jueves, 27 de diciembre de 2012

Es tiempo de cambiar...

Por DIEGO MORA | Publicado el 26 de diciembre de 2012 El Colombiano


Si usted está leyendo esto, como era de esperarse, el mundo no se acabó el pasado viernes 21 de diciembre. Bueno, simplemente no se cumplió la mala interpretación que comercialmente algunos hicieron del calendario maya, que indicaba un cambio de era, una transición que cada uno, si le nace, asume de acuerdo a sus creencias.

Como decía, el fin del mundo lejos de ser una realidad, fue la excusa perfecta para mercadear los miedos que al ser humano le producen este tipo de situaciones, que toman fuerza solo por la importancia, en este caso exagerada y mentirosa, que le dan los medios de comunicación a este caso. Pasa igual cuando se sobrepasan cubriendo el desastre de un terremoto, de una tormenta o la caída de la bolsa de valores.

Películas, documentales, especiales para televisión, libros, venta de refugios subterráneos y mil cosas más, hacen parte de una lista de necesidades que se crean a raíz de una apocalíptica "promesa" que muchos asumen literal y que los lleva a tomar decisiones, en la mayoría de los casos erradas; así como esa pareja en Cali que se suicidó para no tener que presenciar la destrucción del mundo, según la nota que dejaron.

Pero el mundo se acaba todos los días. Solo en 2012 ¿a cuántos policías y militares asesinados por el terrorismo se les terminó la vida por el simple capricho de unos bandidos sin ideología? ¿Cuántas mujeres y niños inocentes fueron víctimas casuales de una guerra sin sentido en nuestro país? ¿Acaso 50 años de una confrontación armada no es intentar acabar con este pedazo de mundo que es Colombia?

No podemos llamarnos a engaños: cada día, cada hora, cada minuto y cada segundo el mundo se acaba. Parece que esa fuera la tarea principal del ser humano, una función innata que viene en sus genes. Proliferan las armas (no solo los rifles y pistolas, tan fáciles de comprar en Estados Unidos, también las nucleares que pueden desaparecernos a todos en minutos), los malos políticos son los que ganan las elecciones (por eso pierden las sociedades), el camino sencillo de conseguir algo es el que la mayoría toma (ser honesto no es una obligación sino una opción)…

Por último: no diré aquí cuál es el camino para seguir, ni qué debemos hacer para evitar que a diario acabemos con el mundo, pues esa debe ser una elección de cada uno. No obstante, creo que si no cambiamos rápido de rumbo el apocalipsis será un cuento de niños al lado del desastre que estamos causando.

Como dice la canción: es tiempo de cambiar….

@DiegoMorita

jueves, 20 de diciembre de 2012

Ineficiencia que fluye

Por DIEGO MORA | Publicado el 19 de diciembre de 2012 El Colombiano


Me atreveré a empezar esta columna con una generalidad, aunque no acostumbro a usarlas, pues me parecen injustas; como esa que dice que todos los hombres son iguales o que a las mujeres nadie las entiende. Pero hoy debo decir que nuestras instituciones públicas son ineficientes para realizar la labor que les fue encomendada.

Sí, sé que al generalizar meto en la misma bolsa a algunas tan buenas como el Sena (a punto de desaparecer por la Reforma Tributaria que se aprobará gracias a la mermelada estatal) con otras tan regulares o malas como la Dian, situación que espero me sepan excusar.

Mi afirmación se refiere a que en estas instituciones se maneja una especie de "trato" interno orientado a hacer solo lo que tienen que hacer y dificultar cualquier trámite ciudadano. Falta la fotocopia ampliada, la huella no se ve, vuelva la otra semana, son respuestas comunes en las instituciones públicas ¿me equivoco?

Medellín es una ciudad "modelo" en muchas cosas. No mencionaré que sea "modelo del crimen" y que la delincuencia cada día se perfeccione más -innove- para usar la palabra de moda por estos días en que se encuentra nominada a un premio, hoy diré que también es "modelo" de ineficiencia en una de sus secretarías.

Me refiero a la Secretaría de Tránsito. Hace un mes (tardé mucho en empezar a hacerlo) vengo reportando una serie de choques en un mismo lugar (con seguridad no es el único punto de la ciudad con este problema) y no han hecho nada. La lógica indica que si los agentes de tránsito atienden varios incidentes en el mismo sitio, en una misma semana, con rapidez se deberían tomar medidas para evitarlos, por lo menos repintar la señal de PARE. Pero no, solo hacen lo que tienen que hacer, no van más allá.

