopulares, teniendo en cuenta las medidas cautelares de la CIDH y que se podrían llegar a presentar incidentes internacionales. No obstante, que esto lo pudiera mostrar de una manera diferente a como la mayoría del país lo ve y eso haga que cambie nuestra opinión, es complicado, porque un mal gobierno y nuestra percepción no cambiará con una sola decisión.

Pero recordemos que vivimos en un país coyuntural en el que la gente olvida fácil y se deja llevar por la marea alta. No sé si le alcance a Santos para reelegirse (todas las cartas están a su favor) pero con seguridad esta decisión fue tomada pensando en beneficiarse de ella y debemos estar atentos de su paso a seguir.

PS: nada raro que en la próxima encuesta Santos salga disparado. Nada raro que nos salga en estos días con alguna decisión sobre San Andrés. Nada raro que su discurso frente a La Habana se endurezca. Nada raro que su discurso frente a Uribe se suavice porque de este gobierno ya no hay nada que nos pueda parecer raro.


@DiegoMorita

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