viernes, 21 de junio de 2013

A priori

Por DIEGO MORA | Publicado el 19 de junio de 2013 El Colombiano


Pasa más de lo que uno se imagina. Quedarnos con la primera impresión que nos causa alguien que conocemos o un lugar que visitamos y no darle una segunda oportunidad. Dicen por ahí que la primera impresión es la que cuenta, pero con todo respeto por quienes aplican esto, creo que están equivocados porque definitivamente juzgar a priori no es una buena idea.

Lo anterior pasa mucho con los políticos. Hemos tenido tantos fracasos con ellos que, en ocasiones, ni oportunidad les damos de tener una primera impresión. Error. No todos son iguales, no todos son ladrones ni corruptos, algunos (tal vez una minoría pero algo es algo) tienen vocación de servicio, creen en la política como un camino para ayudar a los demás, su vocación de poder tiene intenciones de introducir cambios, de lograr un mejor país.

En los últimos años, la justicia en Colombia nos acostumbró a juzgar a priori. La presunción de inocencia parece que es una clase a la que jueces y fiscales faltaron porque se la pasan por la faja. Aquí se encarcela y se espera a ver qué pasa. Sigifredo López lo vivió, el Fiscal le arruinó la vida (por unos pocos días), lo convirtió en el peor criminal y luego le pidió perdón por el error. Un falso positivo judicial de proporciones enormes, pero que no importa o ¿quién pagó por semejante equivocación?

Andrés Felipe Arias tuvo que esperar 23 meses para quedar libre, para que lo dejaran defenderse en libertad, un derecho que todos tenemos pero que a él no quisieron otorgarle. Había que mantenerlo preso ¿por qué? Jamás lo sabremos en realidad. Dicen que por ser un peligro para la sociedad, por la posibilidad de interferir en el proceso, de manipular testigos. Hoy está libre, y por fin, al lado de su familia, pero ¿quién le devuelve el tiempo perdido?

Y aquí cito solo dos casos que son conocidos ¿cuántos iguales existen pero no tienen despliegue mediático?

Qué daño nos hace juzgar a priori. Y no solo en lo judicial, también en la vida diaria. ¿Cuántas veces hemos rechazado a alguien solo por la forma en que se viste, por como habla o la región a la que pertenece? ¿Cuántas veces nos han rechazado por eso mismo? Tal vez poco nos importe, el problema es que este tipo de actuaciones lo que hacen es convertir la indiferencia en nuestro plato diario y esa, también, nos hace muchísimo daño.

Por último: casos como el de Andrés Felipe Arias no pueden ser normales. Nos urge una reforma estructural a la justicia, eso sí, una que todos lean.

@DiegoMorita

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