jueves, 27 de septiembre de 2012

Zo-zobra la paz

Por DIEGO MORA | Publicado el 26 de septiembre de 2012 El Colombiano

En los últimos días, mejor dicho, desde que se conocieron las conversaciones en La Habana con las Farc, Colombia se encuentra inmersa en una profunda zozobra y en un mano a mano entre los amigos del proceso y los opositores al mismo.

Me atrevería a comparar esa sensación de desasosiego, con aquella de principio de los años noventa cuando a Gaviria se le ocurrió apagar el país y adelantarnos una hora el reloj, lo que algunos asumimos, tal vez por nuestra corta edad, como el fin del mundo.

No se aleja mucho lo que sentimos, ya más creciditos, cuando Pastrana le regaló el país al terrorismo, despejándole 42 mil kilómetros, lo que algunos asumimos como el fin del Estado.

No se acabó el mundo, tal vez este año según los Mayas, ni se acabó el Estado, tal vez este año con los “diálogos”, pero el sentimiento generalizado es poco alentador. No obstante, se escuchan voces de apoyo en los empresarios, políticos y por supuesto en las Fuerzas Armadas, no les queda de otra, pero está claro que el escepticismo es explícito incluso en las personas más cercanas al Presidente.

Después de analizar algunos discursos de Santos, me atrevo a asegurar que ni él mismo está convencido del éxito en la negociación, por eso su pedido (orden) de mesura a los medios de información para que los “diálogos” no se conviertan en un show mediático.

Aunque la realidad apunta a que no quiere que se generen en el país falsas expectativas, que ante un eventual e inminente fracaso puedan suscitar problemas en la ciudadanía y, claro, tumbarle su reelección.

Hace uno días Santos dijo: “Si no existieran medios de comunicación, no existiría el terrorismo”, aunque de inmediato intentó aclarar que la culpa del terrorismo no es de los medios, esta afirmación dejó muchas dudas en el ambiente, teniendo en cuenta que su autor hace parte de la familia propietaria del periódico con más circulación en el país e incluso trabajó allí algunos años.

Está muy claro que el Gobierno lo que quiere es que la información que se emita al público sea oficial y además que tenga su visto bueno, por eso repite que en este proceso los medios deben evitar las “chivas” y justifica la negociación en el exterior para evitar a como dé lugar que se filtren datos que puedan resultar “dañinos”.

Por último: lo que empieza mal termina mal. Las Farc siguen asesinando, extorsionando y desangrando al país ¿por qué aceptar esto?

Tal vez porque según ellas, son las víctimas, y el país el victimario. ¿Es posible ser más cínicos?. 

@DiegoMorita

sábado, 22 de septiembre de 2012

Los expresidentes de la posmodernidad


Las polémicas que genera el expresidente Uribe, sobre todo desde su cuenta de Twitter, dan pie para que muchas personas que comparten o no sus posturas políticas, expresen opiniones y critiquen o apoyen lo que en 140 caracteres él nos dice.

Muchos comparan el bajo perfil de expresidentes como Gaviria, Samper y Pastrana (los dos últimos muy activos en días recientes con el tema del proceso de paz) y pretenden y hasta exigen que Uribe asuma un rol muy parecido al de ellos, pasivo y prácticamente desapercibido.

Veamos un poco a los expresidentes recientes en la historia de Colombia:

César Gaviria: Presidente, por accidente debido al asesinato de Luis Carlos Galán, entre 1990 y 1994. En su mandato se dio la Asamblea Nacional Constituyente, necesaria en ese momento, pero que quedó mal hecha y, en esa época, casi a la medida de los narcotraficantes que azotaban el país. Se le recuerda mucho por la “apertura económica” (el recuerdo no es necesariamente positivo) y su acto de gobierno más visible fue una serie de apagones por más de un año y el adelanto de una hora en los relojes colombianos; momento que muchos quisiéramos olvidar.

