miércoles, 29 de agosto de 2012

La Paz: ¿a qué precio?

Por DIEGO MORA | Publicado el 29 de agosto de 2012 El Colombiano

No conozco una sola persona en Colombia en sus cinco sentidos, y excluyo aquí a los terroristas que los tienen en perfecto funcionamiento pero los utilizan para hacer daño, que no desee vivir en paz.


No importa la raza, el color, el estrato social, su ideología política o el equipo de fútbol de sus amores, puedo asegurar que cualquier ser humano, cuerdo, quiere ver en los titulares de los noticieros y periódicos la gran noticia: Colombia en Paz.

Lo deseamos, rezamos, opinamos intentando contribuir en la consolidación de la democracia y nuestros actos apuntan a conseguir aquel Estado ideal que nos brinde la estabilidad y la tranquilidad de vivir en uno de los mejores países del mundo y hacerlo en paz.

No obstante, no tragamos entero y aunque deseemos como nadie que se logre esa meta, la misma de todos los gobiernos desde hace 30 años, nos negamos a que se consiga a cualquier precio.

Y me pregunto ¿cuál es el precio que pagaremos los colombianos en este nuevo proceso de diálogo con el terrorismo? ¿Estamos preparados para otro fracaso? ¿Estamos preparados para el éxito?

Tras dos años de gobierno, Santos permitió que se debilitara una política exitosa, la de Seguridad Democrática y no conforme, impulsó en el Congreso un acto legislativo que le allanase el camino hacia el diálogo: el Marco Jurídico para la Paz, punto de partida de esta negociación. Lo increíble es que el Presidente nos diga que debemos aprender de los errores del pasado y su proceso empiece con el más grave de la fracasada negociación en el Caguán: no exigir el cese de hostilidades.

Así que nuestro futuro parece que será este presente: un terrorismo fortalecido y envalentonado y un Estado poco combativo que sentirá miedo de que los diálogos se rompan.

Santos lo dijo: “quiero pasar a la historia como el Presidente que consiguió la paz” y aunque es su deber constitucional intentarlo, la crítica es por la forma y el momento de la negociación. Además es reprochable el hermetismo, porque un tema que afecta a millones de personas no puede discutirse a sus espaldas.

¿Queremos paz? Sí, pero con reglas claras. Primero, el gobierno debe exigir el cese total del terrorismo y el narcotráfico. Segundo, garantizar que no haya impunidad. Tercero, sometimiento a la justicia. Ahí empieza una verdadera negociación.

Por último: está claro que a las Farc no se les puede creer ¿por qué insiste Presidente Santos en hacerlo? ¿Es este el punto de partida de su campaña hacia la reelección? ¿Qué parte de esta historia no nos está contando?

@DiegoMorita

jueves, 23 de agosto de 2012

Peligro para la sociedad


Por DIEGO MORA | Publicado el 22 de agosto de 2012 El Colombiano

Hace unos días sentí indignación con la noticia de un hombre en Cali que estaba preso por robar un caldo de gallina. Me pareció absurdo que llevara tres meses en la cárcel y además, que pudiera pasar los próximos seis años de su vida privado de la libertad, ¿por qué?, sencillo, porque era un peligro para la sociedad.

Sigifredo López fue detenido por la Fiscalía y le imputaron tres cargos muy graves: homicidio, perfidia y toma de rehenes. No obstante, antes de ordenar su libertad, le dieron casa por cárcel, ¿por qué? sencillo, porque no era un peligro para la sociedad.

A Julio Gómez después de contribuir con el desfalco millonario de los Nule al Estado le dieron casa por cárcel, a pesar de ser condenado a una pena de cinco años, gracias a que firmó un acuerdo con la Fiscalía, ¿por qué?, sencillo, porque no era un peligro para la sociedad.

Andrés Felipe Arias, catalogado como un profesional brillante, está preso hace más de un año, acusado de firmar con el IICA (organismo adscrito a la OEA) un contrato sin los requisitos legales. No lo acusan de robarse un peso pero está en la cárcel, ¿por qué?, sencillo, porque es un peligro para la sociedad.