A través de Twitter y aprovechando la inmediatez de esta red, muy utilizada por la Secretaría, les he enviado fotos reportando los incidentes. Las respuestas han sido las de siempre: ya se reportó, ingrese a nuestra página web, en 15 días hábiles le daremos respuesta…y el problema continúa.

Entonces ¿se necesitan choques fatales para que se tomen medidas urgentes? Espero que no. Hoy les hago un llamado a la prevención, no es común que en un mismo punto se presenten tantos incidentes, por eso deben ir más allá y no esperar a que se presenten situaciones que lamentar para implementar soluciones.

Por último: no se es una ciudad "modelo" por los premios que se reciben sino por la confianza ciudadana en sus instituciones, y en eso a Medellín le falta, como dicen las abuelas, mucho pelo pa’l moño. 

@DiegoMorita

jueves, 13 de diciembre de 2012

Preguntas abiertas

Por DIEGO MORA | Publicado el 12 de diciembre de 2012 El Colombiano

Se acabó el año, es la expresión recurrente por esta época. Llegó diciembre, el mes más anhelado por todos, el de la fiesta y la unión, el de los regalos y buenos deseos. Pero también el de los balances y los famosos chulos sobre las promesas de enero y las lágrimas (llorar sobre la leche derramada) por aquello que no pudimos lograr.

No soy amigo de los balances, pero hoy plantearé algunas preguntas que se me ocurren, para intentar terminar el año sin muchas dudas.

¿Qué pasó con Gramalote? ¿Empezó la reconstrucción o es otra promesa incumplida del presidente Santos?

¿En qué quedó el escándalo de la reforma a la justicia? ¿Quién respondió por el adefesio que nos querían meter el Congreso y la Presidencia de la República? ¿Aprendió a leer Simón Gaviria ?

¿Qué pasó con la reforma a la educación? ¿Las marchas estudiantiles lograron que el problema se acabara? ¿O cambiaron las prioridades del primer mandatario?

¿Qué pasó con la salud del vicepresidente Angelino Garzón ? ¿Se curó o se cansaron Roy Barreras y Santos de buscarle, como se dice coloquialmente, la caída? ¿Se olvidaron de él los medios? ¿Con ese caso podemos seguir ratificando lo coyunturales que somos?

¿Si las Farc anuncian una "tregua" por qué siguen atacando poblaciones y asesinando a personas inocentes? ¿Cómo consiguieron misiles antiaéreos? ¿Llegarán a algún lado los "diálogos" de paz en La Habana o como parece ser desde que se iniciaron no van para ningún lado, solo a producirle al pueblo colombiano otra, quizás la más profunda, decepción? ¿Cuál es el límite de Juan Manuel Santos ante las mentiras de estos terroristas, cuántas muertes, cuánta sangre derramada? ¿Tal vez cualquier cantidad es mínima si se cumple el objetivo? ¿El objetivo es la paz o un premio?

¿Por qué no les han cumplido a nuestros medallistas olímpicos de Londres con los premios prometidos? ¿Recibirlos con bombo y platillos solo fue una excusa para tomarse una foto, presidente Santos?

¿Cuándo tomará el gobierno una decisión sobre el tema San Andrés? ¿Si el Presidente y la Canciller coinciden en que el fallo de La Haya es injusto y viola nuestra soberanía, por qué no lo han desacatado? ¿Están esperando a que sea demasiado tarde? ¿Quedaremos bien por fuera pero destruidos por dentro?

¿Cuántas casas realmente, de las 100 mil prometidas, entregará Santos antes de anunciar su deseo de aspirar a la reelección? ¿Cuándo renunciará Vargas Lleras al gobierno?

Por último: ¿cuántas respuestas conseguiré? Tal vez pocas, pero hay que seguir insistiendo. No podemos volver a ser una sociedad pasiva, debemos exigir ¿acaso no somos nosotros los que elegimos a nuestros gobernantes?. 

@DiegoMorita

viernes, 7 de diciembre de 2012

Hay que creerles...