Nota: si se busca en Google “logros del gobierno de Cesa Gaviria” aparecen cerca de 83 mil resultados

Ernesto Samper: Presidente entre 1994 y 1998. En su mandato logró duplicar el porcentaje del PIB destinado a la inversión social, la creación del SISBEN y el Ministerio de Cultura.  Se le recuerda mucho por el famoso Proceso 8000 y su frase “si entraron a mi campaña dineros del narcotráfico todo sucedió a mis espaldas”. La investigación en el Congreso de la República fue precluida (ni culpable ni inocente) en todos los cargos; como se dice por ahí los congresistas se “lavaron las manos” y como dice Andrés López “deje así”, porque era más fácil.

Nota: si se busca en Google “logros del gobierno de Ernesto Samper” aparecen cerca de 24 mil resultados

Andrés Pastrana: Presidente entre 1998 y 2002. En su mandato logró relanzar las relaciones internacionales y el fortalecimiento de las Fuerzas Armadas gracias al Plan Colombia. Se le recuerda mucho por su famoso y fallido proceso de paz con las farc y el despeje de 42 mil kilómetros del país con el fin de adelantar estos diálogos. Durante casi 4 años el grupo terrorista aprovechó la zona de distensión para fortalecerse y continúo con las masacres, secuestros, extorsiones y multiplicó sus ingresos gracias al narcotráfico. Prácticamente el país se arrodilló ante los violentos. Muy Triste!

Nota: si se busca en Google “logros del gobierno de Andrés Pastrana” aparecen cerca de 42 mil resultados

Álvaro Uribe: Presidente entre 2002 y 2010. En su mandato se dio una lucha frontal contra el terrorismo gracias a la política de Seguridad Democrática, su bandera de campaña. Se le recuerda mucho por la desmovilización de los grupos paramilitares, escándalos como los falsos positivos y las chuzadas del DAS. En sus ocho años de gobierno (gracias a una reforma constitucional que permitió la reelección inmediata) Colombia, un país sumido en la desesperanza y que se encontraba en manos del terrorismo, recuperó la confianza, el amor propio y volvió a creer en si misma. Gracias!

Nota: si se busca en Google “logros del gobierno de Álvaro Uribe” aparecen cerca de 259 mil resultados

Tenemos aquí a cuatro expresidentes de Colombia, los que podríamos denominar los expresidentes de la posmodernidad. En aras de la equidad, el párrafo que describe a cada uno de ellos tiene la misma cantidad de palabras (95) y la información fue consultada en la misma fuente: Wikipedia.

¿Cuál es mi intención al hacer este ejercicio? Simplemente un sencillo e informal análisis de cuatro personas que han gobernado el país.

Considero que el bajo perfil de Gaviria, Samper y Pastrana al momento de dejar el poder, era casi obligatorio pues no tenían una gran gestión que defender, así que era mejor retirarse, como lo hicieron, a vivir en el exterior y esperar cada mes la consignación de la pensión. Gaviria trabajó unos años como Secretario de la OEA.

¿Qué le iba a exigir Gaviria a Samper? ¿Qué le iba a exigir Samper a Pastrana? ¿Qué le iba a exigir Pastrana a Uribe? ¿Qué le exige Uribe a Santos?

Digamos que de Gaviria a Samper el salto no fue muy representativo, teniendo en cuenta que (eran) son del mismo partido.

De Samper a Pastrana, sería absurdo que un expresidente, que se vio envuelto en todo su mandato en un escándalo como el Proceso 8000, que incluso Estados Unidos le quitó al visa, saliera de la Casa de Nariño a exigirle algo a su sucesor, quien además fue el que le destapó con los “narco-casetes”  la proveniencia de los dineros que financiaron su campaña.

De Pastrana a Uribe se dieron algunas exigencias que buscaban más algún tipo reconocimiento por la desmovilización de los paramilitares. No obstante, Pastrana después de criticar a Uribe aceptó ser el embajador de Colombia en Estados Unidos.

De Uribe al actual Presidente Juan Manuel Santos se exige, y aquí está la gran diferencia con los tres expresidentes antes mencionados, porque Santos llegó a la presidencia gracias a Uribe, con su plataforma y un porcentaje muy alto de sus votos. Santos se comprometió a seguir con las políticas de Uribe y después de dos años se ha demostrado que estas fueron abandonadas y se le ha dado paso a otras “prioridades”. Es importante aclarar que jamás se le ha pedido a Santos que gobierne como Uribe o que sea su títere, lo único que se le pide es coherencia y lealtad.