Confieso que no entiendo el concepto, de la “justicia” colombiana, de ser o no un peligro para la sociedad. Algunos casos delimitan esta situación, por ejemplo: la vinculación del sindicado con organizaciones criminales, los antecedentes penales, los delitos sexuales en menores y algunos otros.

Todo depende de la interpretación del juez. Robarse un caldo de gallina o firmar un convenio sin los requisitos legales lo convierte a uno en un peligro para la sociedad; ser cómplice del terrorismo o contribuir en un desfalco millonario al Estado, no es ser peligroso.

¡Por favor, que alguien me explique!

Este tema merece una revisión de las garantías constitucionales que ofrece el proceso penal, pues no toda imputación delictiva puede convertirse automáticamente en cárcel y otros casos graves no pueden terminar con el sindicado en la casa. 

Importante también dejar claro que debe primar la presunción de inocencia, porque es completamente absurdo que en Colombia uno sea culpable hasta que logre comprobar lo contrario.

Por último: muchos casos merecen un escrutinio profundo por parte de la Fiscalía, entre ellos el que por más de cinco años tiene preso al coronel Alfonso Plazas Vega. Un caso lleno de vicios procesales, testigos falsos y sesgo de los jueces. Es el momento para que la “justicia” colombiana nos obligue, a muchos, a quitarle las comillas con las que nos referimos a ella.

@DiegoMorita



miércoles, 15 de agosto de 2012

Con Uribe sí se charla

Por DIEGO MORA | Publicado el 15 de agosto de 2012 El Colombiano


Asistí hace poco, y por primera vez, a una charla del expresidente Uribe. Por espacio de dos horas los asistentes escuchamos su visión de América Latina y, claro, de Colombia.


Conozco las tesis del expresidente y comparto la gran mayoría, no obstante, algunas voces han cuestionado el hecho de que estas charlas, que también dicta en colegios, se realicen sin un interlocutor, alguien en la otra orilla que pueda refutar y debatir con él. Cuestionamiento válido y necesario para la democracia.

La asistencia a estas charlas es voluntaria y previa inscripción. Quien asiste, lo hace porque le interesa lo que Uribe tiene que decir. También asistirá alguien que no comparta sus postulados y eso es perfecto, ahí está el secreto, ahí está la democracia.

Estas charlas se organizan para escuchar a Uribe y así son publicitadas, los asistentes saben a qué van, no hay engaños. Por ejemplo, el lunes pasado, se llevó a cabo un conversatorio entre Belisario Betancur Álvaro Uribe organizado por la Gobernación de Antioquia, un ejercicio diferente en el que desde la política y la visión de cada uno hablaron sobre el departamento. Los asistentes deciden con quién estar o no de acuerdo, ahí está la democracia.

El pluralismo es evidente en este tipo de ejercicios. Cualquier persona puede asistir, a nadie le preguntan su ideología. No es un secreto que Uribe vibra con la política, vive por ella y este tipo de eventos son una plataforma importante para exponer sus tesis, lo cual dista del escenario, facilista, de que estos espacios son creados para imponer sus ideas como las únicas. 

Eso está alejado de la realidad. Uribe sabe debatir, sabe exponer sus creencias y escuchar a los demás, ahí está la democracia.

En la charla, fueron varias las ovaciones, espontáneas, de los asistentes. No vi a nadie obligado a aplaudir, ni a tomarse fotos y expresarle, al final, su cariño y agradecimiento.

No creo que estas charlas sean peligrosas para los asistentes que escuchan solo una posición. Reunir a un grupo de personas que comparten las visiones de un líder político del país es un acto de la libre democracia. Si alguien desea escuchar otras posiciones políticas en sus colegios o universidades, simplemente debe invitar al orador de su gusto, seguro aceptará.