A las Farc cuando dicen que no tienen más secuestrados, que no trafican drogas y que ellos han sido víctimas de una persecución del Estado; a los empleados judiciales cuando nos dicen que su protesta es justa (sabiendo que sus salarios son más altos que los de muchos médicos) y cuando dicen que suspenden el paro para irse de vacaciones; al Presidente Santos cuando expresa que el país va por buen camino, que ha mantenido la Política de Seguridad Democrática y que no aspirará a la reelección si siente que ha cumplido con sus promesas.

Hay que creerles, a los vendedores de películas piratas cuando dicen que no es grabada de la pantalla del cine, al vendedor ambulante que no rebaja nada porque, según él, apenas le está ganando, precisamente, el valor que uno le pide descontar, a los que te dan garantía por un año y cuando vas a hacerla efectiva te dicen que eso no lo cubre.

A las promesas de los políticos que aparecen cada cuatro años, a los que dicen ser los más transparentes y que combatirán la corrupción; a aquellos que dicen votar por convicción pero reciben mercados y comen sancocho de cuenta del candidato; hay que creerles a los que no te miran al hablarte y solo te hablan para pedirte favores.

A los que dicen que el mundo se va a acabar el 21 de diciembre, a los que creen que el mundo se va a acabar, a los medios cuando dicen que son objetivos, a Petro cuando dice que a Bogotá si le conviene el nuevo esquema de recolección de basuras, a Samper cuando dijo que todo fue a sus espaldas y cuando opina creyendo que lo que dice es inteligente y a Pastrana cuando se niega a responder en la Cámara de Representantes por el tema San Andrés.

Hay que creerles, a los informes de gestión con gráficas que nadie entiende, a los Gerentes que se llenan la boca diciendo que son un empleado más, a los que creen que el proceso de paz tendrá éxito, a los que tienen Twitter y su foto de perfil es un huevo, a los que se toman fotos del abdomen y las suben a Facebook, a los que dicen que no les interesa tener un celular inteligente porque eso es un vicio (pero en realidad es que no tienen con qué comprarlo) y a quienes dicen que en vacaciones van para Mayami.

A los novios que se juran amor eterno y cada dos meses cambian de pareja, a los que llevan en sus carros el aviso de “inteligencia vial” pero son unos brutos al volante, a los que tiene un Iphone en prepago, a los ateos (hasta que hay turbulencia en el avión) y a los artistas que dicen que se deben a los fans.

Hay que creerles a todos, aunque sabemos que están mintiendo, porque créanme…el mundo se va a acabar!!!

@DiegoMorita

jueves, 6 de diciembre de 2012

Cacerolazo #5D

Por DIEGO MORA | Publicado el 5 de diciembre de 2012 El Colombiano


¿Qué mejor manera de empezar el mes más esperado del año, que con una expresión democrática surgida de un grupo de ciudadanos de todo el país? ¿No es acaso la participación activa de todos los sectores de la sociedad una demostración de solidez en una nación?

Hoy 5 de diciembre (#5D en Twitter) a las siete de la noche, en varias ciudades del país se dará el primer, quizás de muchos, "Cacerolazo" al presidente Juan Manuel Santos. Hombres y mujeres de todas las edades se encontrarán para rechazar las políticas del actual gobierno y lo harán generando ruido, esperando que por esta vez un gobierno aislado del diálogo con la comunidad escuche lo que esta tiene para decirle.

En Suramérica tenemos varios antecedentes de este tipo de manifestaciones. Chile, Uruguay, Venezuela y, por supuesto, Argentina; allí los ciudadanos desde el año 1996 han realizado 16 "Cacerolazos", incluso aquel de diciembre 19 de 2001, fue el detonante para la renuncia del Presidente Fernando de la Rúa.

¿Si ha funcionado en otros países por qué no en Colombia?

No mediré el éxito de esta iniciativa por el número de personas que salgan hoy a las calles. Históricamente, Colombia no es un país que se anime a protestar. Con excepción de la marcha del 4 de febrero de 2008 en la que participaron 193 ciudades en todo el mundo y denominada "Un millón de voces contra las Farc", las protestas en el país con sentido político son muy pocas. ¿Por qué? ¿Miedo? ¿O tal vez ese pensamiento de muchos de que no importa qué se haga, en este país nada va a cambiar? En algún momento tenemos que empezar y hoy es un buen día, así que no importa la cantidad, lo relevante es la calidad y convicción de quienes participen.