Uribe desde que entregó el poder no ha dejado de trabajar por y para el país. Opina porque le duele lo que pasa y porque ve como cada día se derrumba lo que tanto le costó construir en ocho años. Gaviria, Samper y Pastrana poco construyeron, poco hicieron por el país y de ahí su, obligatorio, bajo perfil.

En los últimos días hemos visto como Samper y Pastrana opinan activamente sobre el proceso de paz con las farc, para algunos serán importantes sus apreciaciones, para otros serán la excusa perfecta para mantenerse vigentes, la pregunta es ¿qué autoridad tienen para hablar de este tema dos personas que, en el caso de Samper poco o nada hizo por acabar con el terrorismo y Pastrana que fracasó en su negociación gracias a su debilidad en el proceso?

Uribe lo ha dicho muchas veces “soy un combatiente de las ideas”, por eso pedirle que se quede callado sería quitarle su naturaleza. Colombia ha luchado mucho por mantener una democracia sólida, coartar la libertad de expresión de un expresidente como Uribe, pero más que eso de un ciudadano al que le duele el país sería retroceder.

En el disenso está la democracia. No tengamos miedo de escuchar las ideas del otro así estas sean contrarias a las nuestras. Discutamos con respeto y sin intentar convencer a nuestro oponente porque cuando se intenta convencer e imponer nuestra posición, cambia el sentido de la discusión.

Invito a Uribe a que continúe expresando sus opiniones. Invito también a Gaviria, Samper y Pastrana a hacerlo, pero que sus opiniones no sean, como hasta ahora, para atacar a Uribe, para criticarlo en todo. Entiendan que él no pretende opacarlos, ustedes ya lograron hacer eso solitos.

Post Scriptum: a usted que no entendió, por favor evite refutar con insultos y ofensas. Si desea un debate, escriba sus posiciones y publíquelas, seguro podremos dar una batalla de ideas y con altura.

@DiegoMorita

jueves, 20 de septiembre de 2012

¿Medellín se moderniza?

Por DIEGO MORA | Publicado el 19 de septiembre de 2012 El Colombiano

Hace días los medios de información, sobre todo locales, registraron con bombo y platillos la noticia sobre la modernización de Medellín. El tema incluso llegó a las redes sociales y en Twitter fue tendencia el HT #MedellínseModerniza.

Aplaudo la iniciativa de Aníbal Gaviria , que según la credencial del Consejo Nacional Electoral y el acta de posesión del 1 de enero de 2012 es el Alcalde de la ciudad. Digo según, porque a la fecha la segunda ciudad más importante de Colombia pareciera no tener quién guíe su destino.

Más que un primer mandatario local, la ciudad parece tener un promotor de eventos y espectáculos. No es muy alejado de la realidad decir que en nueve meses del año lo más visible de esta administración es la doble presentación de Madonna y la recién otorgada sede para realizar el Foro Urbano Mundial. No obstante la ciudad sigue con altas cifras de homicidios, extorsiones, atracos, microtráfico y demás delitos conexos y para evitar que esto aumente, son pocas las decisiones que se han tomado.

Se le llama modernización a un proceso que pretende crear seis vicealcaldías y dejar aproximadamente sin empleo a 400 personas, lo que pretenden cubrir con un jugoso plan de retiro y apoyo al emprendimiento.

A eso le llamo burocratización innecesaria y un despido, disfrazado, masivo de servidores públicos.

¿Cuáles son las prioridades de Medellín?

Pareciera que la ciudad cayó en el mismo mutismo en el cual se encuentra el país gracias al Gobierno Nacional. No se sabe para dónde vamos, lo que se está haciendo no es lo que se prometió en campaña y mientras tanto los que padecemos, con “paciencia”, somos los ciudadanos.

¿Dónde están las medidas reales para solucionar los problemas de movilidad? ¿Dónde están las estrategias para generar empleo de calidad y sobre todo estable? ¿Dónde están los planes de choque, las contingencias, el liderazgo que se necesita para mitigar los crecientes problemas de seguridad?

Al igual que con el proceso de paz que adelanta el presidente Santos con las Farc, no creo que este fuera el momento para adelantar la “modernización” en la estructura administrativa del municipio.

