jueves, 17 de abril de 2014

García Márquez, inmortal

Por DIEGO MORA | Publicado el 16 de abril de 2014 El Colombiano


Dicen los que saben que la primera frase de un libro es la más importante, la que atrapa al lector, la que no permite que se vaya. Eso lo tiene muy claro Gabriel García Márquez, un genio, un maestro para iniciar sus obras y tomarte como un prisionero literario hasta la última página y desde ahí, por los siglos de los siglos.

Muchos años después frente al pelotón de fusilamiento…, Era inevitable, el olor de las almendras amargas le recordaba siempre el destino de los amores contrariados…, El coronel destapó el tarro del café y comprobó que no había más de una cucharadita…, Durante el fin de semana los gallinazos se metieron por los balcones de la casa presidencial… así empiezan Cien años de soledad, El amor en los tiempos del cólera, El coronel no tiene quien le escriba y El otoño del patriarca, cuatro novelas maravillosas y llenas de magia. No sé para ustedes, pero yo no pude evitar (tampoco lo quise) leer estos libros y no solo una vez, cinco o seis en algunos casos.

Gabriel García Márquez tiene capacidad de asombro y gracias a eso una inmensa capacidad de asombrar. Su sensibilidad es única, su imaginación infinita y su genio irrepetible. Es, sin duda, el escritor más importante de Colombia en su historia.

Pero el cuerpo no es eterno. Hoy, su salud está deteriorada y la posibilidad de que muera se volvió noticia. Yo, me niego a pensar en la opción de que nos abandone, simplemente, porque hay seres humanos que no deberían morirse y que deberían ser inmortales; él es uno de ellos.

Gracias a García Márquez amo la lectura, amo escribir, por él entendí, hace más de 20 años, que a través de la literatura todo es posible, sobre todo aquello de soñar y viajar por el mundo entero sin salir de casa, página a página, palabra por palabra.

Estas 437 palabras más que un homenaje son un desahogo, una forma de exorcizarme y de pensar en que aun es posible conocerlo, estrechar su mano. Además si alguien quiere hacerle un homenaje, simplemente debe leerlo, y releerlo, cada vez que sea posible. 

Por último: en la entrevista para entrar a la universidad (1995) me preguntaron ¿cuál era el libro más reciente que había leído?

-El coronel no tiene quien le escriba, respondí. 

Contrapregunta: ¿cuál es la última palabra de ese libro?…

-Cagar. 

Al llegar a casa verifiqué mi respuesta y oh sorpresa, casi le atino, era mierda. Un leve lapsus macondiano, pensé.

PS: Notas de Prensa 1980 – 1984, debería ser el libro guía de las facultades de comunicación y periodismo, digo yo.


@DiegoMorita

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