El #CacerolazopaSantos (en Twitter) es una expresión pacífica de inconformidad con el actual gobierno. Sus organizadores destacan 10 puntos que los motivaron a convocar a la ciudadanía: recrudecimiento de acciones terroristas, reforma a la justicia, víctimas de las Farc, reforma pensional, ejecución de proyectos de inversión, las locomotoras que no arrancaron, reforma educativa, política agraria, el fallo de La Haya y el abandono de las denuncias por presencia de las Farc en territorio venezolano. Y faltan…

Por último: si usted se siente identificado con al menos uno de estos diez temas, tiene hoy una oportunidad única de protestar. Es el momento de trascender la comodidad de nuestro hogar y los 140 caracteres de Twitter y demostrar que realmente nos duele el país, que nuestra indignación no es selectiva y que nuestro ejercicio ciudadano es permanente y no solo cada cuatro años.


@DiegoMorita

viernes, 30 de noviembre de 2012

1995


Hoy que se cumplen 17 años de inaugurado el Metro de Medellín es inevitable recordar que el 30 de noviembre de 1995 yo estaba en la estación Tricentenario esperando ansioso la apertura de puertas para que los usuarios entraran a disfrutar su primer viaje en Metro.

En 1995 presté mi servicio militar como Auxiliar Bachiller en la Policía Nacional. Inicialmente fui asignado a la Estación Laureles, ubicada a unas cinco cuadras de mi casa. La idea era que los jóvenes bachilleres cumplieran este año cerca de su lugar de residencia, para que fuera más sencillo el transporte en las mañanas y en las noches.

Este servicio fue una experiencia inolvidable, guardo los mejores recuerdos de mis días patrullando las calles de Medellín, persiguiendo ladrones, decomisando marihuana, navajas y cuchillos y disfrutando de conciertos y partidos de fútbol gratis.

Un día de patrullaje en el sector de la Unidad Deportiva Atanasio Girardot, mis compañeros y yo nos metimos al coliseo de voleibol a resguardarnos de una fuerte lluvia que caía. Como no escampaba decidimos ponernos a jugar un rato ¿qué tiene eso de malo? Pues para una Subintendente, que nos descubrió “evadidos”, si tenía algo malo. Gracias a ella fuimos trasladados al Metro, a diferentes estaciones. A mi me tocó Tricentenario.

Los primeros días fueron duros, vigilar una estación vacía, ver pasar trenes vacíos, detenerse, ver que se abrieran las puertas para que saliera… el viento. Sin embargo con el pasar de los días todo fue mejorando. Aproveché los largos turnos parado en la plataforma para leer, creo que en 15 días leí unos 5 o 6 libros, pues no tenía más nada que hacer; claro, hasta el día de la apertura.

Ese 30 de noviembre se sentía una tensa calma. Entraba en operación un sistema de transporte masivo que había atravesado muchos problemas en su construcción. Recuerdo un chiste muy malo de esa época: -le pregunta un amigo al otro ¿usted sabe por qué se demoraron tanto en construir esta vaina? –No, nada nada. –Pues porque dijeron que iban a construir un metro y un día se dieron cuenta de que llevaban como cinco mil. Si, por eso dije que era muy malo.

¿Por qué escribo esto? Recibí un boletín de prensa del Metro, en el que resaltan los 17 años de funcionamiento. Al leerlo se removieron mis recuerdos y no pude evitar pasar mi mano, la derecha siempre la derecha, por mi cabeza y exclamar ¡como pasa el tiempo!

Hace 17 años, metido en mi uniforme verde y mis botas impecablemente lustradas, yo esperaba a que se abrieran las puertas de la estación Tricentenario. Antes de que esto pasara, compré el primer tiquete que allí se vendió, incluso creo que es el primero que se vendió en todas las estaciones. Aun conservo ese tiquete, así como conservo mi riata, mi bastón de mando, mis presillas y mi apellido bordado como recuerdo de una bella época.

Hace 17 años…uyy eso es mucho tiempo.

