jueves, 16 de enero de 2014

Creencias, política y dinero

En el país de las polémicas y las coyunturas, hoy se centra la discusión en la aberrante e ignorante posición de la señora María Luisa Piraquive con respecto a las personas en situación de discapacidad (o inválidos o minusválidos como erradamente algunos les llaman) y la prohibición de subir al pulpito en su iglesia cristiana.

Es reprochable esta discriminación, sobre todo en un país que no ha  logrado ser 100% incluyente (y ni está cerca de serlo), en el que se construyen edificios sin acceso para una silla de ruedas o aceras sin rampa o guías para que invidentes caminen. Si, reprochable y todo cuanto quieran decirle a la señora y a su hija Senadora de la República y que con seguridad intentará continuar con su puesto desde el próximo 20 de julio, sin embargo en el país del Sagrado Corazón y del realismo mágico y en el que nadie tiene memoria, mañana o pasado, quizás el lunes para ser optimista, nadie hablará al respecto porque para ese día los medios nos darán otro tema de que hablar.

Mucho más inoficiosa la polémica (sin dejar de decir que es importante evidenciar este tipo de posiciones dañinas para una sociedad tan carcomida como la nuestra), porque el 9 de marzo, habrá quien vote por Piraquive o en dos años por Jairo Cardozo (actual concejal de Bogotá por el mismo partido) que nos dio claridad sobre el tema diciendo “eso no es discriminación sino requisitos establecidos por Dios. Cuándo han visto un presentador de TV mutilado. Son reglamentos”. Una verdadera lumbrera de Concejal, pinta para Presidente…dirán algunos.

Pero se pone peor, el domingo muchos “fieles” de esta iglesia irán a encomendarse a Dios, a pedirle perdón por sus pecados y dejarán sus diezmos, fin último de este tipo de congregaciones, con eso resarcirán sus culpas y saldrán con el espíritu limpio y en paz a seguir con sus vidas, aunque en ellas este presente que una persona sin un ojo o un brazo no merece mayor cosa.

No obstante, no es problema solo del MIRA y de sus posiciones, es un problema social en el que juzgamos a los demás por ser diferente: negro, blanco, amarillo, alto, bajito, gordo o flaco siempre existirá quien se crea mejor y con el derecho a rechazar a otros.

Es triste que este tipo de cosas pasen, pero es inevitable en una sociedad que se mueve por lo material. Ya quisiera ver yo a las miles de iglesias sin pedirle dinero a sus “fieles”, pero mejor aun, quisiera ver a un pastor o pastora pobre, sin el carro del año, con ropa sencilla. Si, sé que es mucho pedir... pero soñar no cuesta nada.

En fin, esperemos a ver de qué hablaremos y con qué nos indignaremos el lunes, quizás con las Farc y su cinismo, con el gobierno y su laxitud, con Petro y su prepotencia o con el cierre de varias estaciones del Metro de Medellín, cualquier cosa que nos ayude a alejarnos de la realidad, aunque esa sea, precisamente, nuestra realidad.

 @DiegoMorita


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