miércoles, 28 de septiembre de 2011

Sobre lemas de campaña

Diego Mora | Publicado el 28 de septiembre de 2011 El Colombiano

Las campañas políticas están rodeadas de muchos elementos para tener en cuenta, si se quiere tener una opción real para ganar ante la cantidad de candidatos que aspiran a cargos de elección popular, sobre todo en las elecciones que se avecinan para gobernaciones, alcaldías, asambleas departamentales y concejos. Para poner un ejemplo, más de 250 candidatos aspiran a una de las 21 curules disponibles en el Concejo de Medellín.

Algo que me llama mucho la atención en las campañas políticas es la imagen que define cada candidato, imagen que lo identificará en toda la contienda. Una foto muy buena en la que hay que reírse, colores que representen por lo general al partido que avala la candidatura, el número asignado debidamente marcado para hacer pedagogía y por supuesto el lema o eslogan de la campaña.

La mayoría de estas frases, confieso, me dan risa. Ya me imagino esas reuniones del candidato con un publicista en las que definen la imagen y se "rompen el coco" pensando en una frase contundente que en tres o cuatro palabras les haga ganar votos. Pocas frases de campaña son realmente buenas y cumplen su objetivo de comunicar. Estoy convencido de que esto sucede porque son escogidas por el candidato y el publicista, pensando solo en vender, en ganarse unos votos. Veamos algunos ejemplos.

Firmeza para el cambio. ¿Qué comunica decir esto? ¿Cuál cambio? ¿Existe algo más flexible que un proceso de cambio? ¿Dónde queda la firmeza?

Honestidad y trabajo. ¿O sea que los demás no son honestos ni trabajan? ¿O el candidato tiene una imagen muy débil y debe resaltar esto?

El amigo de siempre. ¿En serio? Por Dios ¿En qué estaban pensando?

Por una Medellín con transparencia. Se nota que este candidato es nuevo y no tiene ni idea del proceso de la ciudad. Si por algo es reconocida Medellín es por sus procesos transparentes. Bastante descontextualizada esta promesa de campaña.

No quiero parecer una persona inconforme y que critica todo. Cada campaña es libre de elegir sus "caballitos de batalla" y usarlos como mejor considere. Lo que quiero decir, el mensaje que quiero dejar, es que la política es muy bella para hacerla solo por aparentar. Si usted quiere servir a la comunidad hágalo, pero de corazón, así que si no se le ocurre una frase que comunique realmente lo que usted es, pues no se invente una cualquiera solo por cumplir. Además asesórese bien, contrate a un comunicador que lo apoye, pues como se dice: "zapatero a sus zapatos".

Para terminar, me parece increíble que exista un candidato que acuda a la lucha contra la corrupción como lema de campaña. "Cero corrupción" es la afirmación que anda rodando por ahí. Lo que me preocupa es que para justificar ese lema se destapen cualquier cantidad de escándalos sin importar si son reales o no y además que después de la denuncia mediática, no hay seguimiento y mucho menos resultados visibles. Pero ese tema específico será la excusa para mi próximo artículo.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Cambio de vida (en 500 caracteres)

Luego de años de matrimonio monótono (no es redundante) le dio un vuelco a su vida. Una mañana despertó y se dijo: hoy empezaré de nuevo. Tomó su maleta, empacó, se despidió de su esposa y salió al mundo a conocerse. Meses después regresó renovado y con deseos de ser feliz. Ella había muerto en el parto de su primer hijo, embarazo del que se enteró el día en que él se marchó. Su egoísmo no le permitió entender que la vida es una sola y que la muerte no espera a nadie. Su vida, si que cambió.

martes, 13 de septiembre de 2011

Uribe y el Barcelona

Dejo claro de entrada que soy 100% hincha del Real Madrid y 1000% admirador de Álvaro Uribe Vélez.

En los últimos meses, quizá un año ya, se volvió una moda, y hablaré con mi percepción en el entorno colombiano, ser hincha del Barcelona. Gracias a una maravillosa campaña, todo hay que decirlo, que ya lleva cinco años, Pep Guardiola logró catapultar al equipo a un punto muy alto, casi inalcanzable. Ganó todos los títulos posibles y hasta se da el lujo de repetirlos. Una plantilla de lujo liderada por Messi, Iniesta y Xavi son muy bien complementadas por Keita, Abidal, Piqué y el aguerrido capitán Puyol.

Repito, soy absolutamente hincha del Real Madrid pero no puedo desconocer que Barcelona en los últimos años ha sido completamente superior a los blancos y a cualquier equipo que se les pone por delante. Lograron posicionar un estilo que muchos equipos quieren imitar, incluso algunos comentaristas deportivos de nuestro país quisieran que la selección jugara así.

Esta acumulación progresiva de títulos, convirtió a los culés en una moda y ahora resulta que casi todos son hinchas del Barcelona y hasta aseguran que lo siguen desde hace muchos años, se saben la historia y te hablan con propiedad y empoderamiento. Quizá algunos lo sean, pero puedo asegurar que la gran mayoría se “subió en el bus de la victoria”, pues es lo más fácil de hacer.

En Colombia “subirse al bus de la victoria” debería ser un deporte nacional. Un año después, ser detractor de Álvaro Uribe se convirtió en una moda. Muchos piensan que atacar al ex presidente es el camino correcto. Ya muchos le dieron la espalda, Ministros, Senadores, periodistas, candidatos actuales a cargos de elección popular y muchos más. A muchos se les olvidó rápido quien fue este hombre y todo lo que hizo por el país y además que ellos son alguien, gracias a que contaron con su apoyo.