@DiegoMorita

Colombia es pasión

Por DIEGO MORA | Publicado el 28 de noviembre de 2012 El Colombiano


Que La Haya decidiera quitarnos 75 mil kilómetros de mar y entregárselos a Nicaragua, ha despertado un sentimiento patrio en los colombianos que nos tiene defendiendo nuestra soberanía y esperando a que el gobierno desacate el fallo de la corte.

Pero somos coyunturales. El Chocó necesitó que un Diputado de Antioquia dijera que invertir dinero allí era como "perfumar un bollo" para que todo el país se volcara a apoyarlo. Fue tendencia en Twitter, el autor de la frase fue investigado y hasta su hoja de vida revisada, ¿hoy, quién se acuerda del Chocó?

Pasa igual con la defensa de los animales. Cada semana sale una noticia de maltrato: a una lechuza, a un perro, hace poco a un caballo y se prenden las alarmas, se unen las voces para rechazar estas situaciones; eso sí, solo por unas horas quizá un día, y chao, hasta la próxima.

No obstante esto no es una crítica, no es un reproche a nuestra actitud de indignarnos selectivamente y por épocas. Prefiero catalogarlo como un llamado a ser coherentes en nuestras posiciones y a defenderlas en todo momento. Sé que no es fácil pedir la misma indignación por el tema San Andrés o Chocó, pues cada ser humano tiene motivaciones distintas, la pregunta es ¿nos indignamos porque lo sentimos o por presión social?

San Andrés está de moda. Hoy la mayoría del pueblo colombiano tiene sus ojos puestos en la isla. Sí, hay que reconocer que antes del fallo no nos acordábamos de este departamento ni de la riqueza de sus mares, pero esa no es excusa para hoy no ser vehementes en su defensa y dejar salir a flote toda nuestra pasión. 

Siempre he creído que la justicia es cuestión de sentido común: si alguien asesina a una persona debe pagar por ello en la cárcel. Si un grupo de personas lleva 50 años delinquiendo, masacrando, secuestrando no pueden quedar impunes so pretexto de un proceso de paz. Si una corte internacional despoja a un país de una porción de mar que siempre le ha pertenecido y viola su soberanía, el país afectado no debe acatar ese fallo.

Presidente Santos, en sus manos está que el país y el territorio que recibió, así continúe. No permita por favor el despojo que La Haya nos quiere hacer, haga respetar nuestra soberanía.

Por último: indignarse está bien. Criticar un fallo y pedir un desacato no es delito, ni una estrategia electoral, no seamos facilistas definiéndolo así. Respeto a los pocos que piden acatar el fallo de La Haya, apoyo a los muchos que sostienen lo contrario; eso es democracia ¿no?.

@DiegoMorita


domingo, 25 de noviembre de 2012

Tregua y soberanía

Por DIEGO MORA | Publicado el 21 de noviembre de 2012 El Colombiano


En Colombia vivimos el día a día. Es imposible pasar una semana sin que pase algo especial, en la mayoría de los casos indignante, que nos remueve las entrañas. No puedo ser injusto y debo mencionar que en los últimos meses nos hemos unido en torno a nuestra selección, que nos ha dado alegrías y nos devolvió la esperanza, el sueño (pesadilla desde hace 12 años) de volver a un mundial.

Hace unos meses venimos padeciendo los "diálogos" del gobierno con las Farc; gracias a esta negociación, este grupo terrorista ha logrado fortalecerse y ha atacado con furia al país. El caso Colmenares cada semana nos ofrece una sorpresa nueva y en el juicio a Andrés Felipe Arias los medios resaltan lo que dice la Fiscalía pero callan con cada prueba que la defensa logra desmentir. Por citar solo unos ejemplos.

La atención esta semana se concentró en el litigio de Colombia y Nicaragua, que resultó negativo y se vislumbra como nefasto para los habitantes de San Andrés. El mismo día de emitido este fallo, las Farc anunciaron un cese unilateral de hostilidades (una tregua en su accionar terrorista) por 60 días. Con seguridad esperan que les agradezcamos el gesto.

Pero no tenemos un respiro. Incluso, el fútbol que es nuestro escape se vio empañado por la violencia, pues mientras el seleccionado patrio daba una muestra de gran fútbol frente a Brasil, las Farc atacaban de manera simultánea cuatro poblaciones en el Cauca. Así es muy difícil.