Por último: se puede estar o no de acuerdo con Uribe en sus tesis, pero jamás se podrá desconocer el avance que Colombia logró gracias a él. Escucharlo exponer en diferentes escenarios no le hace ningún daño al país, si a alguien así le parece, le recuerdo que la labor de formar inicia en casa, ahí empieza la democracia. 

@DiegoMorita


viernes, 10 de agosto de 2012

Gracias Mariana


Si la memoria no me falla, como es lo usual, la primera vez que celebré un triunfo deportivo fue en 1989 cuando Nacional ganó la Copa Libertadores de América.

Con menos entusiasmo, pero lleno de alegría, celebré y me emocioné con el 5 – 0 de Colombia a Argentina en el estadio Monumental de River Plate, en 1993.

Me sentí feliz con los triunfos de Juan Pablo Montoya en la Serie Cart, al igual que me llené de orgullo cuando pasó a la Fórmula Uno y ganó su primera carrera.

Creo que derramé un par de lagrimas con la Copa América que organizó y ganó Colombia y en la cual terminamos invictos, con el arco en cero y el goleador del torneo. No importa que Argentina no viniera y que los otros equipos trajeran a jugadores jóvenes, campeonato es campeonato y como dicen por ahí “nadie nos quita lo bailao”.

Luego vino la Copa Libertadores para el Once Caldas, y aunque no soy hincha, me emocioné por el triunfo, porque aunque suene trillado en ese momento: Once Caldas era Colombia.

Nacional nos dio dos alegrías seguidas, convirtiéndose en el primer equipo del país en ganar los dos torneos del año 2007.

Sentí que íbamos creciendo y me alegré con el primer campeonato de golf que se ganó Camilo Villegas. 

No puedo negar que he llorado y me he emocionado con deportistas de otros países que triunfan: Rafael Nadal en Tenis o con mi equipo de fútbol favorito del extranjero que es el Real Madrid o con Tiger Woods o LA Lakers de la NBA, por citar unos ejemplos.

Pero lo que sentí hoy con Mariana Pajón y su medalla de oro en el BMX de los Juegos Olímpicos, es inigualable. Debo confesar que no recuerdo mi sensación con el triunfo en pesas de Maria Isabel Urrutia, es más no estoy seguro de haberla visto lograr semejante hazaña.

Mariana fue la única deportista colombiana que llegó a estos JJOO con el rótulo de favorita para medalla de oro, pero esta niña de 20 años y con 14 títulos mundiales, supo mantener la calma y aguantar la presión de un país ávido de triunfos.

Mariana mostró seguridad, serenidad y no prometió nada, solo hacer lo mejor que podía y resultó que lo mejor era entregarle a Colombia una medalla, tal vez la única, de oro en estos juegos.

Salté, lloré, me abracé a un compañero de trabajo, le di gracias a Dios y hasta “hijueputié”, en el buen sentido, tratando de desahogar esa emoción que me produjo ver pasar a Mariana por la meta en el primer lugar y ganarse con contundencia, y sin lugar a dudas, un espacio en la historia no solo de Colombia sino del mundo.

Gracias Mariana, es lo único que este país puede decirte, hoy hiciste algo que solo logran los genios en la humanidad, uniste a un país, por naturaleza dividido, y lo pusiste a caminar hacia un solo objetivo: el lugar más alto del podio olímpico. 

Gracias Mariana, gracias!

@DiegoMorita

jueves, 9 de agosto de 2012

Estamos cumpliendo

Por DIEGO MORA | Publicado el 08 de agosto de 2012 El Colombiano
 
Ayer fue 7 de agosto. Ayer se “celebraron” dos años de Juan Manuel Santos como Presidente de Colombia.

Sería fácil hacer un balance y enumerar los logros (pocos) y desaciertos (muchos) que ha tenido el primer mandatario y su equipo de gobierno. Pero no, hoy no quiero referirme a cifras, eso se los dejo a los analistas y a los medios de información.

En el discurso de instalación de las sesiones ordinarias del Congreso, el Presidente, por cerca de una hora, nos llevó de paseo a un mundo maravilloso y cada frase, que describía aquel lugar perfecto, la remataba diciendo: estamos cumpliendo.

