viernes, 10 de agosto de 2012

Gracias Mariana


Si la memoria no me falla, como es lo usual, la primera vez que celebré un triunfo deportivo fue en 1989 cuando Nacional ganó la Copa Libertadores de América.

Con menos entusiasmo, pero lleno de alegría, celebré y me emocioné con el 5 – 0 de Colombia a Argentina en el estadio Monumental de River Plate, en 1993.

Me sentí feliz con los triunfos de Juan Pablo Montoya en la Serie Cart, al igual que me llené de orgullo cuando pasó a la Fórmula Uno y ganó su primera carrera.

Creo que derramé un par de lagrimas con la Copa América que organizó y ganó Colombia y en la cual terminamos invictos, con el arco en cero y el goleador del torneo. No importa que Argentina no viniera y que los otros equipos trajeran a jugadores jóvenes, campeonato es campeonato y como dicen por ahí “nadie nos quita lo bailao”.

Luego vino la Copa Libertadores para el Once Caldas, y aunque no soy hincha, me emocioné por el triunfo, porque aunque suene trillado en ese momento: Once Caldas era Colombia.

Nacional nos dio dos alegrías seguidas, convirtiéndose en el primer equipo del país en ganar los dos torneos del año 2007.

Sentí que íbamos creciendo y me alegré con el primer campeonato de golf que se ganó Camilo Villegas. 

No puedo negar que he llorado y me he emocionado con deportistas de otros países que triunfan: Rafael Nadal en Tenis o con mi equipo de fútbol favorito del extranjero que es el Real Madrid o con Tiger Woods o LA Lakers de la NBA, por citar unos ejemplos.

Pero lo que sentí hoy con Mariana Pajón y su medalla de oro en el BMX de los Juegos Olímpicos, es inigualable. Debo confesar que no recuerdo mi sensación con el triunfo en pesas de Maria Isabel Urrutia, es más no estoy seguro de haberla visto lograr semejante hazaña.

Mariana fue la única deportista colombiana que llegó a estos JJOO con el rótulo de favorita para medalla de oro, pero esta niña de 20 años y con 14 títulos mundiales, supo mantener la calma y aguantar la presión de un país ávido de triunfos.

Mariana mostró seguridad, serenidad y no prometió nada, solo hacer lo mejor que podía y resultó que lo mejor era entregarle a Colombia una medalla, tal vez la única, de oro en estos juegos.

Salté, lloré, me abracé a un compañero de trabajo, le di gracias a Dios y hasta “hijueputié”, en el buen sentido, tratando de desahogar esa emoción que me produjo ver pasar a Mariana por la meta en el primer lugar y ganarse con contundencia, y sin lugar a dudas, un espacio en la historia no solo de Colombia sino del mundo.

Gracias Mariana, es lo único que este país puede decirte, hoy hiciste algo que solo logran los genios en la humanidad, uniste a un país, por naturaleza dividido, y lo pusiste a caminar hacia un solo objetivo: el lugar más alto del podio olímpico. 

Gracias Mariana, gracias!

@DiegoMorita

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