No obstante, quiero referirme a la "tregua" decretada por las Farc. Por supuesto, 60 días sin masacres, voladura de torres, toma de poblaciones son ganancia para el país. Si se cumple lo prometido, el Cauca, Arauca, Meta tendrán una bella Navidad y todo el país podrá disfrutar unas fiestas "tranquilas". Pero ¿qué pasa el 20 de enero? ¿Arremetida terrorista para recuperar el tiempo de la "tregua"? No lo quiero imaginar.

Este gesto, que busca visibilidad política, ratifica que las Farc hacen lo que desean cuando lo desean, no cuando el país se los reclama ¿recuerdan las súplicas del niño Andrés, que murió de cáncer, esperando que lo dejaran ver a su padre, un policía secuestrado? ¡Yo sí…

Por último: decisión, determinación y cero claudicación necesitamos los colombianos para cambiar el rumbo de nuestro país; y claro, lo mismo necesita el gobierno Santos para que el terrorismo no siga poniendo en jaque al país y ojalá para rechazar el fallo de La Haya, porque en San Andrés hay mucho más en juego que un pedazo de mar, está en juego el presente y futuro de una isla olvidada y además nuestra soberanía histórica.

@DiegoMorita

lunes, 19 de noviembre de 2012

Sobre Silva...


Gabriel García Márquez dijo alguna vez, no recuerdo en este momento si a título personal o a través de algún personaje de sus obras: se puede ser infiel pero jamás desleal.

No entraré a analizar lo acertado o no del Nobel cuando lanza esta afirmación, solo quiero tomarla como punto de partida para esto que espero sea lo último que escriba sobre quien fuera Ministro de Defensa al final del gobierno de Álvaro Uribe Vélez.

¿Quién era Gabriel Silva antes de ser Ministro? No es difícil saberlo: Gerente de la Federación Nacional de Cafeteros. ¿Su gestión allí fue buena o mala? La verdad no importa, (solo puedo decir que al asumir esta gerencia el país producía 11.6 millones de sacos de café, cuando salió en 2009 solo 7.8 millones, saquen sus propias conclusiones) lo único relevante es que su nombre empezó a sonar a nivel nacional cuando siguiendo una sugerencia de Juan Manuel Santos, Uribe lo nombró en la cartera de Defensa.

Tal vez los cafeteros conocieran a quien fuera su gerente durante varios años, pero el ciudadano del común no. Incluso hoy. si preguntan en la calle en una de esas encuestas, que tanto gustan en nuestro país, estoy seguro de que pocos saben quién es Silva.

Y digo hoy en día, pues las últimas dos semanas han sido el éxtasis para este señor, la cúspide de su popularidad. Primero se despachó en una columna publicada en el periódico El Tiempo (diario oficialista) contra quien fuera su jefe, Uribe. En resumidas cuentas, pues estoy seguro de que aquellos que lean esta entrada también leyeron las fantasías del exministro en: ¿La victoria por encima de la verdad? del 11 de noviembre, faltando a la ética, el respeto y agradecimiento que él y el pueblo colombiano tiene por Uribe, Silva se despachó contra el expresidente y lo acusó de ser un político dispuesto a acomodar la verdad para recuperar el poder. Una bajeza digna de la peor calaña!

No obstante, en esta columna lo más grave y triste a la vez, no es que Silva trate mal a Uribe (siendo grave y triste), es que él quien debe tener estudios avanzados, no se hubiera dado a la tarea de leer, comparar y analizar la Ley de Justicia y Paz y el Marco para la Paz. En lo personal, poco sé de estos temas, pero veo que la primera no otorgó impunidad a los crímenes de los paramilitares, imponía una pena mínima y además al no cumplirse por parte de sus cabecillas la verdad y reparación, a Uribe no le tembló la mano para extraditarlos a todos (esto sirve para que la afirmación de Silva sobre la negativa de Uribe a un operativo para capturar a Márquez, se catalogue como una mentira descarada).

Por otro lado, el Marco para la Paz, brinda la posibilidad de suspender o eliminar penas y además brinda elegibilidad a personas acusadas no solo de delitos políticos, también de crímenes de lesa humanidad. Insisto, en mi poco entender creo que son muy diferentes la Ley de Justicia y Paz y el Marco para la Paz, además porque la Ley no modificó la Constitución, el Marco si. Hay que leer señor Silva, hay que leer.

