jueves, 18 de octubre de 2012

Bogotá - Oslo - La Habana

Por DIEGO MORA | Publicado el 17 de octubre de 2012 El Colombiano

Todo parece indicar que el proceso de “diálogo” con el grupo terrorista más antiguo del mundo -Farc- iniciará esta semana en Oslo después de sufrir un retraso, según nos informaron, por la lentitud en suspender la orden de captura que desde hace algunos años tienen los voceros de este grupo, en su mayoría por crímenes atroces y de lesa humanidad.

He expresado mi posición con respecto de este proceso, desde que me enteré, gracias a las denuncias del expresidente Uribe, que el gobierno Santos adelantaba de manera clandestina acercamientos para negociar un cese definitivo del conflicto.

Lo he repetido hasta la saciedad y no me cansaré de hacerlo: lo que empieza mal termina mal y lo que pretende hacer el gobierno con los terroristas de las Farc no tiene ni pies ni cabeza, si la primera condición para los ilegales no es el cese de hostilidades.

Al terrorismo no le cuesta absolutamente nada dejar sus acciones armadas que atemorizan a la población civil.

En Colombia ya conocemos los alcances y la maldad, sin límite, que tienen las Farc, su avanzada de terror completa más de cuatro décadas y algunos de nosotros no podemos decir que hemos vivido un solo día en paz, así que considero que no tienen ningún punto que demostrar, no es necesario que asesinen a un niño de tres años y a su padre en Arauca, ni que dejen sin luz a Tibú, ni que sigan sembrando minas antipersonales para que soldados en Ituango las pisen y mueran o en el “mejor” de los casos queden desmembrados.

No “señores” de las Farc, Colombia solo les exige mostrar voluntad de paz, sé que es mucho pedir, pero si van a armar un show en Oslo y después en La Habana, es más creíble si dejan de asesinar, masacrar, extorsionar, sembrar minas, derribar torres de energía y además dejan de secuestrar y nos cuentan toda la verdad sobre aquellas personas de las que nada se sabe hace algunos años.

Sí, víctimas que aun tienen quien las llore, parientes que en una muestra de valor se reunieron en la Plaza de Bolívar para denunciar la desaparición de sus seres queridos, más de 550, de acuerdo a País Libre y la Asociación Madres de la Candelaria.

Por último: creo en la paz, quiero la paz. No creo en este proceso de paz, no quiero este proceso de paz.

Ahí está la diferencia, mi diferencia; no entiendo en qué momento estar en contra de las Farc se convirtió en sinónimo de estar en contra de la paz. ¿Acaso no es todo lo contrario?. 

@DiegoMorita

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