Por último: me parece una decisión acertada el aumento en el horario de atención al público, sin embargo, es necesario preguntar ¿qué estrategia se adelantó con los servidores que trabajarán más horas para que lo hagan con gusto y brinden un servicio de calidad?

De nada sirve atender por más tiempo a la ciudadanía si esa atención se hace solo por cumplir, es fundamental que todo proceso de cambio tenga en cuenta al público interno para que tenga éxito.

¿Lo hicieron?. 

@DiegoMorita


lunes, 17 de septiembre de 2012

Preocupaciones y algunas alternativas a proceso con terroristas

Escrito por: Álvaro Uribe Vélez 
Septiembre 16 de 2012

La paz es efímera y la violencia recurrente cuando se confunde perdón con impunidad.

Más inseguridad, más Farc y nula desmovilización individual.

Haber debilitado la seguridad por buscar el diálogo con el terrorismo ha producido llegar a la mesa con la Farc recrudecida, sin ánimo de cese de actividades criminales. De haber continuado con autoridad eficaz, reinserción generosa sin impunidad y política social para evitar el reclutamiento terrorista de los jóvenes, se habría mantenido el ritmo de desmovilización sin remplazos que había en nuestro Gobierno y la Farc tendría no más de 1.500 o 2.000 personas. Se informa que hoy tiene alrededor de 8.000 personas; esta cifra muestra que llevamos dos años perdidos en seguridad. El actual proceso frena totalmente el estímulo a la desmovilización individual.

No negociar mientras haya violencia contra civiles, soldados, policías, infraestructura.

Negociar mientras asesinan soldados y policías, incrementan el delito invisible de la extorsión sobre los civiles y contratan sicarios para cometer atentados, valida al delito como acción legítima de guerra, olvida a las víctimas y muestra desprecio por la vida y seguridad de civiles e integrantes de Fuerzas Armadas.

Un cese bilateral de hostilidades atenúa la acción terrorista con la denominación de hostilidad, distorsiona la acción de protección ciudadana de las Fuerzas Armadas denominándola hostilidad, y, como ocurrió en el pasado, permite el fortalecimiento de Farc.

No a la impunidad, Si a la reducción de penas, excarcelación, o penas alternativas. No a la defraudación de las víctimas.

Dejar sin investigación y sin sanción hechos delictuosos, como se infiere del Marco para la Paz, es impunidad que defrauda a las víctimas y da al criminal beneficios idénticos a la amnistía y al indulto, así estas palabras no se mencionen. Desde que exista investigación y sanción, cumplidos los requisitos, se entiende que haya disminución de la sentencia, incluso excarcelación o pena alternativa como trabajo social.

No confundir oposición legítima con terroristas.

No hay razón para negociar con el terrorismo garantías políticas para la oposición en un país que las ofrece en su totalidad. En nuestros 8 años de Gobierno hubo 2 elecciones presidenciales, 2 de  Congreso, 2 regionales y un Referendo; en todas la oposición radical fue rodeada de garantías efectivas, como lo fueron sus alcaldes, gobernadores y miembros de corporaciones. Qué error confundir oposición política con matones!

Elegibilidad política si, pero no para narcotráfico, secuestro, extorsión, lesa humanidad, grave violación al DIH. No elegibilidad de Timochenko y secuaces.

Permitir la elegibilidad política de la persona que ha incurrido en secuestro, extorsión, narcotráfico, grave violación al DIH, etc, es deformar la democracia que exige la contienda electoral sin violencia. Se entiende que por el bien de la paz se permita la elección política de quienes hayan incurrido solamente en delito político, como lo preveía nuestra Constitución antes de la aprobación del Marco para la Paz. Lo grave es ampliar la elegibilidad a delitos como los mencionados.

La agenda de país la definen los demócratas, no los terroristas.

¿Cuál es la razón para negociar con la Farc, el principal cartel de droga del mundo, el tema del narcotráfico?

Colombia tiene su norma Constitucional, el Acto Legislativo de 2009, y su experiencia para avanzar en soluciones razonables al narcotráfico como son la rehabilitación sin cárcel al consumidor, la cárcel al distribuidor, las políticas de prevención y educación, las alternativas de ingresos, como Familias Guardabosques, a los campesinos cultivadores, etc.