Parece que como afirmó el propio Uribe: Silva ni cuenta se dio de que fue Ministro de Defensa y no aprendió a conocer a su jefe. ¿Creería Silva que después de despacharse contra Uribe, este se iba a quedar callado? Inocente si fue así, poco inteligente si sabía a lo que se enfrentaba.

Uribe no es de medias tintas, por eso su respuesta fehaciente al exministro, pero sobre todo con la verdad, con el sustento necesario para que las 625 palabras de Silva se cayeran una a una con su defensa. Pero también con la de Rafael Guarín, ex vice ministro de Santos, Paola Holguín, Ramiro Valencia Cossio y otros que ante las mentiras y la muestra desleal de Silva, decidieron opinar, sin que les paguen por hacerlo.

No es muy difícil saber de dónde vino la idea de hacer esta columna en contra de Uribe. Está claro que después de la Convención del partido (en mil pedazos) de la U, el gran perdedor fue Santos. Uribe con su discurso demostró ser un estadista, Santos con el afán de responderle cayó en el error de personalizar el tema y entre líneas trató a Uribe como un rufián de esquina, pero en realidad el que quedó como un rufián fue él.

Ante la falta de ideas, el insulto es la mejor arma. Esconderse en eufemismos y en columnas que publica el periódico oficialista, que además es propiedad de la familia del Presidente, es el arma que utilizan hoy en día aquellos que quieren enlodar el buen nombre de Uribe, pero ante cada ataque encuentran una defensa más férrea del expresidente y creo que eso es lo que más hiere el ego de los que hoy ostentan el poder.

Hoy, cuando la marea había bajado, cuando el país se concentra en el show de los “diálogos” en Cuba y el fallo de La Haya con respecto a la frontera marítima con Nicaragua, aparece nuevamente Silva con una columna en el mismo periódico, titulada: Desleal, oportunista, trepador, inútil... 

Estoy seguro que el orgullo le pudo más a Silva que el sentido común. Creo también, que esta vez Santos nada tuvo que ver, pues el Presidente estaba de viaje más preocupado por la foto en Cadiz y el partido de Colombia frente a Brasil que de la situación del país (mientras Santos trinaba, bueno su Comunity Manager, “vamos Colombia por el segundo gol”, la farc atacaban simultáneamente cuatro poblaciones en el Cauca, están claras sus prioridades).

En esta columna Silva mete a la mamá (expresa que es Uribista) y pone la queja sobre el trato que Uribe le dio. Y dice: En vez de contestar a lo que es un planteamiento intelectual y político, Uribe escogió insultar. Es la vieja táctica de agredir para no tener que responder. Se equivoca Silva y se queda corto en su análisis de la respuesta que le dio Uribe. Cada entrevista de Uribe en la radio, cada trino respondiendo sobre la columna están debidamente soportados, con datos, cifras, hechos. Se debe reconocer que Uribe quizás utilizó calificativos poco ortodoxos para describir a Silva, pero no dijo ninguna mentira, es más creo que se quedó corto.

He trabajado –de una forma u otra– con los presidentes Belisario Betancur, Alfonso López, Virgilio Barco, César Gaviria; fui gerente de la Federación de Cafeteros de Andrés Pastrana; también, ministro de Defensa de Álvaro Uribe y embajador en Washington de Juan Manuel Santos. Dice Silva en esta columna, saquen ustedes sus propias conclusiones.

Por último, decir que Uribe Desamarró su jauría de tuiteros fanáticos y a sueldo para buscar un linchamiento virtual de mi reputación, como lo expresa Silva en su columna, es desconocer el arraigo que tiene el expresidente en todos los sectores de la sociedad, desde el estrato uno hasta el 18. Todos tienen que agradecerle algo a Uribe y muchos lo hacen a través de las redes sociales, en especial Twitter.

Conozco a muchos “tuiteros de Uribe”, pero ninguno de ellos recibe un solo peso por defender su legado. Todos son leales con él porque les nace no porque reciban una remuneración. Recuerde Silva, se puede ser infiel pero jamás desleal, usted ya demostró que se arrima al mejor postor (esa infidelidad quizás se perdona) pero mentir y traicionar a Uribe es una deslealtad que jamás olvidaremos y mucho menos le perdonaremos.

@DiegoMorita