viernes, 27 de septiembre de 2013

Renovación en el Congreso

Por DIEGO MORA | Publicado el 25 de septiembre de 2013 El Colombiano


Sin duda la lista presentada por el expresidente Uribe al Senado de la República marcará un antes y, ojalá, un después en el Congreso de la República. Caras nuevas que sin esta oportunidad jamás podrían llegar a legislar, serán las encargadas de cambiarle la imagen, cada día más desprestigiada, a una Corporación que en la actualidad, gracias a la Unidad burocrática y llena de mermelada nacional, deja mucho que desear.

Todos aquellos senadores nuevos que lleguen por el Centro Democrático y detrás de Uribe, lo harán jalados por una persona que jamás ha perdido una elección en sus 40 años de vida pública (tal vez sus detractores digan que el referendo de 2003 lo perdió, yo creo que quien perdió fue el país al no respaldarlo) y que entiende y sabe transmitir muy bien su visión política.

Los nombres en esa lista, creo que serán entre 20 y 25 senadores, llegarán a ocupar sus puestos en el Senado sin deberle favores a nadie, sin compromisos con contratistas o caciques electorales de sus regiones. Llegarán libres de vicios y con el compromiso de honrar los cinco pilares establecidos por el expresidente Uribe el día que anunció su intención de encabezar la lista: seguridad democrática, confianza inversionista, cohesión social, diálogo popular y Estado austero, que son simplemente el resumen de una visión amplia de país y un anhelo de progreso para todos los colombianos.

Uribe sabe lo que quiere y además tiene claro cómo conseguirlo. Ser egoísta con él mismo y presentarse a encabezar una lista después de ser Alcalde de Medellín, dos veces Senador, Gobernador de Antioquia y dos veces Presidente no es más que una forma de agradecerles a los colombianos que día a día lo respaldan y le piden que contribuya a recuperar el rumbo, perdido hace 3 años (no sabemos por qué ni para qué) y que hoy tiene al país triste y en una profunda división.

Los colombianos hace rato suplicamos por una renovación, por reformas estructurales que nos ayuden a saltar esta brecha que nos tiene relegados. No fue solo el discurso firme contra el terrorismo lo que llevó al poder a Uribe dos veces, fue su imagen distinta al político tradicional, su cercanía con la gente, su naturalidad y sinceridad lo que contribuyó a que Colombia confiara en él. 

Por último: más que creer en la lista de Uribe, debemos creer en Uribe, en su criterio y en que aprenda de sus errores. Mi confianza para Paola HolguínAlfredo Ramos y Paloma Valencia.

@DiegoMorita

jueves, 19 de septiembre de 2013

Uribe al Senado

Por DIEGO MORA | Publicado el 19 de septiembre de 2013 El Colombiano


Sí, el rumor resultó cierto y el expresidente Álvaro Uribe Vélez irá en la lista al Senado por el Centro Democrático. El uribismo en su gran mayoría lo esperaba, los opositores, ansiosos, pedían que se definiera de una vez por todas esta aspiración y la política recomponía sus paradigmas, pues es atípico que un expresidente aspire (en este caso después de dos periodos de gobierno) a ser senador de la República. La decisión está tomada y lo que se viene de aquí hasta marzo promete ser una de las contiendas electorales más emocionantes en la historia del país.

Más allá de un tema de ego o de vanidad personal, Uribe aspira a ser senador porque su talante no le permite cruzarse de brazos mientras ve cómo poco a poco se derrumba lo que tanto le costó construir. No nos digamos mentiras, ni seamos benevolentes con el gobierno actual deJuan Manuel Santos, el país va mal y no solo porque las encuestas lo digan sino porque la realidad lo evidencia, el sentimiento de los colombianos lo ratifica y la desesperanza que sentimos por el rumbo actual, del que fuera el país más feliz del mundo, lo refuerza.

El Presidente insiste en que su gobierno tiene problemas de comunicación. Es posible que sus asesores hayan confundido el gasto desbordado en pauta (1.9 billones al año) con saber transmitir el mensaje de lo que están haciendo para que nos llegue limpio y diáfano a los colombianos. Sin embargo, cuando no hay nada que comunicar es muy difícil hacerlo, por eso es más sencillo pautar e invadir los medios con propaganda estatal.

Uribe vuelve al ruedo, porque en Colombia hay cosas que no están funcionando; y no es que yo crea que él es un mesías y nuestro único salvador, pero sí creo que tiene un liderazgo inmenso, el país lo quiere y su voluntad de trabajo es ilimitada, algo que muy pocos políticos tienen.

Si algo ha demostrado Uribe es que no es egoísta con Colombia. Hoy podría estar disfrutando de unas merecidas vacaciones, de su familia, de su nieto, no obstante sigue recorriendo el país, escuchando a la gente y trabajando por dejarles a las nuevas generaciones un mejor lugar en el cual vivir o como él dice: "un país en el que puedan ser felices".

Por último: hubiera preferido un no en vez del sí que todos escuchamos. Para mí Uribe ya cumplió, mal o bien, no importa, ya cumplió con su trabajo y dedicación. Hoy, nos regala horas extras de su vida, sacrificio que Colombia le agradecerá.


@DiegoMorita

jueves, 12 de septiembre de 2013

¿Inaplicable es igual a desacato?