¿Por qué negociar con la Farc las investigaciones al paramilitarismo? Es funesto que el Estado se ponga de acuerdo con un actor criminal para investigar al otro. Qué tal que nuestro Gobierno hubiera acordado con los paramilitares alguna política frente a la Farc!

Negociar con el terrorismo temas de la agenda nacional, por ejemplo desarrollo rural, salud, educación, es derogar las instituciones democráticas. La Farc ha asesinado y secuestrado el desarrollo rural y ahora aparece como interlocutor del Estado para negociarlo.

Chávez es cómplice de Farc, no componedor de paz.

Existen todas las pruebas de la complicidad de Chávez con terroristas de Farc y ELN, y ahora, el Gobierno de Colombia da a Chávez la oportunidad de presentarse, en vísperas electorales, como el componedor de la paz en nuestro País.

La Farc promueve el Castro Chavismo en Colombia.

El acuerdo de La Habana sugiere el inmenso peligro de que el Gobierno de Colombia firme, con los terroristas de la Farc, un acuerdo que abra el camino para instalar en nuestro País el modelo Castro Chavista.

¿Qué diferencia hay entre Farc y Al-Qaeda, entre las Torrres Gemelas y Bojayá?

La comunidad internacional debería reflexionar: aquellos que rechazarían un acuerdo semejante con AL-Qaeda y que promocionan estas condiciones de acuerdo con la Farc,  deben saber que no hay diferencia entre las acciones criminales de unos y otros, para el efecto solamente vale analizar las masacres de Bojayá y del Nogal.

Premiando a Farc crecen y perpetúan sus aliadas las bacrim.

No hay ninguna diferencia entre la Farc que paga 500 mil dólares por la perpetración de un atentado y la banda criminal que lo acomete. Una paz equivocada, de legitimación y equivocación con el terrorismo, habilitará a las bandas criminales a pedir el mismo tratamiento y a exigirlo con incremento del terrorismo.

La paz no puede ser templanza con el sufrimiento, ni retroceso del país, ni cálculo electoral.

La ilusión de la paz  no debe ser un juego de la suerte del País. Jefes políticos afirman que el Presidente Santos se reelegirá con un acuerdo con la Farc o con un discurso muy drástico para levantarse de la mesa. Y a muchos ciudadanos no les quedaría más remedio que la templanza frente al sufrimiento de la violencia o la angustia de esperar las nuevas acciones criminales que resulten de la paz indebidamente negociada, o asistir al deterioro del país por el avance del Castro Chavismo.

Nota: Somos coherentes con las negociaciones que en nuestro gobierno sucedieron con 35 mil paramilitares (14 cabecillas extraditados), y la desmovilización individual de 18 mil guerrilleros.

Fuente: http://www.primerocolombia.com/es/contenido/opini-n-preocupaciones-y-algunas-alternativas-a-proceso-con-terroristas/1498

jueves, 13 de septiembre de 2012

Mentiras de paz

Por DIEGO MORA | Publicado el 12 de septiembre de 2012 El Colombiano

Es inevitable no dedicar este espacio a la negociación de Juan Manuel Santos con las Farc, sobre todo cuando con el pasar de los días los que nos declaramos escépticos ratificamos los vacíos del proceso y el peligro para nuestro país; además aquellos que lo apoyaron apagan sus voces de optimismo y agachan la cabeza a la espera de los avances y resultados.

¿Cómo creer en un proceso que empieza con mentiras?

Causó estupor e indignación escuchar al jefe máximo del grupo terrorista más antiguo del mundo decir que ellos no tienen secuestrados, que no trafican con drogas y que siempre han buscado la paz, pero es el Estado colombiano el que se ha mostrado reacio. ¡Qué cinismo!

Peor, que el Presidente reconozca que les cree a las Farc cuando dicen que no han vuelto a secuestrar, según él, porque los informes de inteligencia indican que en el pasado reciente no lo han hecho. Entonces ¿los secuestrados hace dos, cinco o diez años qué? ¿Quién les da razón a sus familias? ¿Los olvidamos y que pasen a ser una estadística más?