Aun no sé el discurso y las cifras de qué país eran, no obstante pregunto ¿a quién le está cumpliendo?

Hago parte de los nueve millones de colombianos que votaron para que Santos fuera Presidente de la República y hoy no siento que represente los anhelos del pueblo que lo eligió y mucho menos que esté cumpliendo.

Hace diez años, Colombia estaba a punto de ser un Estado fallido. Bastaron pocos meses de un gobierno decidido a cambiar esa tendencia para que apareciéramos nuevamente en el mapa mundial. Hoy somos noticia en los medios internacionales gracias al resurgir del terrorismo ¿está cumpliendo?

Santos prometió seguir por el camino trazado en ocho años por Uribe, y aunque insista en que lo ha hecho, las evidencias son contundentes: hemos retrocedido y no solo en seguridad sino en algo peor: en la confianza de la gente por el país ¿está cumpliendo?

Muchos creían en Santos, no porque Uribe le hubiera hecho el guiño nombrándolo Ministro de Defensa y de manera magistral le otorgara los triunfos en materia de seguridad del país a la vez que se echaba la culpa por los desaciertos, sino por su gran manejo y respeto por las Fuerzas Militares, esas mismas que hoy están desprotegidas y hasta son humilladas por los indígenas en el Cauca ¿está cumpliendo?

Fabricarles a los terroristas un mecanismo para dejar sus delitos en la impunidad ¿es cumplir? Negar su responsabilidad en los micos de la reforma a la justicia ¿es cumplir? Convertirse en el mejor amigo de Chávez desconociendo el apoyo de este a las Farc ¿es cumplir? Gobernar por y para las encuestas ¿es cumplir? Hacer anuncios populistas ¿es cumplir?

Por último: quedan dos años de gobierno y a esta altura es poco lo que realmente se ha hecho. Colombia necesita un giro de su timonel, necesita que reaccione, que deje su orgullo a un lado y decida cambiar, 
para bien, el rumbo del país; en ese momento podrá decir de verdad: estamos cumpliendo.
 
@DiegoMorita
 
http://www.elcolombiano.com/BancoConocimiento/E/estamos_cumpliendo/estamos_cumpliendo.asp
 

lunes, 6 de agosto de 2012

El país que queremos


Cada mañana al despertar ¿qué es lo primero que usted hace? ¿Dar gracias a Dios por un nuevo día? ¿Quejarse porque tiene que ir a trabajar? ¿Pensar en la forma de salir de las deudas?

Seguramente cada ser humano hace algo diferente al abrir los ojos en la mañana. Desde hace algunos meses yo me levanto con esta pregunta rondándome la cabeza ¿cuál es el país que los buenos queremos? 

Hoy quiero hacer un corto ejercicio e intentar darle respuesta y dejar abierto, ojalá, el sano debate. 

Quiero un país en paz: si, suena a cliché pero este debe ser el primer anhelo de todos, si lo seguimos pensando todos los días y nuestras actuaciones apuntan en esa dirección, llegará el momento en que lo lograremos.

Quiero un país que confíe en sí mismo: uno de los grandes logros de Uribe en sus ocho años de gobierno, fue devolvernos la confianza en nosotros mismos, el amor por el país. Infortunadamente en dos años de un nuevo gobierno, esto ha empezado a perderse.

Quiero un país que actúe con coherencia: suena fácil, pero a diario vemos como dista mucho lo que decimos y la forma en que actuamos. Nuestros principios se volvieron negociables, se acomodan según la persona que tenemos al frente.

Quiero un país que respete la autoridad: hay que olvidarse de la posibilidad de tomar la justicia en nuestra propia mano.

Quiero un país abierto al mundo: generar confianza en cada una de las actuaciones desde el ciudadano de a pie hasta el Presidente de la República es fundamental, para eso se necesita voluntad.