Por DIEGO MORA | Publicado el 11 de septiembre de 2013 El Colombiano


Fueron 294 días y una estrepitosa caída en todas las encuestas (incluso en aquellas en las que siempre salía bien) lo que necesitó el presidente Juan Manuel Santos para sacar pecho, endurecer el tono de la voz y enviarles a Colombia y el mundo (cuando digo mundo me refiero específicamente a Nicaragua) un mensaje fuerte y claro: San Andrés es nuestra y el fallo que el 19 de noviembre de 2012 la Corte de La Haya expidió, es inaplicable. Apoyo total en esta posición (suena raro) al presidente Santos.

Apenas conocido el fallo, Santos recibió una llamada de Álvaro Uribe Vélez, quien en su calidad de expresidente y miembro de la Comisión de Relaciones Exteriores fue contundente al recomendarle desacatar dicha sentencia. Los argumentos (propios de alguien que tiene profundo conocimiento del país) son los mismos, que casi 10 meses después, utiliza Juan Manuel Santos para, en horario triple A y por tercera vez en dos semanas, aparecer en nuestros televisores a transmitirnos la decisión adoptada por su gobierno.

Las preguntas que surgen son muchas, citaré dos: ¿por qué tardó tanto este gobierno en tomar una decisión que causó en los colombianos, sobre todo en los isleños, zozobra y un cierto ánimo independentista? Por otro lado, ¿significa lo mismo para Santos inaplicable y desacato, o el optimismo que hoy sentimos al pensar que nuestro mapa continuará igual puede esfumarse en cualquier momento?

Con Juan Manuel Santos no sabemos. De él siempre recibimos incertidumbre y nos llenamos de dudas gracias a sus argumentos y su infinita falta de ideas. Simplemente hay que analizar el resultado que nos dejan estos meses en La Habana, sus intervenciones sobre el reciente paro nacional, su incumplimiento con Gramalote y las locomotoras que no arrancaron, por citar unos pocos ejemplos.

Pero como dije al principio, apoyo totalmente al mandatario con esta decisión, que ojalá se mantenga firme cuando se conozca la reacción de Nicaragua, cuando las Farc expresen su opinión y cuando todos los países (que sientan derecho a opinar) empiecen con sus presiones y amenazas. Ya sabemos que tiene facilidad para cambiar de opinión.

No obstante, todo este enredo con San Andrés ha servido para afianzar nuestro sentimiento nacional. La mayoría de colombianos ha pedido el desacato a este fallo, ha expresado su apoyo incondicional a la isla y ha demostrado esa solidaridad innata que tienen. Cabe aquí un: ¡Gracias Colombia…

Las voces pidiendo acatar el fallo llegaron de las Farc, Petro, Córdoba y Cepeda. ¡Sin comentarios…

Por último: para los isleños el pronunciamiento es tardío e insuficiente, ojalá Santos se tome el tiempo de ir a San Andrés y explicarles su significado, así todos quedamos tranquilos.

@DiegoMorita

jueves, 5 de septiembre de 2013

Por Colombia

Por DIEGO MORA | Publicado el 04 de septiembre de 2013 El Colombiano


He tenido la oportunidad en los últimos meses de viajar y conocer, como nunca antes, Colombia. He estado en lugares que no tenía ni la menor idea de que existían. Por ejemplo, Paz de Ariporo en Casanare, o Zaragoza, en el Valle del Cauca, (este último, un lugar triste a borde de carretera en la vía a Buenaventura).

He disfrutado de la buena comida que ofrecen las diferentes regiones. Un buen desayuno con yuca y suero en Valledupar, un delicioso tamal en Ibagué, las empanadas del Obelisco en Cali, acompañadas de una fría lulada, un asado huilense en Pitalito y la maravillosa mamona en Yopal.

He visto los paisajes más hermosos viajando por carretera entre Riohacha y Hatonuevo en La Guajira. El verde de las montañas de nuestro país no tiene comparación, el color de la naturaleza le permite a uno soñar y hasta creer que se encuentra en el paraíso.

No obstante, las cosas no son color de rosa. Vivimos en un país lleno de contrastes. A lo anterior y con seguridad a todo lo que me falta por conocer, hay que sumarle (o quizás restarle) que el momento actual por el que pasamos no es fácil. Viajar nos permite la licencia de conocer mucha gente, de hablar, de interactuar y por unos instantes explorar sus mundos. Infortunadamente, mi conclusión es que en la mayoría de los colombianos reina, en este momento, la desesperanza y la incertidumbre.

Y no me refiero solo a la seguridad, que sin duda se ha perdido (no solo con las dudas que deja el proceso en La Habana sino con la arremetida del Eln o el accionar de las bacrim), también lo digo por los problemas sociales que padecen muchos colombianos. El paro nacional, que aun afronta el país, es una clara muestra de que lo hecho por el gobierno es poco, por no decir nulo.

Recuerdo cuando el presidente Juan Manuel Santos anunció que se iniciarían los diálogos con las Farc y fue vehemente en señalar que esto no se convertiría en su obsesión, que no dejaría de lado las prioridades del país. Hoy, está claro que no fue así. La Habana pone la agenda del país y aparte de lo que allí sucede y la entrega de casas gratis (promesa que no se cumplirá), este gobierno no hace más nada. ¿O acaso ya sabemos qué pasará con San Andrés o se empezó a reconstruir Gramalote?

Por último: disfrutar de Colombia es un derecho que tenemos todos, para hacerlo con tranquilidad lo único que necesitamos son certezas ¿será que pueden dárnoslas los gobernantes de turno? Les queda un año….

@DiegoMorita