viernes, 24 de enero de 2014

Soltar todo y largarse*

 Soltar todo y largarse. Qué fascinante
volver al santo oficio de la veleta,
desnudando la vida como un bergante
y soñando que un día serás poeta.

(Fragmento de la canción Soltar todo y largarse)

Silvio Rodríguez

Lo último que se pierde es la esperanza, es una frase muy repetida por el ser humano en momentos difíciles. Se ha dicho mucho después de conocer la lesión de Falcao y su alta probabilidad de perderse el mundial. También la dijo Petro cuando conoció la decisión de la Procuraduría de destituirlo e inhabilitarlo. Luego la dijeron los opositores a Petro cuando un magistrado suspendió esa decisión (si, el magistrado que está casado con una empleada de la empresa de acueducto de Bogotá, puras casualidades claro está). Lo repiten hasta la saciedad Juan Manuel Santos y sus áulicos para hablarnos sobre el proceso de paz y obviamente, la dicen quienes no están de acuerdo con lo que pasa en La Habana, esperando que el país no se le regale –más- a las Farc. En fin, se repite según la situación y la convicción de cada cual.

No obstante, pareciera que esa frase (en Colombia) es más un pajazo mental que nos echamos para no desfallecer, que una realidad, porque día a día y con el devenir de los acontecimientos, estamos llegando a un punto sin retorno, un punto sin esperanza.

Y qué más puede uno pensar cuando lee las declaraciones del Presidente Santos en Europa sobre el proceso que lleva con las Farc: “¿Qué me preocupa? Pues que comentan un acto de irracionalidad que vuelva imposible continuar, un atentado a una figura importante, algo que haga realmente explotar en mil pedazos el proceso”.

¿Qué creerá  Juan Manuel que significa irracionalidad? Quizás, hacer estallar un carro bomba cerca a la Alcaldía de Inzá – Cauca y asesinar a 9 personas (cinco militares, un policía y tres civiles) y dejar 40 heridos. O una moto bomba en Pradera – Valle del Cauca que asesinó al mensajero del pueblo de 77 años y dejó a 61 personas heridas y ante lo cual el señor Santos expresó en Twitter: “Condenamos vil acto terrorista en Pradera. @mindefensa se traslada al sitio. Qué forma tan irracional y contradictoria de actuar de las FARC”. ¿Y entonces? ¿Gobernados por la incoherencia?

¿O será irracional derribar un helicóptero? Al parecer para nuestro flamante Presidente y aspirante a la reelección no, porque hizo hasta lo imposible por negar el hecho (que hizo evidente Uribe con unas fotos que mostraban los impactos de bala que tuvo el helicóptero) pero que no pudo sostener porque las Farc se atribuyeron ese cruel, inhumano, terrorista e irracional atentado.

Se pone peor cuando uno ve, oye y analiza a las Farc y sus declaraciones desde las comodidades de El Laguito en Cuba, en donde después de 14 meses disfrutan de la vida, sin presiones, sin ordenes de captura, paseando en catamarán y poniendo el ritmo de los diálogos (supuestos) que sostienen con el gobierno. Dijo hace poco Iván Márquez: “…no se puede mantener al país incendiado y darle destino de carne de cañón a centenares de soldados humildes”, refiriéndose a declaraciones de Santos en España. Más adelante remata con: “no estamos en la mesa de diálogos como consecuencia de una presión militar y en el camino del sometimiento”. Entonces nos preguntamos, aunque sobra el cuestionamiento, ¿para qué están negociando?

Colombia tiene claras las verdaderas intenciones de las Farc. Este grupo de terroristas, porque no son menos que eso, lo que en realidad quiere es: olvido por parte de los colombianos de todos sus crímenes, perdón de sus culpas ante la justicia, curules en el Congreso de la República y allanarse el camino para llegar al poder. Eso sí, todo lo anterior sin entregar armas y sin abandonar su lucrativo negocio y soporte principal de sus finanzas: el narcotráfico. Es que así cualquiera se sienta a negociar!

Entonces ¿la esperanza es lo último que se pierde? Debo confesar que después de casos como los que relato más arriba, que son un porcentaje mínimo de todo lo que pasa a diario en Colombia, a veces pienso que no hay más esperanza y creo que lo mejor es tirar la toalla y dedicarme al deporte más practicado por la clase política que actualmente nos gobierna: mirar para el paramo y fingir que aquí no pasa nada.

Pero esos pensamientos me los espanta mi hija. Mi familia, mis amigos, compañeros y conocidos que no sabemos lo que es vivir un día en paz (sin la zozobra cuando los noticieros anuncian un “último minuto”) y que queremos mejores condiciones para todos.

Si, sé que me he metido en la retórica clásica de querer dejar un mundo mejor para las futuras generaciones, para los hijos de mis hijos y etcétera, pero en realidad es así y somos más los que nos negamos a que esto siga igual.

Seguiremos en esta lucha, en la defensa firme de nuestras convicciones y esperando que en el mediano y largo plazo los resultados se vean y cambie nuestra situación, que podamos disfrutar plenamente de nuestras libertades, sin temores, sin miedos. Esperemos que nos toque o a los hijos de nuestros hijos y que para ellos eso de que la esperanza es lo último que se pierde sea simplemente un refrán que no requiere aplicación.

@DiegoMorita


*Título tomado de la canción “Soltar todo y largarse” de Silvio Rodríguez

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