Quiero un país que respete la diferencia: actualmente los que se llenan la boca diciendo que defienden la democracia, son los mismos que dejan de hablarte si no estás de acuerdo con ellos, los que te bloquean en Twitter porque los refutas, por citar un par de ejemplos nada más, y así es muy difícil avanzar.

Bueno y para dejar de lado un poco la política también…

Quiero un país lector: tenemos que dejar la pereza. Es increíble que nuestro promedio de lectura no sea ni de dos libros al año.

Quiero un país que respete a sus niños: ¿cuándo se convirtieron los niños en el blanco perfecto de los delincuentes?

Creo que en Colombia la pregunta que planteo tiene mínimo 47 millones de respuestas. Cada quien la responderá según su mirada o según su creencia. Lo importante es que cada uno haga algo por construir el país que quiere, es una tarea conjunta y de nunca acabar que los buenos debemos realizar, porque de verdad los buenos somos más.

Post scriptum: he criticado a Santos haciendo uso del derecho que tengo como ciudadano a opinar y además porque amo a mi país. Quiero repetirle que en sus decisiones está la clave para avanzar o seguir retrocediendo, el tiempo se acaba pero todavía le alcanza para darle rumbo a sus locomotoras, que por cierto no han arrancado, y así contribuir para que construyamos el país que queremos.

@DiegoMorita

jueves, 2 de agosto de 2012

Sin contexto no hay texto

Por DIEGO MORA | Publicado el 01 de agosto de 2012 El Colombiano
En esta misión de opinar, que muchos hemos emprendido, no solo desde los medios convencionales como periódicos, televisión o radio, sino en las redes sociales, blogs o foros en internet, existen, a mi modo de ver, dos elementos que no debemos olvidar: la responsabilidad y el contexto.

Dice el refrán popular “uno es esclavo de lo que dice y dueño de lo que calla” y si se aventura a entrar al fantástico mundo de la opinión, buscando generar un sano debate que contribuya a la construcción permanente de la democracia, no se puede perder de vista que lo dicho te amarra, no solo con las palabras, también con el lector que se siente identificado con lo escrito.

No quiero cometer el error, recurrente, de criticar la opinión de otro columnista, pero sí quiero tomar de ejemplo lo sucedido con María Isabel Rueda y su columna en el periódico El Tiempo del domingo 29 de julio de 2012, titulada “El caso Piedad”. Allí se menciona, totalmente fuera de contexto el título de mi columna “Más plomo, más plomo” y que fue recomendada en Twitter por el expresidente Uribe.

La periodista Rueda hace una selección de los trinos de Uribe al momento de escribir su columna, no obstante en el caso de “Más plomo, más plomo”, no hace aclaración alguna al lector sobre aquellas palabras, no dice que se trata del título de una columna publicada en un periódico ese mismo día y que además hace alusión a una frase (orden) del Presidente Santos a los generales de las Fuerzas Militares: “Más plomo, más plomo contra las Farc”.

¿Dónde queda entonces la responsabilidad de quien escribe? ¿Para alimentar su columna, la periodista Rueda simplemente le echó un vistazo al Twitter de Uribe sin tomarse unos minutos para contextualizarse? ¿Tiene más importancia el qué se dice, sin importar lo que sea, que el cómo y por qué se dice?

Los que cada ocho días tenemos la oportunidad de expresar nuestra opinión, no importa en qué medio, debemos ser responsables con lo que decimos, lo cual no quiere decir que nos coartemos. Precisamente hoy que escribo, se ha publicado en este periódico la columna de Juan José García Posada “Para opinar se necesita ética”, allí dice: “…para opinar se necesita criterio ético. Sin él, se esfumaría la responsabilidad como facultad de asumir las consecuencias por lo dicho o lo callado y de medir los efectos de las palabras…”.

Por último: escribir “Más plomo, más plomo” sin contexto es peligroso. Pregúntese María Isabel, ¿cuál es el eco que puede producir lo que usted escribe? Eso es responsabilidad ¿no?.

@DiegoMorita