Estoy de acuerdo en buscar la paz, pero no comparto el cómo. No tiene ninguna lógica que hoy se hable de negociar cuando el país atraviesa por un período de terror, el cual algunos dicen que es normal y la “ventaja” de las Farc para sentarse a negociar, pero que es la evidencia de que se envalentonaron gracias al abandono de los postulados de la seguridad que tantos éxitos le dieron al país en el gobierno de Uribe.

Además, no podemos aceptar negociar la agenda del país con un grupo terrorista que además vive del narcotráfico, por algo son el cartel más grande del mundo. ¿Qué pueden ofrecer las Farc que no signifique una debacle para la institucionalidad del país?

Únicamente: entrega de armas, desmovilización, cárcel y reparación a las víctimas. Pero esto no hace parte de la negociación, así que es muy fácil empezar un proceso de paz y jugar con las esperanzas del país mientras se van de excursión por el mundo a mostrarle lo que no son a la comunidad internacional.

Quienes nos quedamos, tal y como lo dijo Santos, debemos tener paciencia y ser testigos de la arremetida terrorista.

Por último: no estar de acuerdo con este proceso de negociación no significa estar en contra de la paz. Creo que todo es negociable menos la dignidad, y la del país va camino a perderse, si se permite que un grupo terrorista diga qué y cómo se negocia, mientras las ansias de pasar a la historia nos pone frente a la boca del lobo.

@DiegoMorita

jueves, 6 de septiembre de 2012

¿Condiciones para la paz?

Por DIEGO MORA | Publicado el 05 de septiembre de 2012 El Colombiano

Mientras los medios de información titulan que esta semana es importante por los anuncios que el gobierno hará sobre el “proceso de paz” con las Farc, segundos después nos cuentan del asesinato de dos militares, los cinco atentados de este año en el Cerrejón y que Anorí, Antioquia, se quedó sin luz porque dos torres de energía fueron dinamitadas, por citar solo tres casos.

Sí, la paz es la victoria; el fin, el estado ideal; un deber constitucional y cualquier calificativo que se le quiera dar, pero no puede convertirse en una excusa populista, con tinte electoral, que conlleve a hacer lo que sea sin importar el costo que tenga que asumir el país.

No se puede sacrificar la seguridad de 47 millones de colombianos por las vanidades personales de unos pocos que buscan pasar a la historia. ¿Paz? Sí. Pero una paz con sentido y duradera que nos permita preocuparnos en reducir la brecha social, generar empleo estable y de calidad, aumentar la inversión y dedicarnos a priorizar la educación como base del desarrollo.

Pero el camino emprendido por el actual gobierno no es el indicado, así sus propagandas en todos los canales nos digan lo contrario. Santos se metió por el lado fácil, por el lado de ese camino que está pavimentado y por el cual su andar, hacia la reelección, lo llevará con una relativa tranquilidad.

¿Es el camino indicado dejar a un lado las prioridades del país? ¿Soltarles las riendas del diálogo a aquellos que se han dedicado a sembrar el terror por más de cuarenta años? ¿Priorizar en los temas de negociación asuntos que la contraparte se ha encargado de debilitar por décadas?

En varias oportunidades lo he asegurado: el gobierno del presidente Santos es incoherente en su discurso y por supuesto en sus acciones. Hace pocos días se dirigía al país y con una pasmosa y maquillada seguridad decía: “mientras no existan las condiciones para una negociación de paz, esta no se hará”. ¿Entonces? ¿Cuáles son esas condiciones que pocos días después y como por arte de magia aparecieron? ¿Es lógico sentarse a negociar mientras la guerrilla sigue desangrando al país?

Como lo expresé en mi columna de hace ocho días, una negociación sin exigir cese de hostilidades es el primer error de Santos, que se supone un gran jugador de póquer. Parece que por buscar su reelección y querer pasar a la historia le mostró al enemigo más peligroso sus cartas antes de definir las apuestas. ¿Quién ganará?

Por último: “la moneda en que suele pagarse el precio de la mala política es el sufrimiento humano”. Zygmunt Bauman.