Un fiel seguidor de Uribe jamás olvidará lo bueno que él hizo por Colombia, un país que en 2002 era propiedad de los terroristas y que en ocho años, logró recuperar la confianza interna y externa. Tampoco esconderá que faltaron cosas por hacer y que quizás se cometieron errores, afortunadamente Álvaro Uribe Vélez siempre ha dado la cara y ha respondido con argumentos a los cuestionamientos que recibe.

Colombia es un país que volvió a creer en sí mismo y eso lo logró Uribe, conozco mucha gente que piensa como yo, que le agradece cada día por seguir al pie del cañón y no haberse ido a vivir de la pensión. Conozco a otras personas que difieren de mi posición, pero que gracias a una democracia consolidada, nos podemos sentar a hablar y a argumentar nuestras opiniones.

Yo soy solo un ciudadano más, con una posición y una opinión clara, seguiré defendiéndola y seguiré siendo hincha del Real Madrid y admirador del legado de Álvaro Uribe Vélez.

¡Ojalá que por defender mi posición, la Fiscalía no me abra una investigación!

domingo, 4 de septiembre de 2011

Una hora esperando…

Sentado a la sombra de un árbol espero a que llegue la secretaria para entregarle unos papeles. Mi reloj marca la una y diez minutos y la cita era a la una en punto.

Para hacer más corta la espera y como no tengo un teléfono inteligente para distraerme, me dedico a observar. A mí izquierda el local de las fotocopias (no había mencionado que estoy en la universidad). El joven que lo atiende no sabe qué hacer, no tiene clientes, así que se asoma por su pequeña ventana, se mira las manos, los dedos y ataca sus uñas. Una a una o podría decir uña a uña las va escupiendo.

Frente a mí, cuatro jóvenes juegan a las cartas. Me dan ganas de acercarme y pedirles que me dejen jugar con ellos, pero están apostando dinero y yo tengo justo el pasaje de regreso a casa. Se ríen mucho y hablan duro. Pasa una mujer bastante atractiva y los cuatro, después de desvestirla con la mirada, coinciden en el comentario: ¡que chimba de vieja güevón…uyyyy mera! el lenguaje utilizado es muy común, incluso pienso lo mismo, pero no tengo a quién decírselo, entonces solo la desvisto con la mirada.

A mi derecha un muro, poco para decir. Dos metros de alto, unos diez metros de ancho, color blanco, no más.

No miro hacia atrás, me duele el cuello. Miro hacia arriba y encuentro el cielo, el cual por supuesto no describiré. Regreso a los jugadores. Uno de ellos acaba de ganar la mano y gracias a su suerte le dicen: “esta es mucha gonorrea tan de buenas”. Comienza la otra mano y me llama la atención que la palabra “gonorrea” se repite constantemente en las frases que pronuncian, sin importar a lo que vayan a referirse. 

Me distraigo un poco y pienso en que esta palabra se utiliza para llamar a una enfermedad venérea; así que no entiendo el uso que estos individuos le están dando. ¿Seré muy inocente?
Sigo escuchándolos y trato de no mirarlos para evitar que de pronto me digan: “hey vos, gonorrea, qué estás mirando”.

Una y veinte minutos, la secretaria no llega. Me concentro en el minutero de mi reloj y en 60 segundos los jóvenes jugadores (prospectos de ludópatas) dicen “gonorrea” 18 veces. Parece que es una especie de terapia mencionar la palabra, sirve si ganan el juego, si lo pierden, si alguno cuenta un chiste, es decir la palabra se les acomoda en cualquier frase.

Nada de la secretaria, será que si digo: ¡que gonorrea tan demorada! llega? No, no funcionó, pero si me sentí un poco mejor. Una y veinticinco. Llegan clientes a la fotocopiadora y pienso ¡qué suerte tiene el joven! pues creo que ya no había uñas y maluco que siguiera con los dedos.

Está haciendo mucho calor, mejor dicho ¡que gonorrea de calor!

Una y treinta, sigo esperando… ¡que gonorrea tan demorada!

Una y cuarenta y cinco minutos, no llega, no entiendo para que me citó a la una en punto. Llegó primero el jefe, le cuento que hace 45 minutos estoy esperando. Me hace el favor de llamarla al celular. Dice que ya viene y pienso con ganas de decirlo: ¡espero que ahora sí llegue la gonorrea!

Dos y cinco. Llegó sonriendo y como si nada hubiera pasado. Hago de tripas corazón también le sonrío, aunque de manera hipócrita, y le entrego los papeles. Me dice que están malos, pienso y estoy a punto de decirlo: ¡esta es mucha gonorrea, si así me dijiste que los llenara, ¿cómo es posible que ahora me digás que están malos? Me contengo y corrijo los errores. Se los entrego nuevamente, los recibe, los revisa, tarda un poco hasta que dice: listo, así están bien. Me despido y le doy las gracias.

Salgo de la oficina y los jugadores continúan en las mismas, gonorrea va, gonorrea viene.

Caigo en cuenta de que perdí una hora y no he almorzado, trato de evitarlo, pero mis labios son fuertes y me ganan. Bueno tampoco es que oponga mucha resistencia y la digo, casi inaudible, pero me alcanzo a escuchar: ¡qué gonorrea! Vaya, se siente bien, ahora entiendo. Otra vez, pero la complemento ¡qué hambre tan gonorrea!

Creo que acabo de incorporar esta palabra a mi vocabulario de todos los días. Realmente a la universidad se va a aprender.