@DiegoMorita



lunes, 3 de septiembre de 2012

Algo de mi experiencia con el Presidente Santos

Escrito por: Álvaro Uribe Vélez - Presidente de Colombia 2002 - 2010
Septiembre 2 de 2012


Iniciado nuestro primer gobierno nunca nos incomodó la crítica del entonces periodista Juan  Manuel Santos, hoy Presidente de Colombia. Ya había transcurrido algún tiempo y su fundación Buen Gobierno convocó a un foro para abordar la pregunta ¿Será sostenible la Seguridad Democrática?, fui invitado e intervine. Algunos de los oradores expresaron que no sería sostenible, yo sostuve lo contrario y expliqué cómo estábamos pasando del círculo vicioso al círculo virtuoso. En efecto, dije que veníamos de un punto de más violencia, más pobreza, más desempleo, más desigualdad y menos inversión, y que en ese momento hacíamos el tránsito a más seguridad, más inversión, más política social, más seguridad... Manifesté mi positivo asombro por la capacidad, excepcional en el mundo, de los colombianos de reaccionar ante nuestras políticas, que se percibía en una notable recuperación económica, que a su vez garantizaba los recursos de la seguridad y la cohesión social. Regresé a la mesa después de hacer la presentación y el doctor Santos, anfitrión, me comentó "con ese discurso no lo derrotan", en referencia a la contienda electoral sobre reelección presidencial en 2006.

A los pocos días me visitó en la oficina, me ofreció apoyo e inició las gestiones que concluyeron, con Oscar Iván Zuluaga como coequipero, en la creación del  Partido  Social de Unidad Nacional.

Sucedida la victoria de 2006, me visitó nuevamente y me preguntó "¿Pre usted qué va a hacer conmigo?", sin dudar le respondí "lo nombro Ministro de Defensa para que sea Presidente".

En el debate sobre una eventual segunda reelección, repetía a los integrantes del gobierno mi desacuerdo en perpetuar al Presidente y mi preocupación por el riesgo de abandono de las políticas que venían en marcha, y que mostraban resultados bondadosos para Colombia. En febrero de 2010 repetí al doctor Santos lo mismo, y le agregué, solamente a él, que mi información era que la Corte Constitucional declararía inexequible la ley del Referendo, que él debía estar preparado para dar la batalla, que yo la daría en la improbable hipótesis del fallo aprobatorio. El doctor Santos asintió.

Conocida la sentencia negativa, la mañana siguiente, en Cali, suspendí en dos ocasiones un Consejo Comunitario para recibir al doctor Santos y al doctor Andrés Felipe Arias. Mi afán de defender la continuación de las políticas me llevaba a pensar en ellos como continuadores exitosos. Aunque soy de expresiones directas, los medios de comunicación publicaron que había sido un guiño para ambos.

Hice más fuerza, sentí más angustia, por la elección del doctor Santos que por las mías. Si bien los problemas del país no estaban resueltos, nuestras políticas iban por buen camino, y miles de colombianos, al sufragar por el doctor Santos, lo hicieron con cabal conciencia de apoyar esas políticas que él se había comprometido a mantener y avanzar. Muchos colombianos identificaron la gallina Doña Rumbo y los tres huevitos (seguridad, confianza de inversión y cohesión social), a los que aludía en mis diarios coloquios radiales, como una invocación en favor del doctor Santos. Mi voto por su candidatura presidencial no fue el primero por su persona, como senador, años antes, apoyé su designatura.

Ahora me angustia que un país que estaba energizado por el optimismo de la seguridad, impulsado por la inversión y resuelto por la cohesión social, entre en el congelador de la incertidumbre de pensar, a mañana, medio día y noche, ¿qué pasará en las negociaciones con el terrorismo?, y en qué terminará el albur reconocido por el Presidente que hace pocos días dijo "y si me suena la flauta!"

Colombia, aun con dificultades, merece certeza. No es justo que se le someta al azar antecedido por dos años de debilitamiento de la seguridad, de asesinatos de niños, de soldados, de policías y de ciudadanos en general, como ocurrió, hace apenas días, en el Meta. 

El discurso de la paz no puede ser la excusa del incumplimiento del deber de dar seguridad a los ciudadanos.

Fuente: http://primerocolombia.com/es/contenido/opini-n-algo-de-mi-experiencia-con-el-presidente-santos-lvaro-uribe-v-lez/1441